No estoy de vacaciones


El mundo se divierte descuadrando personas. Unas trabajan para que otras crezcan. También para que se diviertan. El bien de unos se asienta sobre la entrega de otros, sobre su buen hacer, sobre su sacrificio. Hoy paseé de nuevo, en mitad de la Navidad, por los pasillos de un hospital, y vi mucha gente en pie, de guardia, con atención. Algunos vestidos para la ocasión con traje de faena de diferentes colores, y otros con ropa cómoda para aguardar al pie de la cama del amigo, del hermano, del familiar querido, junto a otra cama que va dejando de ser ocupada poco a poco por una persona anónima. Y de este paseo, a otros paseos, con la espinita esta vez bien clavada. Hay gente en nuestro mundo que nunca descansa, que siempre sabe estar, que su vida se engendra y gesta en el trabajo, o más bien servicio a los demás. Una vida sin vacación sólo puede ser sobrellevada como vocación. Así las madres en sus casas, así los padres, así los esposos, así los amigos, así otras ricas y apasionadas vocaciones de nuestro mundo que se mantienen cuando otros descansan y para que otros crezcan.

Me ha hecho un bien enorme darme cuenta de esta situación. No hablo de la necesidad de descanso, siempre necesaria, sino de otra cosa, a otro nivel y de otra dimensión. Espero que lo comprendas porque hay personas a tu lado que, efectivamente, nunca se cogen vacaciones en lo que son. Y éstas, intuyo, son las que sostienen el mundo con su amor. Son aquellos que no dejan nunca de ser, los que nunca paran en su hacer, los que donde van siembran, los que son llamados y están, los que andan con cien ojos en mil cosas. Estos hombres y mujeres de diversas edades no tienen papeles que acrediten su historial, sino arrugas en las manos y una sonrisa asimétrica en la cara. Una verdadera maravilla, ante la que hoy, quizá como en pocas ocasiones he sido consciente, me quito el sombrero. Son para mí una lección viva de aquello que sé que deseo interiormente alcanzar, compartir y vivir. Los que no son de hoy sí, mañana no, sino que permanecen por siempre en humildad, sin excesivo reconocimiento, yendo y viniendo de un sitio a otro, sin firmar entrada ni salida.

Aquello que en tantas ocasiones vivimos como castigo o como condena, como un sufrimiento, con la terrible angustia del no parar, de vivir siempre atareados, ellos lo saben llevar con dulzura, con encanto, contagiando. A mí algo se me ha pegado hoy de quienes he visto, y se distinguen bien de los que están de otro modo en el mundo. Hoy han brillado, sin llamarlos, ante mis ojos. Hoy me he dejado sorprender, como un niño al que se le cuenta uno de los secretos mejor guardados. Los hombres, que parecen todos iguales, no lo son verdaderamente. Los hay de colores para despistar, y tampoco en esto radica la diferencia. Los podrás colocar por edades sin alcanzar su corazón, allí donde están escritas sus intenciones, allí donde el hombre y la mujer tienen la oportunidad de vestirse de lo que son, sin dejar de serlo nunca, con traje que no desgasta la vida.

Creo que esta es la mejor entrada para compartir el trabajo de todo el trimestre en un único archivo. Aquí tienes todos los post, tal y como fueron escritos. Si algún día los reviso, también te los daré gratis. Porque aquello que fue recibido así, como el amor, no se puede ser motivo de comercio por mi parte. Si en algo te ayuda, me alegraré. Si no fue así, tendré que mejorar. Y si en algo empeoré tus pasos, o te hice tropezar, te pido mil disculpas.

Me hubiera encantado, como puedes comprender, ofrecer una versión un tanto revisada y más cuidada. Ni índice he hecho. Ojalá sea, en cualquier caso, motivo de diálogo. 

ARCHIVO ONLINE – Si alguien lo quiere de otro modo, sólo tiene que pedirlo.

Los deseos para 2013


Dentro de poco comenzarán a llover los típicos “informes” de “deseos para 2013”. Ya sabes que va cobrando fuerza lo de acabar con la crisis y encontrar trabajo, en lugar de ir al gimnasio o aprender un idioma. Todo esto es la otra cara de la moneda correspondiente a la memoria de 2012. Van automáticamente parejos. Mirar al pasado para buscar un futuro mejor, contándome lo que no ha funcionado, aquello que no pudo ser, sin quedarme estancado. La inauguración de un año nuevo hace significativamente presente que andamos a la caza de una vida nueva, renovada.

Cuanto antes piense en lo que es importante, no necesitaré las típicas listas de entre las que escoger.

Me parece estupendo, dicho sea de paso, que toda la humanidad se proponga algo ese día como mejor manera de comenzar el año, todos al unísono, deseándolo fuerte, cerrando los ojos y apretando los puños para después abrirlos de golpe y darnos cuenta de que todo sigue igual. Unos comen uvas, otros se dan besos, otros hacen otras cosas. Todo aderezado con cantidad de fuegos artificiales. Y nos deberíamos recordar que todo lo que estamos haciendo es precisamente “artificial”. Porque no lograremos nada de esa manera.

Si bien me parece genial que todos deseemos simultáneamente algo, cada uno a su aire, mejor para todos resultaría que nos pusiéramos antes de acuerdo para caminar en la misma dirección. Aunque los medios nos dicen que “deseamos lo mismo”, la trampa está en que cada uno quiere para sí mismo algo, de la forma más egoísta e individualista, luego no quiere lo mismo que el vecino, que desea también para sí. La trampa que las estadísticas esconden está en caminar hacia algo en solitario, seguir mirándose el ombligo haciéndonos creer que esto es precisamente vivir. Si todos deseásemos lo mismo, lo buscaríamos todos para todos, no cada uno para sí.

Y como todavía no está demostrado que si cuentas un deseo, antes de apagar las velas, éste deseo se pierda, os cuento lo que yo desearía en 2013.

  1. Ver el final de la crisis. No creo que llegue, pero ojalá podamos ver adelantadamente su final y una salida para tantas personas. Mejor aún, lo que realmente quiero es que todo el mundo se transforme en un lugar más humano donde nadie sobre por ser pobre o por razón de injusticia o discriminación, ni por otra razón, sea la que sea. Creo que hay mucha gente que quiere lo mismo que yo. Así que, si alguien se anima, hagamos algo más por cambiar todo esto. Me gustaría encontrarme entre aquellos que, desde  lo que hago o puedo hacer, ha contribuido a un mundo mejor. Lo mío es educar a la siguiente generación, y qué duda cabe de que este camino ayuda.
  2. Encontrar la manera de hacer felices a unas cuantas personas. Lo siento, pero aquí soy selectivo. El motivo es que no daré mucho de sí y me agotaré pronto si el objetivo es mayor de lo que pudo realizar. Ahora bien, si todos deseásemos esto de verdad seguramente seríamos las personas más felices del mundo. Todo lo contrario sucederá cuando en el momento de pasar al nuevo año nos lancemos a alcanzar una felicidad egoísta en primera persona del singular.
  3. Centrarme en lo importante. Cuesta años vivir para lo esencial, mientras van pasando los años, que según avanzan nos van enredando en una maraña de situaciones. Pero estoy firmemente convencido de que esto de “vivir” tiene que ser algo más sencillo.

Sea como sea, sinceramente, no necesito esperar el 2013 para buscar todo esto. Llevo tiempo en ello. Si verdaderamente lo quiero tendría que preguntarme qué he hecho hoy para lograrlo, y si mis pasos van por buen camino.

Supongo que tú tienes tus propios deseos. Si en alguno coincidimos, vamos a ello, colaboremos. Si no sabes todavía lo que quieres, búscalo. Te va la vida en ello. Y sobre todo, no dejes que otros vivan tu vida, decidan por ti, utilicen tu necesidad de querer para consumir y gastar tus años.

Haz sólo aquello que te apasiona


Pues no, mira tú por dónde, pero por muy bonito que suene, esta vez no te hago caso. No me hagas perder el norte. Paso de frases como éstas, tan engañosas y rabiosas, que parecen enfadadas con la vida normal dispuestas a crear, no un mundo mejor poco a poco, sino un universo paralelo vaya usted a saber dónde y con quién.  Esto de “hacer sólo lo que te apasiona” se parece muy poco a la vida real. Una exageración, como tantas otras de las que hacen daño de verdad en las conciencias.

Más bien al contrario, prefiero fiarme de mis pasiones para buscar al vida, nada más, y una vez reconocidas, escogidas, aceptadas a pesar de lo que exijan, andar por ellas con paso firme y la humildad necesaria para dejarme sorprender por malos y buenos momentos, sin creer que todo lo puedes, sin pensar que será maravilloso. Las pasiones darán fuerzas en aquellos momentos en los que puedan sostenerme, y sin embargo, no estarán en todo momento conmigo. Se necesita algo más consistente para fundar y dar firmeza a la vida de cualquier hombre, por pequeño que se crea.

  1. Hay días en los que mis pasiones no me apasionan, porque las cosas van torcidas o porque voy de lado. Si son frecuentes, plantéate otras cosas; pero sin despreciar la grandeza y la educación posible en los malos momentos. Da igual, pero el valor de la permanencia, de la constancia, de la esperanza y del valor es la mejor manera de decir al mundo que he encontrado un tesoro, que no depende de mí, que es valioso por sí mismo.
  2. Para llegar a algo que apasione, hay que haberse equivocado no pocas veces, algunas de ellas no poco serias ni infantiles. Hablo de riesgos, de sorpresas, de fracasos, de frustraciones, de probar con intensidad el significado de la limitación y de la impotencia.
  3. Porque las realidades “puras” no concursan con la finitud. Cierto es que hay grados, como en todo. Y que no da igual asomarse a un pozo que verse reflejado en aguas límpidas y cristalinas. Cierto es que cuando menos te lo esperas hay destellos de luz que todo lo inundan. Sin embargo, los perfeccionistas no son los que más éxito tienen, y en muchas ocasiones son felices aquellos que, sin más, se han aprovechado de las circunstancias.
  4. En ocasiones, frases como éstas nos hacen olvidar que el hombre debe recuperar su propia humanidad y crecer en dignidad antes de enfrentarse al mundo y estar en él. Como si todo lo pudiera, megalómanamente, o como si la mayor parte del mundo fuera una infeliz panda de inconscientes. Creo que cada hombre que en su vida se esfuerza, no en los pocos que parecen llegar a tener éxito y renombre. Prefiero la conversación y el trato con los hombres de carne y hueso, en su cotidianeidad y pequeñez, que verme encerrado en una jauría de personas que se creen más de lo que son, que aspiran a lo que no pueden alcanzar. Y este ha sido el lema de la humanidad durante toda su vida.
  5. Estimo que esta frase me separará demasiado de aquellos que sufren, llevan lágrimas en los ojos o tristeza en el corazón. El que permanece junto al que sufre, sufre. El que se sitúa junto a los que necesitan esperanza, se ve golpeado también por su desilusión. El que vive para enseñar, se roza habitualmente con la ignorancia. Y el que ama está llamado a poner amor donde no lo hay, o donde no lo habría sin su presencia. Y esto, a mi entender, dista mucho de lo que puede “apasionar” el corazón del hombre, que tiene más que ver con la atracción fantasmagórica de los anuncios y reportajes de televisión.
  6. Un poquito de racionalidad, ¡por favor! No tanto sentimiento, sensiblería… Un poco de razón, de objetividad, de memoria, de visión de conjunto, de aceptar lo que también otros pueden hacer por otros, lo que se puede llevar en algo más que los propios hombros. Un poco de serenidad antes de abandonar, de dejar, de partir. Un poco de prudencia, de cordialidad, de firmeza, de valor a lo que en otros parecía cierto, sin dejarse llevar por las corrientes que corren, por las pasiones del corazón, por las torceduras de la existencia. Un poco, sólo un poco, de solidez, de abrigo para el que atraviesa áridos valles o sube cumbres escarpadas. Un poco de todo esto, mezclado, y termino así, en aquello que verdaderamente nos apasiona.

Qué alegría da ser leído por gente que conoces


Escribir en un blog significa llegar a conocidos y extraños. De hecho, no se sabe quién te lee, ni quién se adentra en tu vida, en tu pensamiento, en tus palabras. Algo intuyes cuando te hacen comentarios dentro o fuera del blog, pero poco más. Al final todo queda ahí, en la nube, a disposición de quien pase por el lugar como un papel que se deja en una acera o un periódico en el vagón del tren. Absolutamente disponible con la salvedad de que lo has escrito tú, que ha salido de tus entrañas o de tu reflexión. Algo nada desdeñable.

De este modo, las personas que leen los blogs pueden ser o bien personas con las que compartes afinidades, o bien personas con las que existen diferencias significativas. La verdad es que me agrada saber que internet también es un espacio para un diálogo y para el encuentro, que va más allá de la retroalimentación y la búsqueda de lo que ya sabemos. En ese sentido, es un ámbito para preguntarse y para buscar muy interesantes. Razón de este blog. Sin embargo, hoy me sorprende y alegra que haya habido dos personas de mi entorno que me han hablado de lo que escribo. Y, ahora sí, reconozco que se vive de forma diferente. Por un lado, con la timidez que implica esta desprotección. Por otro, con la inmensa satisfacción de iniciar en la red un diálgo que alcanza a la vida. Además, a ambas les ha ayudado. Cada una en su situación, conectando con su realidad. De diferentes edades, de diferente historia, de diferente perspectiva en la vida. Y, sinceramente, no sé si hay en el día de hoy algo más grande que las palabras de estas dos personas.

Ahora bien, les agradecería, tanto a conocidos como a desconocidos, a cercanos como a lejanos, que no me considerasen ni un sabio, ni un experto en nada, ni una persona dogmática -en sentido negativo- y cerrada -para mí casi un insulto-, que se cree segura y pagada de sí misma, ni alguien a quien hay que seguir como si fueras del grupo de los amigos de… No es que no lo quiera sin más, es que mentiría si fuera me adueñase de algo que no considero que sea ni “mi tesoro” (al estilo Golum), ni “mi libro” (al estilo Umbral), ni “mis palabras” (al estilo de la mayoría de los políticos), ni “mi vida” (porque no desearía anunciarme a mí mismo, ni publicitarme a mí mismo). Tengo amigos mucho más sabios que yo, y libros más interesantes que mis blogs. De hecho, yo ni siquiera me leo. Así que, si lees esto intenta buscar algo más allá de las palabras y de cuanto aquí aparece. Es más, si lees esto, por favor, haz el esfuerzo por rezar si crees, o por pensar si no tienes fe. De verdad, créete aquello que te ayude a encontrar la verdad y el bien, no a quedarte como estás ni a vivir cómodamente, ni a reforzar tus propuestas. Encuentra tu vocación, tu vida, tu llamada, tus amores, tus preguntas, tus fuerzas, tu entusiasmo, tu sentido común… lo que sea. Estamos hechos para buscar y preguntar, pero también para encontrar y responder, en la medida en que podamos hacerlo.

Yo soy el primero que anda en camino, y por eso escribe, el primero que busca, y por eso escribe y lee a muchos otros antes que a mí mismo. Yo soy el primero que dudo de mis cosas, que pongo en tela de juicio aquello en lo que ando, lo que viene a aposentarme. Yo, intento ser el primero que quiere algo más que conocer y conocer, y dejarse llevar por la curiosidad y la novedad; el primero que desearía alcanzar una pizca de sabiduría, de la que es capaz de saborear lo antiguo y lo nuevo, sin cansarse, y ahondar en su verdad. Por eso escribo. Para compartir, principalmente búsquedas y encuentros, siempre vida y amores; para compartir y encontrar a quien también se pregunta, como yo, y ha encontrado alguna respuesta, como yo.

4 BLOG EN LOS QUE ESCRIBO DIARIAMENTE, O ESO INTENTO (cada foto, un link)

PREGUNTARSE Y BUSCAR. Es quizá el blog que más difusión y alcance tiene, a pesar de ser el menos específico de todos, en el que entra cualquier cosa de la vida de hoy, de mañana, o de ayer. En plan cajón desastre de preguntas de lo más humano y de lo más divino. Una mezcla interesante que simboliza bien a un sacerdote escolapio que va con camisa de cura y pantalones vaqueros, que es educador de misa y de aula, habitualmente entre jóvenes y familias.

PARA EL AÑO DE LA FE. También he abierto otro blog. Así, cada día, podré dedicar un tiempo más o menos breve, o más o menos amplio, a reflexionar sobre la fe y a refrescar mis búsquedas. Quiero leer así el Catecismo; ese libro naranja, para adultos, y amarillo, para jóvenes, en el que la Iglesia expresa de forma sistemática y ordenada su fe. Quiero leerlo durante todo el año, sin prisa y sin pausa, a la manera como suelo acercarme a la vida: con preguntas, sin saberlo todo, procurando distancia, dejándome alcanzar por la realidad, permitiendo que me trastoque.

COMENTANDO LA PALABRA DE DIOS, de cada día. Porque cada día la Iglesia hace lectura de un pequeño texto de la Biblia y otro del Evangelio. Cada día se celebra esta Palabra en la Eucaristía. Y, con más cuidado que incluso mis propias clases de Religión o de Filosofía, atiendo y escucho antes de hablar. Rezo los textos, los saboreo, los agradezco, intento vivirlos. Todos los días, de forma responsable, me acerco a ellos, e intento escribir dos párrafos sobre cada uno.

UN PÁRRAFO AL DÍA. Algo que está un poco perdido, y un blog en el que recibo ayuda. Leer leo, y mucho. Sobre cosas que me interesan, eso sí. E intento poner un párrafo cada día. Algunos días lo consigo, otros muchos no. Pero ahí está esa pequeña contribución a la literatura, a la filosofía, al hombre y la mujer que hoy saben que buscan y a quienes otros más sabios pueden decir algo.

QUEDA ALGO MÁS

Por supuesto que sí, pero no tan diarios. Ahora bien, con lo anterior voy servido. Los otros son fruto de mayor disponibilidad y de otro tipo de experiencias.

En cualquier caso, termino diciendo que hoy me siento inmensamente agradecido a las dos (o tres, o cuatro) personas cercanas que me han hecho un pequeño comentario y agradecimiento por lo que escribo. Es una responsabilidad, y un privilegio, estar así en el mundo. Enriqueciéndome, y enriqueciendo a otros. Siempre abierto a dialogar, siempre a buscar en compañía, siempre preguntándome. Ojalá algún día toda persona deje de ser desconocida. Creo que llegará. Y me alegraré inmensamente.

La lógica del amor y de la fe, se parecen mucho


El otro día, con el grupo de universitarios, me vino un pensamiento envidiable. Yo mismo me sorprendí, y me admiré. No porque yo lo pensara, que estoy más o menos acostumbrado a hacerlo, y a darle vueltas a las cosas, sino por lo que significaba. Intuí que la lógica de la fe y del amor se parecían mucho.

  1. Venimos al mundo capacitados para amar y para confiar. No son cosas que se enseñan, sino necesidades básicas de las personas, algo que demandamos, que ansiamos. Y comienzan en nosotros a desarrollarse en la medida en que somos vulnerables y necesitados. Necesitamos ser amados, cuando todavía no podemos amar siquiera, y necesitamos que nos ofrezcan confianza, cuando somos incapaces de ofrecer nada creíble ni sólido. Comienzan ambas recibiendo.
  2. Son estructuras esenciales e innegables en las personas. Configuran ambas todo. Lo tocan todo, lo trastocan todo, tienen capacidad para transformar todo nuestro ser, pensar, hacer, vivir… lo que queramos. Nuestro trabajo y nuestra vida personal. Se mete hasta las junturas del ser. Su lógica no es una lógica particializable. Ni controlable. No tiene, por así decir, medida y toda persona se debe rendir ante esta evidencia. Una me va llevando a la otra, y así, como si fuera un tsunami, lo recoloca todo a su medida.
  3. Buscan saciarse, como quien desea algo, ajeno a sí mismo, capaz de llenar un vacío. El deseo que nos impulsa a amar nos hace apasionarnos, disfrutar, gozar, alegrarnos cuando encontramos algo que creemos digno de amor, digno de nosotros mismos. En cuanto vemos que no es así, reina la decepción, y pasamos a otra cosa. Lo mismo en el ámbito de la confianza y de la libertad. Dicho de otro modo, es una potencia y fuerza que sabe que existe aquello que todavía, quizá, sea incapaz de ver, incluso quiera negar, o encuentre en imperfección y limitación.
  4. Por qué tanto “cambio”, tanta “apuesta personal”. Porque no hay otro modo de vivir que arriesgando valientemente una y otra vez. No queremos el riesgo, la verdad. Todos desean, por mucho que lo nieguen, encontrar lo definitivo, aquello que les “ate” y les dé sentido para siempre. Cada momento se convierte entonces en una prueba para esta apertura del ser humano. Y así buscamos y buscamos, y caminamos de aquí para allí, y estamos con una persona, y con un grupo de personas, y experimentamos qué vivimos en este lugar, en este otro, en esta situación y en esta otra.
  5. En el momento en el que encontramos lo que merece la pena, el resto pasa a un segundo nivel, tercer nivel y cuarto nivel si es necesario. Y todo pierde valor, en proporción al hallazgo, o se revaloriza, en función del tesoro encontrado. De modo que con una persona nos vale en el mundo, a quien poder entregarnos, de quien poder recibir amor. Y tan importante es encontrar quien me quiera bien, como aquella persona que me dignifique siendo capaz de recibir todo cuanto soy, con lo que eso significa.

En la lógica del amor y de la fe, sucede exactamente lo mismo. Quienes aman, porque han sido amados primero, lo saben y pueden decir si es o no cierto lo que digo. Pero yo, en la fe, puedo decir también que quien conoce a Jesucristo encuentra esa respuesta que andaba buscando. No quien encuentra “la idea de Jesús, o la idea de Dios”, o peor, “la idea de Jesús o de Dios de tal o cual persona”, sino quien se encuentra con Dios cara a cara, quien permite y se abre a semejante encuentro. Hasta entonces, confiará su corazón y su vida a otras cosas, que harán de dioses imperfectos, que le agotarán y le harán sentirse incluso más vacío. Pero quien encuentra a Jesucristo, en ese cara a cara, se siente llamado a entregar su propia vida. Igual que en el amor, igual que en la búsqueda de amor que hay en el corazón del hombre. Ambas lógicas, en sus semejanzas, nunca podrán ser negadas ni olvidadas, y buscan y desean y anhelan. Tensionan la humanidad hacia lo eterno y hacia lo infinito, hacia el más. Por eso también quien ha encontrado amor, quien ha recibido fe, sabe que no ha hecho nada más que empezar a descubrir cuál es el camino verdadero.

Dejarlo todo – Miniidea


¿No os sorprende que cualquier persona pueda dar al traste con todo, abandonarlo, dejarlo, echar la vista a otro sitio? ¿Desprotegerse, liberarse, soltar amarras, sin echar la mirada atrás, desplegar velas, lanzarse a caminar, comenzar la aventura, subirse al tren? ¡Cuántas metáforas! Todas de lo mismo. ¿Pasar a una vida nueva, sorprendentemente, en un momento de su historia, al amparo de una decisión, al abrigo de la confianza? Algo reservado a los que andan despiertos, a los que no tienen miedo, a los que lo dan todo porque nada tienen que perder. ¿No serán tachadas de locas las personas que obran así, como si lo de antes no existiriera, como si lo de antes ya no tuviese fuerza sobre ellos? ¿Cuántas veces hemos pensado en desaparecer, en cambiar radicalmente, en marcharnos a otro lugar? ¿Qué impulsa al hombre, en su interior, en su pensamiento, en sus sentimientos, en sus deseos, a creer firmemente que esa es una salida para su vida? ¿Qué lleva a los hombres a una conversión tan radical?

Personalmente me admira la fuerza de la libertad humana, también los miedos que despierta. No me deja indiferente darme cuenta de una realidad tan inmensa como ésta, capaz de abrazarse a la novedad, de dejarse en manos de la confianza, de liberarse de sus ataduras. Pero sólo en lo teórico, porque en la vida corriente y moliente las cosas caminan a otros ritmos. Sería posible, pero poco práctico. Sería posible, pero criticados e incomprenidos. Sería posible, pero con costes altos. Sería posible empezar de nuevo. La cuestióne es si lo creemos o no, si confiamos o no, si nos dejamos hacer o no, si nos liberamos o no, si dejamos realmente todo o no. Ahí está el asunto. La vida nueva  ya ha sido prometida para todo aquel que quiera acogerla. ¿Te atreves a confiar? ¡Verás un mundo nuevo! ¡Sin duda alguna, nuevo!

En los límites se encuentra la perfección humana – Miniidea


Lo humano, de por sí limitado, con una sed desafiante, se hace más perfecto, más bondadoso, más excelente y más sublime cuanto más se agarra a lo importante. Incluso cuando vive de lo único importante. El exceso, el desbordamiento, las carreras y la insatisfacción terminan por agotarlo en sus propias búsquedas, sin remedio, y desconsolándole, al mostrarle que anda divagando sin hallar nada que merezca la pena y dejando pasar oportunidades sin final de ningún tipo. Lo humano, su perfección, han de encontrarse precisamente allí donde pocos las buscan. Quizá lo perfecto humano sea su debilidad, su precariedad, la necesidad de restricción y vivir restringido. Quizá el hombre experimente más amor y más grandeza cuando sabe en qué emplearse por completo, sin medida. Quizá, sólo quizá, porque me gusta mucho la palabra quizá, la persona deba definirse, ponerse límite, ahogar sus posibilidades, dejar de abrir y abrir puertas, para saber quién es verdaderamente, a qué está llamada exclusivamente, cuál puede ser su meta definitivamente. Pero esto último sólo quizá. Dicho con prudencia y recato, con sencillez y más intuición que inteligencia de todo. Aquel que ha encontrado algo por lo que merece la pena dejarlo todo, de ese decimos que es verdaderamente feliz. De eso, sinceramente, no me cabe la menor duda. Cuando el hombre pierde el miedo a sus propios límites, y se olvida de sí mismo, algo me dice que ha entrado en un plano infinito, está rozando lo absoluto, se encuentra cara a cara frente a un Misterio capaz de reclamar de él todo cuanto es, y que quizá ni siquiera él se había enterado de que era.