Internet, una ventana que no está abierta al mundo


Soy de los que creen abierta y decididamente en la red y en las redes sociales. Participo con asiduidad en ellas, y con frecuencia me cuestiono sobre sus muchas posibilidades. Las herramientas que facilitan la participación y difusión de contenidos crecen día a día, hasta el punto de que estar a la última sea el privilegio de unos pocos. De entre sus muchas grandezas, por encima de todas destaca la capacidad de relacionar a unos y otros, de aquí y de allá. Sin embargo, esta facilidad para crear nuevos mundos y conexiones me parece, a la vez, tremendamente peligroso. Presentar, sin más, internet como una ventana abierta al mundo me parece una definición muy limitada, si ello no conlleva el esfuerzo de abrir cada uno la ventana de su ordenador y de la red a otros, sin cerrarse a la selección de personas que configuren un mundo virtual e irreal, de similares y adeptos, de características idéntidas. De hecho, es el criterio que se impulsa desde las mismas redes, asociar a los parecidos.

  1. Internet puede ser una ventana. Y quedarse en eso, una ventana. Nada más más que una ventana cerrada, que hay que abrir y a la que hay que asomarse. Una ventana que tiene la cualidad de abrirse para mostrar distintos paisajes, pero que puede repetirse a sí misma una y otra vez, encerrados continuamente en las mismas cosas y en los mismos detalles, y en las mismas personas, y en las mismas acciones de siempre.
  2. Abrir las ventanas, que corra el aire. Evidentemente, no todo se queda en mirar. También internet invade y entra en la vida de las personas que se asoman. Lo cual tiene, y cualquiera puede darse cuenta de ello, sus riesgos y desventajas. Sobre todo cuando no se han cultivado espíritus críticos, o capaces de interpretar leyendo o recibiendo imágenes, o dialogando en la red. Podemos recibir de todo. Sin embargo este “hacer de todo” suele referirse a “hacer lo extraño y lo que no haríamos normalmente”, lo cual significa ese “de todo” prescinde de mucho.
  3. El esfuerzo de abrir bien la ventana, de par en par. Me parece que asumir las limitaciones de una ventana para mirar significa asumir el riesgo de oír y encontrarse con la diferencia. Lo contrario cultivaría en bucle el ensimismamiento, la peor de las cerrazones posibles creyendo que mirarmos el mundo de par en par. La diferencia somete nuestras opiniones y juicios a algo más, a la crítica y a la justificación, y nunca estaremos sobradamente agradecidos a su impulso y fuerza.
  4. La mera curiosidad. Mirar, sin dar ni un paso más allá, sólo es eso, mirar. Como quien lee sin decir que lee, como quien mirar sin decir que mira. Intenet tiene el peligro, que no aceptaríamos en la vida cotidiana, de la curiosidad persecutiva escondida en su propia ventana, viendo pasar cada día las mismas personas, sin bajar nunca a la calle a dialogar con ellos o a hacer algo más.

Cuando leo en mi TL siempre lo mismo me entra algo de preocupación, porque sé que el mundo en el que vivo es diverso, y esa diversidad le daña cuando no se ofrece la posibilidad de diálogo, o se brinda la posibilidad del encuentro, o se siente la necesidad de verse encerrado en lo mismo y lo mismo, y más y más de lo mismo, en la repetición escandalosa, en la vulgar consideración de lo exclusivo que lleva, sin saber bien cómo a excluir y sentirse excluido. Internet no puede convertirse en la única ventana abierta al mundo, ni dar por supuesto que así es.

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