No estoy de vacaciones


El mundo se divierte descuadrando personas. Unas trabajan para que otras crezcan. También para que se diviertan. El bien de unos se asienta sobre la entrega de otros, sobre su buen hacer, sobre su sacrificio. Hoy paseé de nuevo, en mitad de la Navidad, por los pasillos de un hospital, y vi mucha gente en pie, de guardia, con atención. Algunos vestidos para la ocasión con traje de faena de diferentes colores, y otros con ropa cómoda para aguardar al pie de la cama del amigo, del hermano, del familiar querido, junto a otra cama que va dejando de ser ocupada poco a poco por una persona anónima. Y de este paseo, a otros paseos, con la espinita esta vez bien clavada. Hay gente en nuestro mundo que nunca descansa, que siempre sabe estar, que su vida se engendra y gesta en el trabajo, o más bien servicio a los demás. Una vida sin vacación sólo puede ser sobrellevada como vocación. Así las madres en sus casas, así los padres, así los esposos, así los amigos, así otras ricas y apasionadas vocaciones de nuestro mundo que se mantienen cuando otros descansan y para que otros crezcan.

Me ha hecho un bien enorme darme cuenta de esta situación. No hablo de la necesidad de descanso, siempre necesaria, sino de otra cosa, a otro nivel y de otra dimensión. Espero que lo comprendas porque hay personas a tu lado que, efectivamente, nunca se cogen vacaciones en lo que son. Y éstas, intuyo, son las que sostienen el mundo con su amor. Son aquellos que no dejan nunca de ser, los que nunca paran en su hacer, los que donde van siembran, los que son llamados y están, los que andan con cien ojos en mil cosas. Estos hombres y mujeres de diversas edades no tienen papeles que acrediten su historial, sino arrugas en las manos y una sonrisa asimétrica en la cara. Una verdadera maravilla, ante la que hoy, quizá como en pocas ocasiones he sido consciente, me quito el sombrero. Son para mí una lección viva de aquello que sé que deseo interiormente alcanzar, compartir y vivir. Los que no son de hoy sí, mañana no, sino que permanecen por siempre en humildad, sin excesivo reconocimiento, yendo y viniendo de un sitio a otro, sin firmar entrada ni salida.

Aquello que en tantas ocasiones vivimos como castigo o como condena, como un sufrimiento, con la terrible angustia del no parar, de vivir siempre atareados, ellos lo saben llevar con dulzura, con encanto, contagiando. A mí algo se me ha pegado hoy de quienes he visto, y se distinguen bien de los que están de otro modo en el mundo. Hoy han brillado, sin llamarlos, ante mis ojos. Hoy me he dejado sorprender, como un niño al que se le cuenta uno de los secretos mejor guardados. Los hombres, que parecen todos iguales, no lo son verdaderamente. Los hay de colores para despistar, y tampoco en esto radica la diferencia. Los podrás colocar por edades sin alcanzar su corazón, allí donde están escritas sus intenciones, allí donde el hombre y la mujer tienen la oportunidad de vestirse de lo que son, sin dejar de serlo nunca, con traje que no desgasta la vida.

Creo que esta es la mejor entrada para compartir el trabajo de todo el trimestre en un único archivo. Aquí tienes todos los post, tal y como fueron escritos. Si algún día los reviso, también te los daré gratis. Porque aquello que fue recibido así, como el amor, no se puede ser motivo de comercio por mi parte. Si en algo te ayuda, me alegraré. Si no fue así, tendré que mejorar. Y si en algo empeoré tus pasos, o te hice tropezar, te pido mil disculpas.

Me hubiera encantado, como puedes comprender, ofrecer una versión un tanto revisada y más cuidada. Ni índice he hecho. Ojalá sea, en cualquier caso, motivo de diálogo. 

ARCHIVO ONLINE – Si alguien lo quiere de otro modo, sólo tiene que pedirlo.

Demasiada gente luchando por el primer puesto


Demasiada gente luchando por el primer, el segundo, el tercer puesto. Lugares exclusivos reservados a unos pocos, de los que todos hablarán y a los que mirarán con lupa. Lugares en los que sólo entran solos, sin querer compañía que les haga sombra, remarcando sus hazañas, sus proezas, sus maravillas para conquistarlos. Obviando y olvidando a los que han dejado atrás, e incluso han pisado. Lugares forjados sin entusiasmo para ser ocupados en la triste soledad. Lugares desde los que presumir con palabras vacías que nadie quiere escuchar, lugares que no serán admirados por los hombres. Lugares de dominación, desde los que alzarse y en los que fortificarse para que nadie más ascienda. Lugares desprovistos de responsabilidad hacia otros, de amor hacia otros, lugares vestidos con trajes con coderas y rodilleras, teñidos con zancadillas. Lugares en los que se ponen placas para acallar la vergüenza de la crítica a sus semejantes, a los débiles, a los que se retiraron a tiempo en la carrera salvaje. Lugares fastuosos, que llevan el signo del odio.

Si te parece, ¿por qué no nos retiramos a un rincón más tranquilo y alejado, donde podamos compartir espacio, en el que quepamos muchos más? Quizá allí seamos más felices, estemos más contentos. No quiero la mirada de todos, con la de unos pocos, a quienes quiero, me basta. No quiero estar pendiente de uno solo, vendido en escaparates. Quiero mirar aquello que quiero, a quienes quiero, a quienes se dejan querer. Quizá allí escuchemos mejor al otro cuando hable con sinceridad, y seamos capaces de estirpar la aparente cara de felicidad impuesta por la competitividad y el engaño. Allí podremos ser quienes somos, sin reservas ni miramientos. En ese lugar apartado de la carrera por el título que nos dirá lo que no somos, podremos convivir apaciblemente, donde los niños se engenden amados desde el principio y con responsabilidad hasta el final. En aquel lugar velaremos para acoger, no para expulsar. Pondremos esmero y mimo en los detalles para otros, y no sólo en los que son para uno.

Cuando contemplo el mundo, en su barbarie y maldad, en ocasiones me entran ganas de retirarme, alejarme, cerrar los ojos y callar. Entiendo que la respuesta ante lo insoportable sea en repetidos momentos la huida, el desaire, la dejadez, el desmadre incluso. Comprendo a quienes abandonan, tiran la toalla, dan paso a otros, y siguen manteniendo todo intachablemente igual, impolutamente intacto a su paso. Porque los que abandonan cuando las fuerzas escasean no se esfuerzan en construir nada nuevo. Pero esa no puede ser la salida, ni la única salida, ni la gran salida, ni la búsqueda del hombre en los tiempos que corren. Estamos llamados, por la vida, por las cosas, por la gente, por los gritos de los últimos, por la humanidad entera a no permitir que se sigan repitiendo las mismas cosas, a salir de lo injusto y la división en la que nos encontramos, a ser listos para escapar a tiempo de las malas palabras que pueden contaminar nuestros labios, no los de otros, nuestras miradas, no las de otros, nuestra responsabilidad, no las de otros, nuestra libertad, no las de otros, nuestra paciencia, caridad y esperanza… no las de otros. Podemos esforzarnos, no desde el odio, el rechazo y la ira, no desde el dolor y el cansancio, en una nueva línea de vida. Podemos tejer, no solos, lo que buscamos. Tenemos muchas razones, ocultas pero clavadas y grabadas a fuego lento. Porque otros quieren lo mismo, cuando se lo explicamos. Porque la gente no sabe lo que quiere, hasta que lo ve, y en ocasiones es tarde para rectificar. Hemos creado hábitos. Porque no bastan las buenas intenciones, ni las buenas palabras, ni los buenos deseos, ni las grandes visiones. Necesitamos realidad, queremos entusiasmarnos. Porque no estamos solos, ni debemos estarlo. Quienes dicen eso, mienten y lo saben, es falso. Porque las fuerzas que no tenemos, las podemos acoger humildemente de lo alto.

Post dedicado al amigo, porque se sabe amigo, que se cansó de pelear por los primeros puestos y no supo encontrar refugio y acogida ni siquiera en los últimos, con los últimos, entre los últimos. Porque no supo retirarse a tiempo, porque puso su esperanza donde no había vida, alegría, canto, juego. Ya sabes lo que pienso, y que tus sueños eran ciertos, aunque no en ese camino. Post dedicado a nuestro mundo, que promete lo que no puede dar, y engaña y confunde a los hombres para que compitan absurdamente entre sí, sabiendo de antemano que el plano del tesoro al que conducen ha sido creado en rincones de los que nunca salieron sus hacedores. Post dedicado a los maestros, profesores, educadores, sea cual sea su asignatura y compañía, sea cual sea su clase. Ojalá convirtamos las aulas, las calles, las ciudades y los campos, las anchuras de la tierra en mares por los que navegar con hermanos en la misma barca.