Qué alegría da ser leído por gente que conoces


Escribir en un blog significa llegar a conocidos y extraños. De hecho, no se sabe quién te lee, ni quién se adentra en tu vida, en tu pensamiento, en tus palabras. Algo intuyes cuando te hacen comentarios dentro o fuera del blog, pero poco más. Al final todo queda ahí, en la nube, a disposición de quien pase por el lugar como un papel que se deja en una acera o un periódico en el vagón del tren. Absolutamente disponible con la salvedad de que lo has escrito tú, que ha salido de tus entrañas o de tu reflexión. Algo nada desdeñable.

De este modo, las personas que leen los blogs pueden ser o bien personas con las que compartes afinidades, o bien personas con las que existen diferencias significativas. La verdad es que me agrada saber que internet también es un espacio para un diálogo y para el encuentro, que va más allá de la retroalimentación y la búsqueda de lo que ya sabemos. En ese sentido, es un ámbito para preguntarse y para buscar muy interesantes. Razón de este blog. Sin embargo, hoy me sorprende y alegra que haya habido dos personas de mi entorno que me han hablado de lo que escribo. Y, ahora sí, reconozco que se vive de forma diferente. Por un lado, con la timidez que implica esta desprotección. Por otro, con la inmensa satisfacción de iniciar en la red un diálgo que alcanza a la vida. Además, a ambas les ha ayudado. Cada una en su situación, conectando con su realidad. De diferentes edades, de diferente historia, de diferente perspectiva en la vida. Y, sinceramente, no sé si hay en el día de hoy algo más grande que las palabras de estas dos personas.

Ahora bien, les agradecería, tanto a conocidos como a desconocidos, a cercanos como a lejanos, que no me considerasen ni un sabio, ni un experto en nada, ni una persona dogmática -en sentido negativo- y cerrada -para mí casi un insulto-, que se cree segura y pagada de sí misma, ni alguien a quien hay que seguir como si fueras del grupo de los amigos de… No es que no lo quiera sin más, es que mentiría si fuera me adueñase de algo que no considero que sea ni “mi tesoro” (al estilo Golum), ni “mi libro” (al estilo Umbral), ni “mis palabras” (al estilo de la mayoría de los políticos), ni “mi vida” (porque no desearía anunciarme a mí mismo, ni publicitarme a mí mismo). Tengo amigos mucho más sabios que yo, y libros más interesantes que mis blogs. De hecho, yo ni siquiera me leo. Así que, si lees esto intenta buscar algo más allá de las palabras y de cuanto aquí aparece. Es más, si lees esto, por favor, haz el esfuerzo por rezar si crees, o por pensar si no tienes fe. De verdad, créete aquello que te ayude a encontrar la verdad y el bien, no a quedarte como estás ni a vivir cómodamente, ni a reforzar tus propuestas. Encuentra tu vocación, tu vida, tu llamada, tus amores, tus preguntas, tus fuerzas, tu entusiasmo, tu sentido común… lo que sea. Estamos hechos para buscar y preguntar, pero también para encontrar y responder, en la medida en que podamos hacerlo.

Yo soy el primero que anda en camino, y por eso escribe, el primero que busca, y por eso escribe y lee a muchos otros antes que a mí mismo. Yo soy el primero que dudo de mis cosas, que pongo en tela de juicio aquello en lo que ando, lo que viene a aposentarme. Yo, intento ser el primero que quiere algo más que conocer y conocer, y dejarse llevar por la curiosidad y la novedad; el primero que desearía alcanzar una pizca de sabiduría, de la que es capaz de saborear lo antiguo y lo nuevo, sin cansarse, y ahondar en su verdad. Por eso escribo. Para compartir, principalmente búsquedas y encuentros, siempre vida y amores; para compartir y encontrar a quien también se pregunta, como yo, y ha encontrado alguna respuesta, como yo.

4 BLOG EN LOS QUE ESCRIBO DIARIAMENTE, O ESO INTENTO (cada foto, un link)

PREGUNTARSE Y BUSCAR. Es quizá el blog que más difusión y alcance tiene, a pesar de ser el menos específico de todos, en el que entra cualquier cosa de la vida de hoy, de mañana, o de ayer. En plan cajón desastre de preguntas de lo más humano y de lo más divino. Una mezcla interesante que simboliza bien a un sacerdote escolapio que va con camisa de cura y pantalones vaqueros, que es educador de misa y de aula, habitualmente entre jóvenes y familias.

PARA EL AÑO DE LA FE. También he abierto otro blog. Así, cada día, podré dedicar un tiempo más o menos breve, o más o menos amplio, a reflexionar sobre la fe y a refrescar mis búsquedas. Quiero leer así el Catecismo; ese libro naranja, para adultos, y amarillo, para jóvenes, en el que la Iglesia expresa de forma sistemática y ordenada su fe. Quiero leerlo durante todo el año, sin prisa y sin pausa, a la manera como suelo acercarme a la vida: con preguntas, sin saberlo todo, procurando distancia, dejándome alcanzar por la realidad, permitiendo que me trastoque.

COMENTANDO LA PALABRA DE DIOS, de cada día. Porque cada día la Iglesia hace lectura de un pequeño texto de la Biblia y otro del Evangelio. Cada día se celebra esta Palabra en la Eucaristía. Y, con más cuidado que incluso mis propias clases de Religión o de Filosofía, atiendo y escucho antes de hablar. Rezo los textos, los saboreo, los agradezco, intento vivirlos. Todos los días, de forma responsable, me acerco a ellos, e intento escribir dos párrafos sobre cada uno.

UN PÁRRAFO AL DÍA. Algo que está un poco perdido, y un blog en el que recibo ayuda. Leer leo, y mucho. Sobre cosas que me interesan, eso sí. E intento poner un párrafo cada día. Algunos días lo consigo, otros muchos no. Pero ahí está esa pequeña contribución a la literatura, a la filosofía, al hombre y la mujer que hoy saben que buscan y a quienes otros más sabios pueden decir algo.

QUEDA ALGO MÁS

Por supuesto que sí, pero no tan diarios. Ahora bien, con lo anterior voy servido. Los otros son fruto de mayor disponibilidad y de otro tipo de experiencias.

En cualquier caso, termino diciendo que hoy me siento inmensamente agradecido a las dos (o tres, o cuatro) personas cercanas que me han hecho un pequeño comentario y agradecimiento por lo que escribo. Es una responsabilidad, y un privilegio, estar así en el mundo. Enriqueciéndome, y enriqueciendo a otros. Siempre abierto a dialogar, siempre a buscar en compañía, siempre preguntándome. Ojalá algún día toda persona deje de ser desconocida. Creo que llegará. Y me alegraré inmensamente.

La lógica del amor y de la fe, se parecen mucho


El otro día, con el grupo de universitarios, me vino un pensamiento envidiable. Yo mismo me sorprendí, y me admiré. No porque yo lo pensara, que estoy más o menos acostumbrado a hacerlo, y a darle vueltas a las cosas, sino por lo que significaba. Intuí que la lógica de la fe y del amor se parecían mucho.

  1. Venimos al mundo capacitados para amar y para confiar. No son cosas que se enseñan, sino necesidades básicas de las personas, algo que demandamos, que ansiamos. Y comienzan en nosotros a desarrollarse en la medida en que somos vulnerables y necesitados. Necesitamos ser amados, cuando todavía no podemos amar siquiera, y necesitamos que nos ofrezcan confianza, cuando somos incapaces de ofrecer nada creíble ni sólido. Comienzan ambas recibiendo.
  2. Son estructuras esenciales e innegables en las personas. Configuran ambas todo. Lo tocan todo, lo trastocan todo, tienen capacidad para transformar todo nuestro ser, pensar, hacer, vivir… lo que queramos. Nuestro trabajo y nuestra vida personal. Se mete hasta las junturas del ser. Su lógica no es una lógica particializable. Ni controlable. No tiene, por así decir, medida y toda persona se debe rendir ante esta evidencia. Una me va llevando a la otra, y así, como si fuera un tsunami, lo recoloca todo a su medida.
  3. Buscan saciarse, como quien desea algo, ajeno a sí mismo, capaz de llenar un vacío. El deseo que nos impulsa a amar nos hace apasionarnos, disfrutar, gozar, alegrarnos cuando encontramos algo que creemos digno de amor, digno de nosotros mismos. En cuanto vemos que no es así, reina la decepción, y pasamos a otra cosa. Lo mismo en el ámbito de la confianza y de la libertad. Dicho de otro modo, es una potencia y fuerza que sabe que existe aquello que todavía, quizá, sea incapaz de ver, incluso quiera negar, o encuentre en imperfección y limitación.
  4. Por qué tanto “cambio”, tanta “apuesta personal”. Porque no hay otro modo de vivir que arriesgando valientemente una y otra vez. No queremos el riesgo, la verdad. Todos desean, por mucho que lo nieguen, encontrar lo definitivo, aquello que les “ate” y les dé sentido para siempre. Cada momento se convierte entonces en una prueba para esta apertura del ser humano. Y así buscamos y buscamos, y caminamos de aquí para allí, y estamos con una persona, y con un grupo de personas, y experimentamos qué vivimos en este lugar, en este otro, en esta situación y en esta otra.
  5. En el momento en el que encontramos lo que merece la pena, el resto pasa a un segundo nivel, tercer nivel y cuarto nivel si es necesario. Y todo pierde valor, en proporción al hallazgo, o se revaloriza, en función del tesoro encontrado. De modo que con una persona nos vale en el mundo, a quien poder entregarnos, de quien poder recibir amor. Y tan importante es encontrar quien me quiera bien, como aquella persona que me dignifique siendo capaz de recibir todo cuanto soy, con lo que eso significa.

En la lógica del amor y de la fe, sucede exactamente lo mismo. Quienes aman, porque han sido amados primero, lo saben y pueden decir si es o no cierto lo que digo. Pero yo, en la fe, puedo decir también que quien conoce a Jesucristo encuentra esa respuesta que andaba buscando. No quien encuentra “la idea de Jesús, o la idea de Dios”, o peor, “la idea de Jesús o de Dios de tal o cual persona”, sino quien se encuentra con Dios cara a cara, quien permite y se abre a semejante encuentro. Hasta entonces, confiará su corazón y su vida a otras cosas, que harán de dioses imperfectos, que le agotarán y le harán sentirse incluso más vacío. Pero quien encuentra a Jesucristo, en ese cara a cara, se siente llamado a entregar su propia vida. Igual que en el amor, igual que en la búsqueda de amor que hay en el corazón del hombre. Ambas lógicas, en sus semejanzas, nunca podrán ser negadas ni olvidadas, y buscan y desean y anhelan. Tensionan la humanidad hacia lo eterno y hacia lo infinito, hacia el más. Por eso también quien ha encontrado amor, quien ha recibido fe, sabe que no ha hecho nada más que empezar a descubrir cuál es el camino verdadero.

¿Por qué me persigue esta pregunta?


¿Qué he hecho yo para merecer esto? ¿Nacer? ¿Recibir vida? ¿Ser inteligente y estar despierto? ¿Escuchar y fijarme en otros? ¿Qué he hecho a diferencia de otros? ¿Por qué yo, y no más bien mi compañero de trabajo, mi vecino de autobús, el que se sienta conmigo en el cine? ¿También ellos se preguntarán las mismas cosas?

Un título largo, al más puro estilo S. Larsson. Porque hay cosas que no se pueden reducir, ni se pueden explicar de otro modo. La cuestión es que existen, esparcidas por el mundo y en muchos corazones, preguntas que son incansables y machaconas hasta la saciedad, que vienen una y otra vez a molestar, inquietar, despertar y contravenir, que no hay silencio en el que no aparezcan, y todo suena a la misma cantinela de siempre. Tanto que es incluso frecuente que, quien las padece y sufre, sienta la imperiosa necesidad de apaciguar las bridas de su vida, soltar amarras y dejarse llevar por su furia y fuerza. A mí también me ha pasado, de hecho, me pasa. Interrogantes repetidos, repetidas ocasiones, denominadores comunes que siguen a pesar de las pausas provocadas voluntaria o involuntariamente.

Con el tiempo, he llegado a hacer mi propio elenco. Y curiosamente he descubierto que no soy el único que las tiene clavadas en el corazón. De hecho, me asombra tanta coincidencia con aquellas personas que, en ambiente de sinceridad y confianza, abren sus vidas para ser acompañadas, cuando comparto gran parte de sus más profundas impaciencias (es decir, “sin paz ni sosiego” al principio al menos).

Diría que son las siguientes:

  1. ¿Quién soy yo realmente y qué pinto en este mundo? Un clásico filosófico para los que no puede quedarse en las puertas de la reflexión teórica, y se mete hasta la cocina de la historia de quienes andan y caminan por el mundo.
  2. ¿Por qué a mí? Repetida hasta la saciedad. Nos descubre que algo nos ocurre, que no somos los únicos señores de nuestra vida, que las circunstancias nos siguen por doquier y nos tratan como seres únicos e irrepetibles. Puedes entencerlo como quieras. En positivo tiene un atractivo mayor. Sentirse privilegiado, ser receptor de la vida, de la historia, del mundo que nos rodea. El reto de comenzar y continuar sin saber bien dónde nos llevará todo, y de responder a la llamada que llevamos dentro.
  3. ¿Para qué sirve todo esto y para qué tanto esfuerzo? El interrogante de todo trabajador, de aquellos que madrugan por la mañana intentando dar cuanto son y tienen, y cosechan sin embargo no pocas frustraciones. Sin duda es fácil leerla por la parte deprimente, si bien es fácilmente transformable en su versión más enriquecida: ¿De cuánto soy capaz y quién me ha regalado tantas posibilidades? Porque está en nuestra mano atisbar las cosas desde el otro lado siempre, o al menos preguntarnos por ellas.
  4. ¿Por qué existe el mal en el mundo? De nuevo, como de costumbre, todo se vuelve crísico cuando nos encontramos presos, indigentes, débiles y mediocres. Cuando no podemos amar todo lo que vemos, o nos horroriza terriblemente la fealdad y el poder ejercido al margen de tanto sufrimiento. Ante la pregunta, dolorida y preocupada, quien se queda impasible responde del peor modo posible, continuando su espiral destructiva e indiferente. ¿Qué puedo hacer yo? Una pregunta mucho más poderosa, mucho más inquietante, mucho más poderosa. Mucho más, dicho sea de paso también, arriesgada, valiente y comprometida.
  5. ¿En qué estoy pensando? Lo dicen mis alumnos mucho; se lo dien mucho a sí mismos, en clase y fuera. Al principio por los despistes, faltas de atención y mundos paralelos en los que sueñan, desean y viven creyéndose cuanto son capaces de ver con las luces de su imaginación. Sin embargo, no deberíamos haberla perdido nunca, porque nos pone sobre aviso, nos da la pista necesaria para seguir pendientes de nosotros mismos y nuestro interior, donde nos jugamos gran parte de todo cuanto somos. Y por otro lado, también nos pide creer, más allá de la razón y de lo razonable, nos pide estar dispuesto por encima de las prudencias de nuestro mundo y de las seguridades que nos atan. ¿En qué estoy pensando? se podría transformar en ¿Por dónde se mueve mi corazón?
  6. ¿Esto que siento es amor? Que obliga a la subsiguiente: ¿Seré correspondido? La una alegra, la otra hace temblar. Y seguimos calculando si hay que dar, o no, el primer paso. Buscamos signos que nos indiquen algo más. Quizá no siempre podemos estar lo despiertos que quisiéramos para antedernos a nosotros mismos.

Todas las preguntas dichas, las expuestas anteriormente y otras tantas recurrentes y repetidas, son parte de la vida de todas las personas. Especialmente, si cabe, la última de ellas, que enlaza con todas las anteriores. Porque el amor sigue siendo lo primero y único importante en la vida de todos, pese a las múltiples capas y máscaras que pudiera dar la sensación de estar escondidos. Si no, piénsalo bien y serás testigo de todos los demás interrogantes. También de los más vocacionales. También de la pregunta sobre Dios, el Dios de la vida, el Dios de la justicia, el Dios de la providencia, el Dios del amor, el Dios del perdón, el Dios de la paz.