La verdad sobre las Redes Sociales


Como a mí estas cosas me interesan, mis amigos me ponen estos videos para comentarlos. Así que vamos a ello. Primero, mirad el video, si no lo conocéis, y después seguimos adelante.

  1. El lenguaje que utilizan en las entrevistas parece que le da más naturalidad y lo hace más real. Personalmente lo consideraría a la inversa, situándolo en un contexto social y como una entrevista realizada a un grupo de personas con un perfil concreto. Lo natural y lo vulgar no van de la mano. Personalmente da el “tono” de una conversación con jóvenes superficial, en la que prima más llamar la atención que hablar y comprender lo que pasa. Las preguntas van incidiendo en una línea única, dirigiéndose siempre hacia lo morboso. Esto no tiene nada que ver con un diálogo “libre” y con jóvenes que “pueden expresarse”. Cuando se les da la palabra, aun sin dejar de ser jóvenes y decir lo que piensan, se muestran de modo más noble. O eso, o yo tengo mucha suerte.
  2. El tono es ampliamente negativo, a mi entender, como mostrando que las redes sólo sirven para “ligar”, “mentir”, “crear vidas paralelas”, etc… Detrás de esta crítica no sé si se esconde el deseo de que esto sea así, más que un análisis de la realidad y del comportamiento de los adolescentes. La recepción acrítica de la realidad, o de la información, o de cualquier tipo de comunicación como es este caso, sin pensamiento y sin diálogo, conduce inevitablemente al pensamiento único y a la uniformación de la masa. Frente a esta opinión y peso de lo negativo, tenemos también que “educar la mirada” y, como en todo, “aprender a estar” con calidad y con criterio.
  3. Cuando se habla de los “perfiles falsos”, distinguiría entre aquellos perfiles que no corresponden a la realidad, que son inventados, personalidades creadas al efecto, y aquellas actitudes que no son enteramente auténticas. Tanto en un caso como en otro, el problema es ver esto “encerrado” en el mundo de internet, como si fuera una actitud que sólo se manifiesta en la red. Vista la sociedad en su conjunto, mejor sería decir que son “altavoces” de ritmos y dinámicas sociales permitidas y “valoradas” en cierto modo.
  4. La red social no se puede reducir a compartir vidas personales e intimidades de los individuos, como tampoco se ciñe al cotilleo. La devaluación de la palabra “amistad”, con sus implicaciones, ni de lejos creo que pueda achacarse a las redes sociales. La distinción entre “amigos” y “conocidos” es prehistórica. Internet y las redes también disponen de herramientas para crear ámbitos y espacios propicios para todo.
  5. La pregunta sigue vigente, tanto para la vida real en internet como para la vida real en las aceras o en las casas, ¿cómo y a quién le permites entrar en tu vida, cómo y en la vida de quién entras a formar parte?
  6. ¿Educamos para estar en las redes? O, dicho de forma más amplia, ¿educamos para la autenticidad, para ser críticos, para ser libres en las redes y fuera de ellas? Quizá no sea un problema específico, sino una “dinámica social” más amplia y preocupante. Jóvenes a los que se les deja solos, campando a sus anchas, sin acompañamiento. Y lo mismo digo de los adultos, que también deberían “actualizarse” en esto, para perder miedo y mirar en positivo.
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¿Por qué Twitter es una red social de éxito?


https://i0.wp.com/imagenes.publico.es/resources/archivos/2012/12/3/1354535137067benedictodn.jpgHoy, día 3 de diciembre de 2012, hemos asistido a un momento histórico. Otra generaciones vieron al Papa bajarse de la silla pontificia y nosotros hemos sido testigos de la creación de la cuenta oficial del Pontífice (@Pontifex). Nombre, dicho sea de paso, que a algunos extrañará enormemente, pero que tiene una gran conexión con la red. Su significado, constructor de puentes, viene a significar esta vinculación y conexión que se da en internet, que hay que crear, ciertamente, pero que es real a su manera. Se tiende de este modo una relación más, que en otros tiempos fue impensable.

Twitter, a mi entender, tiene grandes ventajas sobre otras redes sociales, que cuentan también con millones de usuarios. Resumiendo en exceso, quizá, diría que son estas tres fundamentalmente:

  1. La brevedad de los mensajes. Puede leerse ambiguamente como una fortaleza o una debilidad, pero me inclinaría por la primera. Mensajes sencillos, claros, que dan pie tanto a la sabiduría como a la diversión. Pueden ser noticias, reflexiones, pensamientos. Su elaboración no requiere excesivo tiempo, y supone una forma de compartir rápida. Y, además, es de fácil lectura en dispositivos móviles. Cuestión nada baladí. Dada su estructura podemos pasar por contenidos muy diversos rápidamente, que se presuponen interesantes para nosotros ya que están en nuestro TL.
  2. Comenzó como una red de prestigio, con perfiles de personas “famosas” que atrajeron rápidamente a usuarios. De forma que, una vez que estaban en la red, pasaron a ser creadores de contenido al mismo tiempo, a crear sus propias comunidades, a relacionarse entre sí a diferentes niveles. Twitter amplió las posibilidades para ordenar las relaciones directamente en el TL o a través de listas, y dividió en dos los perfiles: públicos o privados. Es decir, el punto de partida fue la creación de una comunidad con un elemento común, y después se independizó este liderazgo para crear grupos más homogéneos y simétricos.
  3. La posibilidad de vincular contenidos a la misma red. Es un canal de difusión enorme. Mundialmente utilizado. Tanto fotos, como localizaciones, como links. Todo es compartible en Twitter de manera rápida y directa. Tematizado e incrustado con hahstags y referencias que faciliten la búsqueda y la participación.  El alcance está hoy por hoy asegurado, más cuando se emplean incluso por personas corrientes programas que ayudan a comprender mejor en qué situación nos encontramos, cuáles son los mejores y los peores momentos, qué se está “moviendo” en la red con sus TT, qué interesa ahora mismo…

No me extraña, de esta manera, que se haya convertido en la elección del @Pontifex a la hora de pensar en las redes. Permite un amplio abanico de posibilidades de cara a la evangelización, a la difusión de cultura, de noticias. En caso de necesitar “algo más” con vincularlo es fácil, pero ahí quedará la reseña permanentemente. Y siempre actualizable sin excesivas complicaciones.

Lo que más tiempo va a llevar al Vaticano, por otro lado, será la selección de las palabras.

5 peligros de Twitter


Esta red social, de mensajes breves y concisos, con sus links y con sus hahstags, reúne a más de 500 millones de usuarios por todo el mundo. Al menos en cuanto al recuento de perfiles, de lo cuales unos tendrán más movimiento que otros. El caso es que con sus 300 millones de tweets diarios (haz cuentas para saber cuántos son por minuto) tiene un poder enorme. Ya somos testigos de su capacidad para convocar, para hacer pensar, para influir políticamente, para mostrar la vida cotidiana de las personas, para colarse en las casas de la gente. Con todo, constituye una realidad creciente. No sabemos qué será dentro de diez años. Por eso, conviene pensar dónde vamos, y con qué instrumentos remamos hacia el futuro.

El jueves pasado, en una agradable conversación sobre internet y “la gente” (en general), despejábamos ciertas incógnitas. Me agradan ciertas conversaciones serias, sin instrumentalizar, que se toman el tiempo suficiente para desmarañar y reconocer en qué barco estamos metidos. Señalé entonces, y comparto ahora, cinco peligros que considero reales respecto a Twitter. Los nombrábamos como “reducciones“, ante los que el “plus” de humanidad de cada uno puede dar valor a la red. La reducción, en cualquier caso, es la tendencia.

  1. La reducción del mundo. El mundo es una realidad amplia, en la que tienen cabida personas de diferentes criterios, opciones y voces. Twitter, sin embargo, impide que estas voces discordantes surjan entre otras muchas, y se muestre la pluralidad y diversidad del mundo. Sólo hace falta ver el tipo de seguidores que cada persona tiene para saber qué está sucediendo. Además, las sugerencias van siempre en línea de reforzar este micromundo, compuesto de uniformidad o de semejanzas casi exclusivas, en un mundo necesitado de mucha inclusión y diálogo.
  2. La reducción del pensamiento. Lo de los 140 caracteres tiene su belleza. Por supuesto, creo que es muy posible decir verdades sin utilizar todos ellos. Aunque también es verdad que la mayor parte de las cosas importantes requieren matices amplios y contenidos y aclaraciones. Y estos escapan a la fragilidad del tweet. Además, se van perdiendo por ahí, en el cyberespacio sin que se les dé la suficiente importancia. Lo dicho hace unos días no entra en vigor, ni provoca reflexión en muchas ocasiones. Se pierde memoria, se potencia el titular frente a la reflexión pausada. Si en alguna ocasión te has visto involucrado en una conversación en TW sabes bien a qué me refiero.
  3. La reducción de filtros. En general en toda la red, ciertamente. Un filtro sería la misma sociedad, la misma red en su conjunto, dando importancia a unos contenidos sobre otros, a unos mensajes por encima de otros. Sin embargo, supuestos el primer y el segundo punto, la necesidad de filtros personales es fundamental. Y no se da. Se puede decir cualquier cosa, y parece que no pasa nada. Por ejemplo, hablando de cyberbulling entre adolescentes, cuya realidad es creciente como es fácilmente pensable, uno de los factores que a mi modo de ver más influyen en sus comportamientos es cómo los mismos adolescentes ven que se habla en la red de otras realidades o personas, o qué tipo de bromas se gastan. Los jóvenes, de este modo, actúan de altavoces y muestran a los mayores cuál está siendo su uso real de la red  y qué están dando a conocer a otros. Incrementado por la ausencia de personas físicas y adultas con quienes hablar, y de la soledad en su uso.
  4. La reducción de la relación. Se produce una cierta “instrumentalización” y despersonalización de las relaciones en la red. No soy de quienes piensan que la red merma, de por sí, la capacidad de relación de las personas. Sí creo, firmemente, que la modifica y transforma sus hábitos y comportamientos. Lo digo con seriedad, y con fundamento. “La red ha cambiado la forma de relacionarse.” En TW, por ejemplo, se sigue o no se sigue a criterio personal y gusto, se ve o no se ve a criterio personal y gusto, se habla o no a criterio personal y gusto, se dialoga o no a criterio personal y gusto, y así sucesivamente. Incluso la valoración personal o la estima se demuestran a criterio personal y gusto. Según los datos publicados por TW el tráfico de mensajes directos, de los que convendría restar prudentemente los virus, supera el 25%. Y la mayor parte de mensajes no son personales, sino relativos a algún contenido objetivo o referidos a otros lugares de la red. Dicho de otro modo, participar de una red pública potencia también la reducción de determinadas operaciones y diálogos a “lo privado” o particular. Por otro lado, el grado de interacción personal es bajo.
  5. La reducción de los números. El mundo no es contable. No puede serlo. las matemáticas prestan un servicio indiscutible en determinados ámbitos, pero no en todos. Ni mucho menos. Todo parecen números en TW: los más citados, se convierten en TT, porque tienen más usuarios, independientemente de su calidad o del bien o mal que provoquen, y es infrenable; lo mejor parece ser “lo más” seguido, visto, leído, RT…; se hacen números con seguidos y seguidores; los expertos miden los momentos en los que debe salir un mensaje para tener mayor impacto; etc… Existe una clara reducción numérica dentro del perfil. Es lo primero que se muestra. Cantidades, dentro del mundo del dinero además. Y algunas veces pienso que así nos va.

A cada uno de estos peligros asociábamos el jueves una necesidad de humanización en la red. Que me parece lo verdaderamente importante y lo que estará siempre por hacer, aquello ante lo que permanecer atentos. Una llamada a ampliar el mundo, conocer a otros, escuchar todo. Una llamada a la reflexión y al pensamiento profundo, al conocimiento que va más allá de la opinión personal. Una llamada de atención sobre los filtros, para no abandonarse sólo en la red, con su único pensamiento, con su único instante aquí y ahora. Una llamada a la vida en la red, por encima de los números y de las cantidades, apostando por la calidad y lo humano que podamos encontrar en ella. Sin duda alguna apuesto más por las posibilidades que por los peligros. Sin duda alguna sé que hay muchos “usuarios” que se comportan como personas sin máscaras, que brindan la oportunidad de una verdadera relación (no sólo interacción de mensajes). Y, lo mejor de todo, que el alcance de TW nos lleva a la vida misma, desde la vida misma.

Si internet no te aburre, todavía no eres 2.0


El fin de semana alguien me preguntó, en los pasillos del Congreso si internet no me aburría de vez en cuando. Y le dije que sí. Es más, que me alegraba profundamente de encontrar a otra persona que pudiera compartir conmigo ese sentimiento de precariedad, dado el tiempo que le dedico a las redes sociales y a los blogs. Por supuesto que internet aburre. Es más, lo considero como criterio esencial para haber llegado a ser un verdadero hombre del mundo moderno, un hombre 2.0. Si todavía no se han experimentado las limitaciones de internet, es porque hay quienes todavía no se han dado a ellas con suficiente pasión y entrega. Y si en el mundo de las relaciones 2.0 no se ha sentido la necesidad de avanzar más allá de los contactos en 140 caracteres, dentro de los cuales de vez en cuando te pierdes y en los que no son infrecuentes los malentendidos y malinterpretaciones, entonces es que todavía queda recorrido por hacer. Pero quienes han llegado al aburrimiento, con dedicación y suficiente pasión, ya pueden gloriarse de ser 2.0.

Internet, como tantas otras cosas, resultan aburridas cuando pretenden hacerse constituirse el centro y el todo de la vida de las personas. Incluso el descanso es aburrido, y ver películas llega a serlo. Si no está ordenado y en su sitio, si se descoloca y pasa de rosca, ocupa lo que no le corresponde e intenta satisfacer lo que no puede colmar. El límite de la red lo fija, entre otras cosas, la pantalla. Y me resulta clarividente considerar qué puede y qué no puede darse a través de una pantalla para fijar límites y considerar otro tipo de dimensiones de la vida personal y social. Lo contrario, además de ingenuo y conformista, lo valoro como un grito más de desesperación moderna por autoengañarse.

Si viendo tanta gente, y hablando con tantos, no te dan ganas de compartir con ellos algo más que letras y palabras, o sentarse en la misma mesa a generar un proyecto común, todavía no eres 2.0. Si con tanta foto e imagen, con tanto video estupendo de lugares paradisiacos, no te dan ganas de viajar, no te provocan deseos de más, todavía no eres 2.0. Si con toda la información que hay en la red, con tanta lectura y con tanta expresión no te pica la curiosidad de si serías o no capaz de escribir tu propio libro, al menos una biografía de tu vida que resultara atractiva y atrayente, una vida no inventada sino verdaderamente vivida, no eres 2.0. Si con tanta herramienta no puedes crear algo nuevo, si no sientes la pasión por la vida y por la potencia creativa del hombre, entonces es que todavía estás en los márgenes del 2.0. Es más, si no te interroga la existencia, tan diversa y curiosa como se refleja en la web, cada uno con su historia, con su vida corriente, con su cultura, con su lugar, con sus preocupaciones e intereses, todavía no eres 2.0. Si tu red se reduce a ti mismo y a tus expectativas, y no ha abierto un nuevo mundo, todavía no eres 2.0.

En internet también se dan relaciones sinceras, nada superficiales


Esta tarde debatíamos en mesa ovalada sobre el tipo de relaciones que se dan en internet, y del “modo de estar” en este espacio público tan amplio y diverso. Y el tema no resulta nada fácil, ni dedicándole tiempo. Podemos hacer un análisis detallado de la situación real de jóvenes y adultos en las redes sociales, y encontraremos a ciencia cierta de todo lo habido y por haber. Desde la falsa identidad hasta la relación más auténtica. Entiendo que para valorar ambas lo que hacemos es “verlas desde fuera”. Y aquí me parece que hay un criterio que puede ser clave y decisivo a la hora de pronunciar nuestro “juicio” al respecto: a mayor autenticidad, con más facilidad traspasará los muros virtuales de la red y se encontrará en un cara a cara directo, no mediatizado; lo digo porque la “falsa identidad”, la relación pobre y engañosa se ve encerrada y limitada a la red de forma exclusiva. De modo que, para que se puedan dar relaciones no superficiales ni efímeras, ni vulgares y simplonas, hace falta introducir en la red la propia vida, estar como en la vida misma, sin que existan las famosas dicotomías y diferencias que hacemos habitualmente en la teoría. Claro que, de máscaras y engaños, ya estábamos cansados de escuchar hablar antes incluso de la era de las redes sociales. Y, si bien entiendo que hay un modo nuevo, que aprender en tanto que nuevo, de estar en la red, también es cierto que ese aprendizaje sólo es posible hacerlo haciéndolo, aceptando limitaciones y equívocos, purificando y estando despiertos a las consecuencias que se provocan. Las posibilidades y los problemas no están en la red, sino en las personas que entran a formar parte de ellas, y de sus motivaciones e intenciones.

Por lo tanto, entiendo que internet es un espacio en el que es posible, sin duda alguna, conectar algo más que ordenadores entre sí, o perfiles entre sí, o palabras entre sí, generando una verdadera comunidad, una auténtica relación personal, sea de amistad, esa de compañerismo, sea de colaboración. Y esta autenticidad, como en todo, salvará a la red de la mediocridad. Otra cosa es que, dadas las dimensiones de la vida de las personas, quiera alguien hacer valer que con todos los “amigos de facebook” o “seguidores de twitter” o “lectores de blog” se establezca el mismo grado de intensidad. Algunos todavía preguntan sobre esto, si conoces o no conoces a todos. Y la respuesta, como en la vida misma, entiendo que es un claro y rotundo no. Se establecen, como no puede ser de otro modo, grados de relación y de colaboración, de diálogo y de discusión. E insisto, ¡como en la vida misma! Y siendo como en la vida misma, entiendo por tanto que es, como poco, normal, aunque yo lo valoro como de lo más humano. El problema está en que las personas no sean capaces de graduar estas relaciones, o la dejen en dos simples planos: el público y el privado. Sin aprovechar los medios de los que dispone la misma red para hacer seguimientos diferenciados de personas, o para compartir en grupos y niveles diferentes. Insisto en que muchos de los problemas que se ponen a la red y a las redes provienen de la falta de educación y de la carencia de conocimientos suficientes sobre el medio en el que nos movemos. Somos demasiado nuevos, y nos perdemos en ocasiones y cometemos fallos. ¡Como en la vida misma!

Por otro lado, mi experiencia no puede sino invalidar las críticas que tantas veces escucho. Parto de que no es oro todo lo que reluce. ¡Como en la vida misma! Sin embargo, me quito el sombrero ante ciertos diálogos que he presenciado y en los que he participado en internet, a través de Twitter o de Facebook, y de igual modo ante conversaciones en las que, de forma clara, directa y sencilla, más de una persona -a la semana- comenta en privado alguna situación personal en forma de mensaje de búsqueda. Incluso a través de la lectura de blogs, o páginas web. Existe un mundo completo aquí, en la nube, conformado por aquello que debajo de la nube se refleja. Al igual que hay tiendas, centros comerciales, y ocio por doquier, también existen casas y viviendas acogedoras, o espacios públicos en los que conversar. Y me parece muy significativo que, lo que mayor auge tiene, sin lugar a dudas, son las redes sociales. No los blogs, con entradas largas y tediosas, sedudas y reflexivas como este blog, sino el mundo de la inmediatez de la presencia de unos con otros a través de perfiles, de fotos, de estados, de frases, de comentarios, de links, de “me gusta”, de “comparto”, y de tantas otras cosas. Sin duda alguna, y ahí están los datos para comprobarlo, lo que engancha el corazón de la persona es otra persona, con sus palabras e interrogantes. E, insisto una vez más, ¡esto da mucho que pensar!

Renovando mi Blogroll – Preguntarse


La censura de este blog Facebookistan alienta la tarea de comunicar en la que estoy implicado con muchos otros, y modera mis inocentes esperanzas sobre las redes sociales moderándolas con una prudencia que Dani (@smdani) reclamaba ya hace tiempo. No reduzco la cuestión del veto a lo tecnológico ni a la seguridad. Se trata más bien de principios, de ética, de valores, de intenciones humanas rectas o torcidas. (seguir leyendo)

Pido disculpas, nuevamente, por difundir los contenidos del blog  “Preguntarse y buscar” de forma indirecta. Pero Facebook me imposibilita para poner un link de dicho blog en la red. ¡Qué maravilla! ¡Cuánta libertad en nuestro mundo!

aNobii


Un portal web sobre libros. Así de clásico. De los de papel y de los digitales, de esos que superan en extensión a los post de los blogueros. Dándote de alta en la web pasarás a disponer de un perfil propio en el que hacer comentarios sobre los libros que has leído, y compartirlos, de modo que tu crítica personal estará a disposición de todos los usuarios, particularmente de aquellos que están interesados en la misma obra que tú.