No dejaré que Facebook cuente mi 2012


Me parece un abuso increíble que “una máquina” se pueda dedicar a estas cosas, a urgar en mi memoria y a seleccionar lo más importante de mi año, que es mi tiempo vivido y no sólo mi tiempo, con mis cosas que habrán sido en la mayor parte de las ocasiones compartidas y que precisamente por ese motivo son tan importantes. Además, actúa dando por supuesto que lo fundamental está escrito en la red, o fotografiado en la red, o compartido con todo el mundo. Me parece algo terrible y exagerado a todas luces, el colmo de la comodidad y de la pereza. A este paso no vamos a poder contar ni nuestra propia vida con libertad, haciendo saltos si conviene o adentrándonos en los sucesos según nos parezca. Saldrá un calendario del año con las doce fotografías con más votos, y a eso le llamarán vida. Ya no vamos a poder ni reflexionar sobre nosotros mismos, ni sufrir de olvido porque nos lo recordará, ni divagar en nuestro pasado sin las muletas de la tecnología. Sinceramente, me parece una ingerencia terrible, de mala educación que además malcriará a las nuevas generaciones, a esos llamados “nativos digitales” tan desacostumbrados a lo que no es efímero.

Lo tengo claro. Y os invitaría a hacer lo mismo. Si quieres contarlo, cuéntalo. Pero que no te lo cuenten, que no cuenten tu vida, que nadie tenga sobre ella una palabra más alta que la tuya, que seas tú quien decida, que seas tú quien opte. Que nos eduquemos en esta forma de estar en la red, de impedir que todo sea tan fácil, tan cómodo, tan ligero, tan superficial como en ocasiones se muestra.

Elogio de la generosidad


Más allá de todo lo calculable y lo prudente, se levanta el reino de la generosidad. Un mundo al que todos hemos tenido acceso, aunque sea secundario, a través de los relatos y testimonios de los héroes humildes de nuestro mundo, y al signo indeleble festejado en el universo. Me gusta entender que la persona generosa es aquella que entrega lo que podría quedarse y disfrutar para ella misma, la que vence el egoísmo y genera comunión con otros. Generosidad que puede comprenderse abiertamente en relación a las cosas que posee, y reducirse en algunos casos a ella, pero que se alza más gloriosa aún en tanto que se entrega a sí misma, como persona, en su vida, en su tiempo y en sus dones.

Elogio hoy lo que veo en nuestro mundo, por muy difícil que sea de alcanzarlo y por muchas preguntas que despierte en nuestro corazón. Necesitamos héroes, más de los que tenemos. Aunque los primeros pasos ya están abiertos, para quien quiera verlos, y quiera derrocharse.

  1. La generosidad de todo padre y madre con sus hijos. Al compartir una vida que bien podrían haberse guardado para ellos, con la que haber hecho innumerables viajes, comprado tantas cosas, cenado con tantos amigos, y disfrutado enormemente en el cine. Una vida que, desde el primer segundo que pisa la casa hasta ese momento suficientemente habitada, ve dilatados sus muros para acoger nuevamente a alguien, permitiéndole que distribuya y cambie juguetes y horarios en función de sus necesidades. Y alabo que este sacrificio se mantenga en el tiempo de semejante manera.
  2. La generosidad inevitablemente estúpida de los enamorados. Que ya no se comprenden para sí mismos, y se sienten perdidos sin aquella persona a la que aman y dedican poemas interiores difícilmente contenibles en versos y palabras. Generosidad que en no pocas ocasiones quiebra la estabilidad ordenada y prudente fraguada durante tiempo, y hace imposible la balanza de la dedicación personal a muchas cosas por la llamada inexplicablemente abismal a darlo todo por alguien.
  3. La generosidad del consagrado. Pasean entre los hombres, como hombres y mujeres siendo uno de tantos. No han nacido especiales a los demás, aunque la historia los haya “separado” de las vías normales y de los caminos transitados para retirarlos y consagrarlos a misiones específicas y vidas vividas en común con otras personas que han sentido la misma vocación. Alabo su generosidad, que mira en no pocas ocasiones por personas a las que no conocen, de las que no sacarán provechos, de las que no esperarán reconocimiento. Y dan lo mejor de ellos mismos sosteniendo fundamentos de nuestro mundo, caminando hacia fronteras de la humanidad, dejando su casa, sus proyectos, sus planes, y situándose a la escucha obediente del Padre por encima de su debilidad y fragilidad.
  4. La generosidad del amigo, con el amigo. Quizá sea, de entre todas las generosidades, la que se percibe con menos claridad. En nuestro mundo se entiende que es algo debido, como si fuera realmente un derecho y una obligación. Y nunca ha sido así, y nunca lo será realmente. Si el amor mueve a los amigos, el amor nunca dejará de ser libre, ni podrá esclavizarse. Y si el amor pide libertad, la solicitud de generosidad se hace imposible. Se pueden pedir esfuerzos, se puede reclamar atención, está en nuestra mano incluso mostrarnos necesitados y carentes, pero no responder. Cuando hablamos de “mover corazones”, pocas veces se nos olvida que el siguiente paso, el de la voluntad, no está a nuestro alcance. Y que todo acto generoso del amigo con el amigo, es un acto de amor sublime. Que aprendemos a normalizar, pero que debería sorprendernos para toda la eternidad, sin olvidar nunca que es gratuito. Y que aquí precisamente reside su belleza y hermosura más grande.
  5. La generosidad de quien comparte lo que necesita para sí. Es un punto más elevada, si dibujásemos una línea con escalones, de aquella generosidad enorme de quien daba lo que tenía legítimamente guardado para su propio disfrute. Aquí, en nuestro mundo, sin que muchos sepan qué puede mover a alguien a dar tanto, encontramos quienes comparten incluso aquello que es necesario para sí. Sea su tiempo de descanso detrás del cansancio del día, sea el dinero que les hacía vivir ajustados a lo imprescindible, sea el que cede sus espacios de vida, sea el que aprende a no decir no ante el otro, o incluso su propia vida. ¿Alguna vez has alcanzado, aunque sea en un pequeño momento de tu historia, este escalón? ¿Sabías que existía?
  6. El que da más de lo que tiene. También existe. ¿De dónde lo saca? Milagros de nuestro mundo. Pero existen. Los he visto. Pero daría para un post enterno, que no descarto. Sólo anotar que las lindes que trazamos, no son exactas muchas veces.  Y otras se dilatan, porque hay razones suficientes que lo hacen posible.

El elogio sería incompleto si no dedicase un párrafo a aquello que lo hace posible y lo sustenta. Vaya por delante que no lo considero un valor al alza, ni siquiera algo que se cultive entre el resto de los valores al mismo nivel. De la generosidad se habla más bien a urtadillas, se pisan sus terrenos de puntillas, aunque toda persona lo ha vivido de forma segunda en el amor de otros hacia sí misma. ¿Qué hace posible que un corazón se haga generoso? ¡El amor más grande! ¡El amor gigante, el amor de Dios! Sólo quien ha conocido la inmensidad, puede hablar de ella y vivirla. Y sólo quien otea su horizonte puede atreverse a buscarla. La generosidad es un extremo. Y como tal, sólo quien pone su vida en juego podrá, si cabe, alguna vez descubrir su fuerza.

Tres consejos simples para aquellos que simplemente buscan consejo


La tarea de aconsejar no es cualquier tarea. Aquellos que desean que alguien les pida consejo o bien son sabios y tienen mucho que aportar al mundo, o bien se limitan a un pequeño campo del saber, y dentro del mismo “controlan” del tema, o bien no han recibido nunca una pregunta inquietante e impactante, en la que otra persona siente que se está jugando la vida, o bien se trata de un imprudente. Es sabido que una de las cualidades más importantes de un consejero es la prudencia, más allá incluso de su sabiduría o de su competencia. Se trata de personas que saben de qué hablan y cuándo deben hablar y callar, cómo decir las cosas y en qué grado.

Pero si eres alguien que busca consejo, te aconsejo tres cuestiones:

  1. Primero, que formules bien tu pregunta. Puedes dar a entender algo distinto de lo que andas buscando, puedes despistar tanto como centrar por medio de tus preguntas. Alguien sabio sabrá por dónde vas, pero como es prudente se ceñirá a lo que seas capaz de decir.
  2. Segundo, en línea con lo anterior, busca a alguien sabio a quien preguntar. No a cualquier persona. Si andas inquieto, no te conformes con las respuestas que te mantienen en tu inquietud, y aventúrate a algo más de lo que hasta ahora has encontrado. Aclárate, porque seguramente tendrás alguien sabio a quien preguntar más o menos cerca. Interésate en un cuentro cara a cara con él, donde puedas hablar y podáis dialogar. Así el primer punto tendrá menos puntos débiles.
  3. Tercero, coge el consejo a la vez con pasión y distancia. La decisión, detrás de un buen consejo, seguirá siendo tuya. Un buen consejero te hará más libre y más competente para obrar por ti mismo. En caso contrario, o bien no has encontrado alguien digno de confianza, que probablemente quiera vivir en ti lo que él no ha podido vivir en él mismo, y no sea realmente sabio consiguientemente, o bien serás tú quien está buscando un abrigo cómodo y fácil para escabullirte de tu máxima responsabilidad para contigo mismo, y más que padre querrás encontrar una ley y código que te permita seguir cómodamente instalado en lo de siempre. Y lo de siempre, por lo que ves, no te ha valido.

Por cierto. Si algo de los tres puntos no te sirve, tíralo a la basura. Al final del consejo, más allá de consejeros, sabios, palabras y demás, está tu vida, que es lo verdaderamente importante. Tu vida, tu libertad, tu felicidad, tu encuentro y tu búsqueda.

Planificar, moderadamente y prudentemente y sensatamente e inteligentemente


Sigo varias páginas que con frecuencia facilitan artículos sobre productividad, organización en el trabajo, eficiencia y eficacia. Entre las mejores, sin duda alguna, destacaría ThinkWasabi y FacileThings. Recomiendo leer (con sentido crítico y pensando, sin tragarse todo, por supuesto) cualquiera de sus artículos. En ambas encontrarás elementos muy prácticos para potenciar y ordenarla vida diaria en orden al trabajo y a la satisfacción personal con tus tareas diarias, y de vez en cuando alguna que otra pista muy práctica para algo más. Porque somos, y conviene recordarlo dado el énfasis social que hay sobre la productividad y la eficacia, algo más que trabajo. En cualquier caso, somos personas que trabajamos. Y siempre, algo más que personas que trabajamos.

Saliéndome de los márgenes del ámbito laboral, siempre pequeños respecto a la vida y sus preocupaciones y anhelos, una buena dosis de orden y planificación no nos vendría mal. Saber qué queremos, a dónde vamos o estamos yendo, qué nos ocurre, cómo podemos afrontar determinadas decisiones y retos, colocar las cosas en su sitio para que no se desmadre todo y se mezclen aquellas que provocan interferencias, incluso aprender a decir no cuando no se tienen habilidades sociales básicas. Sin embargo, no podemos pretender ni controlar todo, ni someter todo, ni vivir afanados en que nada se salga del carril que teníamos previsto, ni rechazar las interferencias, ruidos y sorpresas de la vida cotidiana. De hecho, más bien diría lo contrario: si en el trabajo hay que mantener un ritmo productivo constante y fuerte que garantice algo más que un orden general, en la vida diaria se trataría más bien de acoger las sorpresas y los avatares de la existencia. Porque en ellos, entre otras cosas, está gran parte de la esencia del ser humano, y porque recibimos más de la vida de lo que somos capaces de dar.

Al respecto de este sano descontrol y valiente desprotección y confianza, me permito añadir algún que otro punto que nos puede ayudar a pensar:

  1. Tendemos, y tenemos esa tentación continuamente, a anticipar excesivamente lo que va a suceder. Sobre todo a los demás. Hay anticipaciones que son excesivas, que conducen a otros por sendas que todavía no han pisado y que no tendrían, quizá, que pisar sin nuestra presión. Si alguien es joven, parece que esperamos que haga locuras. Si alguien está enfermo, que viva triste. Si alguien celebra su cumpleaños, desea que la feliciten. Si alguien es ciego, hay que ayudarle. Y así vamos por la vida adelantando lo que todavía no ha pasado. En lugar de esta actitud tan enfermiza, propongo acompañar a los demás en lo que vivan, sea la tristeza, sea la alegría, sea el ánimo o el desánimo. Pero ante todo, dejar que otros vivan. Y en cualquier caso, atender a lo único importante, que es el amor, la cercanía, la disponibilidad y el apoyo que podamos brindar. Así nos enriqueceremos más, y daremos lo que realmente importa.
  2. Aceptar la ignorancia sobre nuestra vida y futuro, y nuestra condición humana. Para lo bueno y para lo mano, esta desprotección pertenece a nuestra esencia. Y conforma su hermosura. Si nos damos cuenta, habitualmente somos poco comedidos con nuestros planes y proyectos: o bien alcanzarlos provoca demasiado estrés personal y en las relaciones, o bien nos reducen apocadamente por debajo de nuestras posibilidades. En este sentido comprendo perfectamente el énfasis que se pone en señalar que lo importante es el presente, el ahora, lo que llevamos entre manos. En este sentido, tendríamos que estar preparado para más de lo que pensamos y para menos perfección de la que soñamos.
  3. Aprender a disfrutar y aprender a aprender. Que se agruparían en aprender a vivir, sin más. Nuestras decisiones y reacciones más frecuentes son fácilmente reductibles a unas cuantas que no suman los dedos de las manos, de las que deberíamos tomar nota conscientemente. De este modo, cultivaríamos la verdad y sinceridad que tanta falta nos hace. Y sobreponiéndonos y sobrellevándolas bien, conseguiríamos educarnos en el núcleo de nuestras decisiones, profundizando en él cada vez más. Disfrutar, que más que placer continuo y desmedido, consiste en dar lo mejor de lo que somos capaces. Sin conformarnos con menos. Camino que, sin ser fácil y sencillo, intensifica y dignifica.
  4. Romper moldes, que en otros tiempos eran útiles y servían, para conservar y guardar la esencia que portan. Porque muchas cuestiones sociales, también las religiosas, han quedado encerradas entre las paredes que en otros tiempos tenían el privilegio de potenciarlas. La rutina, con todas sus bondades, también nos impide ver, escuchar y palpar con claridad. Y sin que se pueda romper todo, del todo, de vez en cuando conviene salir de los caminos trazados para contemplar más nítidamente qué estamos haciendo y por qué. Romper moldes demanda libertad, como también aceptar la rutina.
  5. Afinar los sentidos a lo novedoso y lo sorprendente. Quizá, si te esfuerzas en planificar todo y con detalle, veas cuántas cosas se salen de lo corriente, de lo normal y de lo controlable. Planifica tres días, y verás que no se puede ser fiel a todo ni dominar todo, a no ser que te quedes solo, y ni siquiera en esos casos. Con tres días, es suficiente para hacerte ver que no llegarás fiel al final de ellos. La fidelidad humana siempre es limitada. Todo aquello que se salga del proyecto fijado será para ti novedad y sorpresa, lo descabalará todo y te enseñará algo más de lo que, me atrevería a decir “incluso”, te atreves a ver cada día. Y cada día, suceden estas sorpresas. Las grandes decisiones no controlan lo cotidiano, no intentan asegurarse la existencia en todo. Como no se puede “todo” hay que escoger qué es lo fundamental, y quedarse asentado en ello. Es un sueño torpe e incalcanzable para el ser humano vivir la libertad despegada de la confianza.

Indicaciones para leer un salmo


Recibo un email, en el que un amigo de una pareja que voy a casar, me pide indicaciones precisas una semana antes sobre cómo leer el salmo el sábado en el que esta pareja estupenda contraerá matrimonio para siempre. No conozco a esta persona en persona. Le respondo, hoy que es jueves por la noche, enviándole indicaciones precisas y un .pdf con el ritual. Me parece tan graciosa la respuesta que la comparto con todos los que quieran leerla para aprender la lección.

Creo que hay bastantes personas que en la Iglesia tienen miedo a leer en público, les da vergüenza, o no tienen frescura suficiente. Con unas pocas indicaciones, empezar leyendo los salmos puede ser una forma excelente de vencer el miedo y hacer un servicio fundamental a la Asamblea y la Celebración.

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Un saludo,  X. Tienes un apellido famoso. Ya te lo habrán dicho.

Siento la demora, aunque todavía queda mucho tiempo. Soy de los que va al límite por la vida. Aunque admiro a personas tan previsoras como vosotros.

  1. El salmo está en la página 4 del .pdf que te paso. En la parte superior de la página debe poner precisamente Salmo. ¡No tiene pérdida! Léelo con tranquilidad, primero para ti, y después en voz alta tú solo. Llegará el día, ya se acerca, en que lo “cantarás” ante amigos y desconocidos. Si les miras a los ojos, porque te lo sabes, quedarás muy bien y te dará seguridad. Y conseguirás que te escuchen más.
  2. ¿Cuándo hay que “salir a escena”? Entre la primera lectura y la segunda, siempre antes del Evangelio. ¡Fácil! Pero por si fuera difícil, no te preocupes: ¡Yo te avisaré! De otras cosas no sé mucho, pero en esto de bodas y celebraciones, ¡controlo una barbaridad!
  3. ¿Desde dónde lo leerás? En nuestro caso será desde el ambón. Es decir, desde el mismo lugar en el que leerán tu predecesor y quien lea después. Luego iré yo, y después de mí Y. No hay muchos más lugares para leer.
  4. ¿Cómo leerlo? Todo salmo tiene una parte común y unas estrofas que sólo leerás tú. Se intercalan, como dialogándose, unas y otras. De modo que es muy importante que leas con claridad lo que la gente tiene que responder. Lo mejor es leer sereno, pausado y con alegría. ¡Sonríe! Si no lees con claridad, lo peor que puede pasar es que la gente no sepa ni que tiene que repetirlo, ni qué tiene que repetir, y entonces te pondrás nervioso, sudarás mucho con una corbata que te estrangulará, dejarás de sonreír, querrás terminar cuanto antes, te trabarás y confundirás, leerás tan rápido que será un desastre que quedará permanentemente grabado en el video de la boda. Yo expresamente le pido al cámara –metonimia, estoy poético hoy- que ese momento no se lo pierda. ¡Queda muy bien en el video! ¡Un recuerdo que los novios no olvidarán jamás! ¡El amigo que leyó el salmo! Ah, y que no se me olvide que habitualmente al terminar, por el deseo de salir corriendo de allí, los salmistas suelen tropezarse en las escaleras. Por eso entiendo que desees prepararlo con mucho ahínco y finura.

Jejeje… Te ha tocado el cura gracioso que de la madrugada prepara las bodas de sus amigos y sabe mecanografía moderna. Espero que seas gracioso.  La novia siempre le ríe las gracias al novio. Espero no ser menos en esto. Así que, querido X, todo lo anterior no pasará ¡Espero! Si pasa, que sea con solemnidad. ¡Nos reiremos un rato! Tienes asegurado que yo al menos, y unos cuantos, te responderé cuando convenga, y animaré a la gente a hacer lo mismo. Es súper-sencillo leer el salmo. Pero no te olvides de sonreír.

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Terminé la carta firmando. Y pensé en toda la gente que, a lo largo y ancho del mundo, tiene trato frecuente y asiduo con la Palabra de Dios. ¡Qué maravilla! Ellos sabrán de la belleza de este libro compuesto por 150 salmos, de diversa extensión y motivo, y que acompañan siempre la oración de la Iglesia. Hay días que invitan a cantar la creación, otros a pedir perdón, otros a suplicar la salvación, otros incendian de amor, otros promueven la confianza y la felicidad, otros otras cosas, y siempre con la sensación de estar orando ante el Padre con palabras que él mismo nos regala, y que por tanto, ha escuchado más de una vez. En resumidas cuentas, ¡una maravilla! Y a quienes cumplen este servicio en la comunidad, de lectores y salmistas, ¡muchas gracias por su buen hacer!

Criterios para la programación educativa 2.0


Soy de esos profesores a los que les gustaría tener todo claro y definido desde el inicio del curso. Paso a paso, actividad tras actividad, y completar y mejorar flexiblemente a lo largo de las sesiones. No es la primera vez que me enfrento a nuevas asignaturas, y reconozco que se me plantean siempre las mismas dudas. Disfruto la innovación, me gusta aprender de lo propio y de otros, y ando siempre inquieto. Y para los que estamos dentro de este perfil las Nuevas Tecnologías nos aportan un mundo nuevo que explorar y que pensar.

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“Teológica I. La verdad del mundo”, H. U. von Balthasar


Este libro (“Teológica I. La verdad del mundo“, H. U. von Balthasar) comienza con una pregunta que no puede dejarme indiferente, y ante la que me encuentro tan pequeño en conocimientos como firme en la fe. “¿Qué significa “verdad” en el acontecimiento de la revelación de Dios a través de la encarnación del Logos y la efusión del Espíritu Santo?” (p.11) Pequeño en cuanto que me parece que está escrita de una manera tal que impresiona a cualquiera, y pocos pueden comprender del todo. Y firme en la fe, porque diga lo que diga el libro, también es cierto que debo poner en juego mi propia vida y experiencia; y en ella sé que el Señor está vivo, presente y da vida.

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