Adviento, también en Internet


No sé si te has enterado que el tiempo de la esperanza, y de la espera, llega este año el primer día de diciembre. Un mes por otro lado curioso, porque cuenta con 5 domingos y 5 lunes, lo cual sólo sucede cada más de 850 años. Haz la cuenta y te saldrá, aunque no esperarás para ver el siguiente.

El Adviento, como es más importante, lo tenemos cada año. Un tiempo, como digo, para embarazarse con la vida, para dejar que en nosotros prenda el Evangelio, para acoger la Buena Noticia. Un tiempo para sufrir la esperan por el cumplimiento de la promesa, y al tiempo disfrutar de la seguridad de quien nos la ha anunciado.

Con sencillez, propongo mis tres propósitos para estos días, que nos llevarán a la Celebración de la Navidad:

  1. Hablar cada día con, al menos, una persona de forma privada tanto en Facebook como en Twitter. Al principio pensé en ser yo quien llevase esperanza, en decir algo, en anunciar algo. Pero me quedo con hablar, por no ser tan pretencioso. ¿Y si son los demás los que tienen que poner esta alegría en mi vida? En cualquier caso, el Adviento, como tiempo de la promesa, también genera pueblo y comunión en torno a lo que se aguarda y desea alcanzar. Y estoy convencido que podré entablar conversaciones estupendas sobre la esperanza en la red. Lo que surja… ¡en manos del Señor!
  2. Cada día, un tweet de una frase del nuevo libro de Benedicto XVI sobre “La infancia de Jesús”. De verdad, lo de la mula y el buey ha sido un regalo mediático. No sabéis la cantidad de personas que han preguntado, y con quienes he podido hablar. Si alguien os pregunta decid que ese tema está en la página 76 del libro. Y animad a que la lean. Ayer terminé la primera lectura, estoy con la segunda. Esta vez subrayando “tweets”. Los compartiré bajo el hahstag #LaInfanciaDeJesus. Nada más fácil. Si os animáis, dad a RT. En Facebook haré lo mismo, pero con una foto. Si quieres, comparte.
  3. Lanzando búsquedas, del día a día. Llevo tiempo hablando, por aquí y por allí, de temas vocacionales, de búsquedas, de vida nueva que debe surgir y dar luz. No me imagino a nadie de casualidad en el mundo. Aunque me duelan algunas situaciones. Todos están en el mundo por algo, y algo grande. Dios lo ha querido, y Dios los ha querido. Aunque sienta cercanas a personas que se viven a sí mismas como perdidas, inquietas, sin saber bien si Alguien ha pensado en ellas o no. Aunque vea a más de uno distraido. Esto lo haré en mi blog de Pequeñas cosas.
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5 peligros de Twitter


Esta red social, de mensajes breves y concisos, con sus links y con sus hahstags, reúne a más de 500 millones de usuarios por todo el mundo. Al menos en cuanto al recuento de perfiles, de lo cuales unos tendrán más movimiento que otros. El caso es que con sus 300 millones de tweets diarios (haz cuentas para saber cuántos son por minuto) tiene un poder enorme. Ya somos testigos de su capacidad para convocar, para hacer pensar, para influir políticamente, para mostrar la vida cotidiana de las personas, para colarse en las casas de la gente. Con todo, constituye una realidad creciente. No sabemos qué será dentro de diez años. Por eso, conviene pensar dónde vamos, y con qué instrumentos remamos hacia el futuro.

El jueves pasado, en una agradable conversación sobre internet y “la gente” (en general), despejábamos ciertas incógnitas. Me agradan ciertas conversaciones serias, sin instrumentalizar, que se toman el tiempo suficiente para desmarañar y reconocer en qué barco estamos metidos. Señalé entonces, y comparto ahora, cinco peligros que considero reales respecto a Twitter. Los nombrábamos como “reducciones“, ante los que el “plus” de humanidad de cada uno puede dar valor a la red. La reducción, en cualquier caso, es la tendencia.

  1. La reducción del mundo. El mundo es una realidad amplia, en la que tienen cabida personas de diferentes criterios, opciones y voces. Twitter, sin embargo, impide que estas voces discordantes surjan entre otras muchas, y se muestre la pluralidad y diversidad del mundo. Sólo hace falta ver el tipo de seguidores que cada persona tiene para saber qué está sucediendo. Además, las sugerencias van siempre en línea de reforzar este micromundo, compuesto de uniformidad o de semejanzas casi exclusivas, en un mundo necesitado de mucha inclusión y diálogo.
  2. La reducción del pensamiento. Lo de los 140 caracteres tiene su belleza. Por supuesto, creo que es muy posible decir verdades sin utilizar todos ellos. Aunque también es verdad que la mayor parte de las cosas importantes requieren matices amplios y contenidos y aclaraciones. Y estos escapan a la fragilidad del tweet. Además, se van perdiendo por ahí, en el cyberespacio sin que se les dé la suficiente importancia. Lo dicho hace unos días no entra en vigor, ni provoca reflexión en muchas ocasiones. Se pierde memoria, se potencia el titular frente a la reflexión pausada. Si en alguna ocasión te has visto involucrado en una conversación en TW sabes bien a qué me refiero.
  3. La reducción de filtros. En general en toda la red, ciertamente. Un filtro sería la misma sociedad, la misma red en su conjunto, dando importancia a unos contenidos sobre otros, a unos mensajes por encima de otros. Sin embargo, supuestos el primer y el segundo punto, la necesidad de filtros personales es fundamental. Y no se da. Se puede decir cualquier cosa, y parece que no pasa nada. Por ejemplo, hablando de cyberbulling entre adolescentes, cuya realidad es creciente como es fácilmente pensable, uno de los factores que a mi modo de ver más influyen en sus comportamientos es cómo los mismos adolescentes ven que se habla en la red de otras realidades o personas, o qué tipo de bromas se gastan. Los jóvenes, de este modo, actúan de altavoces y muestran a los mayores cuál está siendo su uso real de la red  y qué están dando a conocer a otros. Incrementado por la ausencia de personas físicas y adultas con quienes hablar, y de la soledad en su uso.
  4. La reducción de la relación. Se produce una cierta “instrumentalización” y despersonalización de las relaciones en la red. No soy de quienes piensan que la red merma, de por sí, la capacidad de relación de las personas. Sí creo, firmemente, que la modifica y transforma sus hábitos y comportamientos. Lo digo con seriedad, y con fundamento. “La red ha cambiado la forma de relacionarse.” En TW, por ejemplo, se sigue o no se sigue a criterio personal y gusto, se ve o no se ve a criterio personal y gusto, se habla o no a criterio personal y gusto, se dialoga o no a criterio personal y gusto, y así sucesivamente. Incluso la valoración personal o la estima se demuestran a criterio personal y gusto. Según los datos publicados por TW el tráfico de mensajes directos, de los que convendría restar prudentemente los virus, supera el 25%. Y la mayor parte de mensajes no son personales, sino relativos a algún contenido objetivo o referidos a otros lugares de la red. Dicho de otro modo, participar de una red pública potencia también la reducción de determinadas operaciones y diálogos a “lo privado” o particular. Por otro lado, el grado de interacción personal es bajo.
  5. La reducción de los números. El mundo no es contable. No puede serlo. las matemáticas prestan un servicio indiscutible en determinados ámbitos, pero no en todos. Ni mucho menos. Todo parecen números en TW: los más citados, se convierten en TT, porque tienen más usuarios, independientemente de su calidad o del bien o mal que provoquen, y es infrenable; lo mejor parece ser “lo más” seguido, visto, leído, RT…; se hacen números con seguidos y seguidores; los expertos miden los momentos en los que debe salir un mensaje para tener mayor impacto; etc… Existe una clara reducción numérica dentro del perfil. Es lo primero que se muestra. Cantidades, dentro del mundo del dinero además. Y algunas veces pienso que así nos va.

A cada uno de estos peligros asociábamos el jueves una necesidad de humanización en la red. Que me parece lo verdaderamente importante y lo que estará siempre por hacer, aquello ante lo que permanecer atentos. Una llamada a ampliar el mundo, conocer a otros, escuchar todo. Una llamada a la reflexión y al pensamiento profundo, al conocimiento que va más allá de la opinión personal. Una llamada de atención sobre los filtros, para no abandonarse sólo en la red, con su único pensamiento, con su único instante aquí y ahora. Una llamada a la vida en la red, por encima de los números y de las cantidades, apostando por la calidad y lo humano que podamos encontrar en ella. Sin duda alguna apuesto más por las posibilidades que por los peligros. Sin duda alguna sé que hay muchos “usuarios” que se comportan como personas sin máscaras, que brindan la oportunidad de una verdadera relación (no sólo interacción de mensajes). Y, lo mejor de todo, que el alcance de TW nos lleva a la vida misma, desde la vida misma.

El valor del RT (retuitear) o SHARE (compartir)


La imagen lo dice todo. Al menos de los números. Aunque falla en sus cálculos. Haz la prueba, mínimamente, y sabrás a qué me refiero. Para medir el impacto de algo compartido son insuficientes los números, las calculadoras y los programas auxiliares.

Me encanta compartir en la red. Lo reconozco. Lo dicho aquí sobre Twitter principalmente, lo exitiendo a Facebook con mayor claridad incluso. Creo que una maravilla incalculable que tiene nuestro mundo a diferencia de cualquier generación anterior de la historia de la humanidad. Nuestra capacidad para hacer llegar información de un sitio a otro, de persona a persona, en cuestión de segundos, de ofrecer una frase interesante, un artículo valioso, una idea que a alguien le pueda ser útil, un texto que pueda despertar un sentimiento, emoción o poner luz en una persona a quien, muchas veces, ni siquiera conozco cara a cara… y más… me parece sorprendente. Y esa capacidad de compartir se simplifica a través del botón “compartir” y un RT sencillo. (Por cierto, que tienen todo el derecho del mundo, para quienes no sepan RT es “retuitear” o “hacer llegar a los seguidores que tengas en Twitter un tweet de otra persona a la que a su vez tú sigues”).

Mis tres razones principales por las que hago RT son las siguientes:

  1. Porque hay personas estupendas que encuentran cosas estupendas que tienen que llegar a otras personas estupendas. De esta manera, a través del RT se prolonga la vida del tweet en el espacio virtual (llega a más gente y se extiende en la red) y en el tiempo (dado que permanecerá en más TL, sucesivamente, dando la oportunidad a otros a que también retuiteen a su vez si les ha parecido interesante). Creo que el mundo está lleno de maravillas que deberían conocerse y publicitarse más, por encima incluso de tantas desgracias e insatisfacciones que se muestran en los medios. En las manos de los usuarios más sencillos está el “darle un giro” a la capacidad de información y comunicación y ofrecer alternativas reales, proyectos concretos, experiencias y vidas hermosas que no saldrán en los medios de masas porque no interesa al “status quo” o porque no será rentable económicamente o no potenciará la cultura habitual de la superficilidad y el consumo en el que vivimos.
  2. Porque es un modo de que personas estupendas tengan referencia en la red de otras personas estupendas que no conocerían si no es a través de un RT, de modo que se abre la posibilidad de que se conozcan. Dicho de otro modo, quizá más potente incluso, hay gente que debería conocerse entre sí. Darle al RT es ofrecer ese canal, y quién sabe dónde nos llevará semejante capacidad para las relaciones como estamos despertando. Inquietudes similares, ideas que van convergiendo aunque surgieran en principio en soledad y en paralelo. Y vidas que se van entrecruzando. Siempre se corre el riesgo de lo que pasará, de lo que puede suceder. Pero abrimos puertas. Del RT nunca elimino la referencia personal precisamente por esto. Es más, hay personas de las que casi ni miro el contenido porque me parece interesante de por sí difundir la tarea y la vida de él o ella en concreto, por encima incluso de sus contenidos.
  3. Quizá en último lugar, el hacer “propio” el tweet de otros. Es muy simbólico, evidentemente no se reduce a coger o apropiarse. Es reconocer que algo ha sido especialmente valioso en un día concreto, que me interesaría que todos supiesen que he leído esto o aquello, que podamos dialogarlo, debatirlo y realizarlo cada uno allí donde esté. Y también, cómo no, quedármelo durante un tiempo para poder volver sobre el mensaje; o bien quedármelo en la memoria porque no he podido dedicarle el tiempo suficiente. Me parece una manera excelente de hacer “vida” sin que todo sea “mío”, porque lo cierto es que mucho de lo que vivo -fuera de la red- no puedo considerarlo en exclusividad, sino en referencia a otros, en atención y relación a circunstancias…

Todo esto no tendría sentido para mí sin una imagen positiva del mundo en el que vivo. Más que positiva, esperanzada. Empiezo a confiar en la capacidad transformadora -ya ha empezado el baile- de las redes sociales para dar un giro a más de una cosilla del mundo en el que vivimos.

Si internet no te aburre, todavía no eres 2.0


El fin de semana alguien me preguntó, en los pasillos del Congreso si internet no me aburría de vez en cuando. Y le dije que sí. Es más, que me alegraba profundamente de encontrar a otra persona que pudiera compartir conmigo ese sentimiento de precariedad, dado el tiempo que le dedico a las redes sociales y a los blogs. Por supuesto que internet aburre. Es más, lo considero como criterio esencial para haber llegado a ser un verdadero hombre del mundo moderno, un hombre 2.0. Si todavía no se han experimentado las limitaciones de internet, es porque hay quienes todavía no se han dado a ellas con suficiente pasión y entrega. Y si en el mundo de las relaciones 2.0 no se ha sentido la necesidad de avanzar más allá de los contactos en 140 caracteres, dentro de los cuales de vez en cuando te pierdes y en los que no son infrecuentes los malentendidos y malinterpretaciones, entonces es que todavía queda recorrido por hacer. Pero quienes han llegado al aburrimiento, con dedicación y suficiente pasión, ya pueden gloriarse de ser 2.0.

Internet, como tantas otras cosas, resultan aburridas cuando pretenden hacerse constituirse el centro y el todo de la vida de las personas. Incluso el descanso es aburrido, y ver películas llega a serlo. Si no está ordenado y en su sitio, si se descoloca y pasa de rosca, ocupa lo que no le corresponde e intenta satisfacer lo que no puede colmar. El límite de la red lo fija, entre otras cosas, la pantalla. Y me resulta clarividente considerar qué puede y qué no puede darse a través de una pantalla para fijar límites y considerar otro tipo de dimensiones de la vida personal y social. Lo contrario, además de ingenuo y conformista, lo valoro como un grito más de desesperación moderna por autoengañarse.

Si viendo tanta gente, y hablando con tantos, no te dan ganas de compartir con ellos algo más que letras y palabras, o sentarse en la misma mesa a generar un proyecto común, todavía no eres 2.0. Si con tanta foto e imagen, con tanto video estupendo de lugares paradisiacos, no te dan ganas de viajar, no te provocan deseos de más, todavía no eres 2.0. Si con toda la información que hay en la red, con tanta lectura y con tanta expresión no te pica la curiosidad de si serías o no capaz de escribir tu propio libro, al menos una biografía de tu vida que resultara atractiva y atrayente, una vida no inventada sino verdaderamente vivida, no eres 2.0. Si con tanta herramienta no puedes crear algo nuevo, si no sientes la pasión por la vida y por la potencia creativa del hombre, entonces es que todavía estás en los márgenes del 2.0. Es más, si no te interroga la existencia, tan diversa y curiosa como se refleja en la web, cada uno con su historia, con su vida corriente, con su cultura, con su lugar, con sus preocupaciones e intereses, todavía no eres 2.0. Si tu red se reduce a ti mismo y a tus expectativas, y no ha abierto un nuevo mundo, todavía no eres 2.0.

Internet, una ventana que no está abierta al mundo


Soy de los que creen abierta y decididamente en la red y en las redes sociales. Participo con asiduidad en ellas, y con frecuencia me cuestiono sobre sus muchas posibilidades. Las herramientas que facilitan la participación y difusión de contenidos crecen día a día, hasta el punto de que estar a la última sea el privilegio de unos pocos. De entre sus muchas grandezas, por encima de todas destaca la capacidad de relacionar a unos y otros, de aquí y de allá. Sin embargo, esta facilidad para crear nuevos mundos y conexiones me parece, a la vez, tremendamente peligroso. Presentar, sin más, internet como una ventana abierta al mundo me parece una definición muy limitada, si ello no conlleva el esfuerzo de abrir cada uno la ventana de su ordenador y de la red a otros, sin cerrarse a la selección de personas que configuren un mundo virtual e irreal, de similares y adeptos, de características idéntidas. De hecho, es el criterio que se impulsa desde las mismas redes, asociar a los parecidos.

  1. Internet puede ser una ventana. Y quedarse en eso, una ventana. Nada más más que una ventana cerrada, que hay que abrir y a la que hay que asomarse. Una ventana que tiene la cualidad de abrirse para mostrar distintos paisajes, pero que puede repetirse a sí misma una y otra vez, encerrados continuamente en las mismas cosas y en los mismos detalles, y en las mismas personas, y en las mismas acciones de siempre.
  2. Abrir las ventanas, que corra el aire. Evidentemente, no todo se queda en mirar. También internet invade y entra en la vida de las personas que se asoman. Lo cual tiene, y cualquiera puede darse cuenta de ello, sus riesgos y desventajas. Sobre todo cuando no se han cultivado espíritus críticos, o capaces de interpretar leyendo o recibiendo imágenes, o dialogando en la red. Podemos recibir de todo. Sin embargo este “hacer de todo” suele referirse a “hacer lo extraño y lo que no haríamos normalmente”, lo cual significa ese “de todo” prescinde de mucho.
  3. El esfuerzo de abrir bien la ventana, de par en par. Me parece que asumir las limitaciones de una ventana para mirar significa asumir el riesgo de oír y encontrarse con la diferencia. Lo contrario cultivaría en bucle el ensimismamiento, la peor de las cerrazones posibles creyendo que mirarmos el mundo de par en par. La diferencia somete nuestras opiniones y juicios a algo más, a la crítica y a la justificación, y nunca estaremos sobradamente agradecidos a su impulso y fuerza.
  4. La mera curiosidad. Mirar, sin dar ni un paso más allá, sólo es eso, mirar. Como quien lee sin decir que lee, como quien mirar sin decir que mira. Intenet tiene el peligro, que no aceptaríamos en la vida cotidiana, de la curiosidad persecutiva escondida en su propia ventana, viendo pasar cada día las mismas personas, sin bajar nunca a la calle a dialogar con ellos o a hacer algo más.

Cuando leo en mi TL siempre lo mismo me entra algo de preocupación, porque sé que el mundo en el que vivo es diverso, y esa diversidad le daña cuando no se ofrece la posibilidad de diálogo, o se brinda la posibilidad del encuentro, o se siente la necesidad de verse encerrado en lo mismo y lo mismo, y más y más de lo mismo, en la repetición escandalosa, en la vulgar consideración de lo exclusivo que lleva, sin saber bien cómo a excluir y sentirse excluido. Internet no puede convertirse en la única ventana abierta al mundo, ni dar por supuesto que así es.

En internet también se dan relaciones sinceras, nada superficiales


Esta tarde debatíamos en mesa ovalada sobre el tipo de relaciones que se dan en internet, y del “modo de estar” en este espacio público tan amplio y diverso. Y el tema no resulta nada fácil, ni dedicándole tiempo. Podemos hacer un análisis detallado de la situación real de jóvenes y adultos en las redes sociales, y encontraremos a ciencia cierta de todo lo habido y por haber. Desde la falsa identidad hasta la relación más auténtica. Entiendo que para valorar ambas lo que hacemos es “verlas desde fuera”. Y aquí me parece que hay un criterio que puede ser clave y decisivo a la hora de pronunciar nuestro “juicio” al respecto: a mayor autenticidad, con más facilidad traspasará los muros virtuales de la red y se encontrará en un cara a cara directo, no mediatizado; lo digo porque la “falsa identidad”, la relación pobre y engañosa se ve encerrada y limitada a la red de forma exclusiva. De modo que, para que se puedan dar relaciones no superficiales ni efímeras, ni vulgares y simplonas, hace falta introducir en la red la propia vida, estar como en la vida misma, sin que existan las famosas dicotomías y diferencias que hacemos habitualmente en la teoría. Claro que, de máscaras y engaños, ya estábamos cansados de escuchar hablar antes incluso de la era de las redes sociales. Y, si bien entiendo que hay un modo nuevo, que aprender en tanto que nuevo, de estar en la red, también es cierto que ese aprendizaje sólo es posible hacerlo haciéndolo, aceptando limitaciones y equívocos, purificando y estando despiertos a las consecuencias que se provocan. Las posibilidades y los problemas no están en la red, sino en las personas que entran a formar parte de ellas, y de sus motivaciones e intenciones.

Por lo tanto, entiendo que internet es un espacio en el que es posible, sin duda alguna, conectar algo más que ordenadores entre sí, o perfiles entre sí, o palabras entre sí, generando una verdadera comunidad, una auténtica relación personal, sea de amistad, esa de compañerismo, sea de colaboración. Y esta autenticidad, como en todo, salvará a la red de la mediocridad. Otra cosa es que, dadas las dimensiones de la vida de las personas, quiera alguien hacer valer que con todos los “amigos de facebook” o “seguidores de twitter” o “lectores de blog” se establezca el mismo grado de intensidad. Algunos todavía preguntan sobre esto, si conoces o no conoces a todos. Y la respuesta, como en la vida misma, entiendo que es un claro y rotundo no. Se establecen, como no puede ser de otro modo, grados de relación y de colaboración, de diálogo y de discusión. E insisto, ¡como en la vida misma! Y siendo como en la vida misma, entiendo por tanto que es, como poco, normal, aunque yo lo valoro como de lo más humano. El problema está en que las personas no sean capaces de graduar estas relaciones, o la dejen en dos simples planos: el público y el privado. Sin aprovechar los medios de los que dispone la misma red para hacer seguimientos diferenciados de personas, o para compartir en grupos y niveles diferentes. Insisto en que muchos de los problemas que se ponen a la red y a las redes provienen de la falta de educación y de la carencia de conocimientos suficientes sobre el medio en el que nos movemos. Somos demasiado nuevos, y nos perdemos en ocasiones y cometemos fallos. ¡Como en la vida misma!

Por otro lado, mi experiencia no puede sino invalidar las críticas que tantas veces escucho. Parto de que no es oro todo lo que reluce. ¡Como en la vida misma! Sin embargo, me quito el sombrero ante ciertos diálogos que he presenciado y en los que he participado en internet, a través de Twitter o de Facebook, y de igual modo ante conversaciones en las que, de forma clara, directa y sencilla, más de una persona -a la semana- comenta en privado alguna situación personal en forma de mensaje de búsqueda. Incluso a través de la lectura de blogs, o páginas web. Existe un mundo completo aquí, en la nube, conformado por aquello que debajo de la nube se refleja. Al igual que hay tiendas, centros comerciales, y ocio por doquier, también existen casas y viviendas acogedoras, o espacios públicos en los que conversar. Y me parece muy significativo que, lo que mayor auge tiene, sin lugar a dudas, son las redes sociales. No los blogs, con entradas largas y tediosas, sedudas y reflexivas como este blog, sino el mundo de la inmediatez de la presencia de unos con otros a través de perfiles, de fotos, de estados, de frases, de comentarios, de links, de “me gusta”, de “comparto”, y de tantas otras cosas. Sin duda alguna, y ahí están los datos para comprobarlo, lo que engancha el corazón de la persona es otra persona, con sus palabras e interrogantes. E, insisto una vez más, ¡esto da mucho que pensar!

Lo efímero del Tweet


Como bien señala en su análisis el Instrumentum Laboris para el Sínodo sobre Nueva Evangelización, la cultura que propicia la red va a compañada por lo efímero, pasajero. Sin embargo, es imprescindible una mirada positiva, optimista, junto con un buen discernimiento. Recupero, al hilo de lo leído, un artículo de Octubre 2011.

Intentaré hablar con mucha sencillez. Para quien sepa poco de estas cosas, y está en su derecho a no meterse en demasiados jaleos e ir despacio con la tecnología, anoto lo siguiente: Twitter es la red de microblogging más importante del mundo, creada en 2006 y popularizada masivamente un año después, permite escribir mensajes de 140 caracteres como máximo que llegan a todos aquellos que son “tus seguidores”; y a la inversa, los usuarios reciben todos los mensajes públicos -tweets- que publican aquellas personas a quienes siguen. No diré más cosas generales, y paso a mi análisis.

  1. Puedo seguir a tanta gente interesante, y que no conozco, que me he obligado a mí mismo a agruparlos por listas. Es decir, Twitter me ha abierto un mundo de relaciones en el que puedo descubrir con mucha sencillez a gente que no conozco y que me parece interesante en todo lo que aporta. En esto soy selectivo, filtro lo que me interesa, lo que no me interesa, y sigo lo que me parece interesante. Todo un ejercicio de discernimiento, que me he planteado muchas veces porque conocer a personas que piensan como yo y pueden aportarme novedades, recursos, ideas, o con quienes puedo compartir también algo de vida y de proyectos es maravilloso. Pero también es interesante, muy interesante y recomendable, seguir a personas que no piensan igual y con quienes poder debatir. Y es posible, y fácil al mismo tiempo. Lo importante: la grandiosidad de la humanidad, al menos en sus palabras, deseos y proyectos. En internet se comparte un espacio -así se le llama- pero le queda mucho para alcanzar la realidad de la convivencia y el trato cercano. No me parece que sea una crítica dura, tanto como para negar la bondad de la red, sino que es una aportación que al menos suscita una necesaria cautela y juicio. Se conoce a las personas, pero no totalmente. Y este margen de “ocultamiento” tiene sus riesgos: idealizar, demonizar, supravalorar o infravalorar. Es una herramienta para conocer, y es positiva en su justa medida.
  2. Los mensajes son tan breves (140 caracteres, esto es, 140 pulsaciones del teclado) que obligan a la síntesis, y se han desarrollado acortadores de enlaces-links porque de otro modo sería imposible hacer anotaciones, por muy básicas que sean. Por otro lado, para agrupar una aportación dentro de un tema más general, aparecen los hahstags  -almohadilla seguida de una palabra- porque tampoco sería viable explicar a cuento de qué se dice tal o cual cosa. La síntesis es muy positiva, igualmente, y terriblemente traicionera; porque obliga a decorar mínimamente, pierde riqueza el vocabulario, el ingenio se ve limitado, y lo que es peor a mi juicio, se dicen mentiras demasiado grandes por no entrar en detalles. Por ejemplo, está bien expresar que “la vida es maravillosa”, siempre y cuando no se quiera decir con eso que “toda la vida es maravillosa”, y menos aún que “en la vida no hay desgracias”. Pero eso, que entrar en detalles cuesta muchas palabras, tiempo de conversación y sinceridad. Y en twitter ninguna de esas realidades es posible. Quizá en twitter aparezcan referencias a otros lugares de la red con más detalles, y está bien compartir links; pero caigamos en la cuenta de que un mini-mensaje en forma de titular de periódico esconde demasiadas intenciones algunas veces. El ejemplo que he puesto antes no es perjucial para nadie, salvo los inconscientes que no hayan vivido realmente y que no se den cuenta de la diversidad de la vida. Alguien dirá que es simplemente un mensaje positivo, y que hará bien a muchos, y no seré yo quien se niegue a la positividad en el mundo, cuando convivo en ambientes tan “depresores” muchas veces; sólo aporto que quedarse encerrado en un mundo tan limitado como los tweets obligaría a hacer desaparecer las grandes reflexiones de la humanidad, y las buenas conversaciones entre amigos y sabios.
  3. Lo que veo en mi pantalla, es una enésima parte de lo que hay en toda la red. Y más aún, es una ínfima parte desproporcionada de todo lo que quizá me interesaría. Lo cual es altamente relevante y revelador: sitúa a cada uno en sus propios límites, los límites del trato humano, que sólo puede hacerse cargo de un poco de la vida general de la humanidad. Incluso de lo más importante, anoto. En mi caso, si en algún momento tuve la oportunidad de leer todo lo que aquellos a los que seguía publicaban, ahora reconozco que he desistido en mi empeño. Me he obligado a mí mismo, como decía al principio, a seleccionar algo de lo que me interesa y reconocer que debo conformarme con lo poco a lo que tengo acceso. Y la mayor parte de las veces, dicho sea igualmente, ni siquiera bajo en la línea de tiempo para seguir descubriendo las aportaciones recientes. El móvil, que es más sabio y no quiere agobiarme, recorta el mismo los espacios de tiempo más amplios y me los oculta para que no sufra. Intentar seguir todo es imposible. Intentar estar a todo, es de necios. Y quedarse con lo mejor es muy difícil. Creo que está muy anticuado el estudio que sitúa la vida media de un tweet en una hora (sinceramente, esto sólo lo puede decir alguien que quiera manipular la información o que sea un completo ignorante); yo valoro la vida media de un tweet, teniendo en cuenta todo lo que leo, en no más de 10 segundos.
  4. Lo efímero de Twitter, significa al mismo tiempo que está renovándose continuamente. Que al instante aparecen cosas. Que en una hora aparecen en la línea de tiempo de un usuario medio más de 500 mensajes nuevos. Lo cual significa -ya lo dije- que me niego a perder todo el tiempo de mi vida en algo que no sé a dónde me llevará. Y obliga al mismo tiempo a seleccionar las búsquedas. De hecho, últimamente cuando me siento en Twitter he pensado antes qué quiero encontrar, qué estoy dispuesto a entregar, y qué estoy haciendo en la red. Busco algo educativo, busco algo personal, busco diálogo… Sin negarme a la sorpresa de encontrar algo más de lo que estaba en mis planes, que sucede con frecuencia. La diferencia está en consultar las listas creadas o que otros siguen, o un tema concreto, e intentar seguir sin criterio la inmensidad del océano. Esta característica efímera de Twitter, donde los mensajes valen poco y casi no se ven las personas -sólo sus acciones, por separado de sus pensamientos, escindidos de sus sentimientos, y sin globalidad- me parece peligrosísima. No estamos llamados a lo efímero, por mucho que lo efímero se presente ante nosotros con la ventaja de la fácil receptividad. No estamos preparados para dejarnos encerrar, como humanidad y desde la propia humanidad, en la pequeñez más absoluta de los 140 caracteres, como si pudiésemos en algún momento, por corto que sea este tiempo, desprendernos de nuestra complejidad sin que pase nada. La grandeza del ser humano está en la medida en que todo dura más de un día, de una hora, de un segundo y se prolonga a sí mismo buscando lo eterno, lo que no tiene fin, aquello de lo que desconoce el principio.
  5. Todos los mensajes públicos parece que no van dirigidos a nadie en concreto, o que sería lo mismo que decir que se habla por hablar, que se intenta aportar algo pero no se sabe muy bien hasta dónde va a llegar, a quién puede servir. Es más, quizá  a alguien le haya venido estupendamente, y no te dirá nada, porque no tiene que hacerlo, ni se acordará de dónde venía. Los mensajes públicos son -perdonadme la crítica- de lo más impersonal que existe, y sus características, analizadas convenientemente, desvelarían que no tienen mucho de humano. Quizá lo más importante es hablar a alguien, tener trato con personas, y no lo sea lanzar mensajes al aire. Por darle la vuelta, también es cierto que eso significa algo así como que la palabra se expande de tal manera que llega más allá de lo que hubiéramos podido imaginar. La utilidad del RT es precisamente que alcance a personas desconocidas, que ni sigues, ni te siguen… y tiene por tanto algo también de bello, en la medida en que posea en sus entrañas algo igualmente bueno. Siempre poniéndonos en el mejor caso; y parto de que no siempre podemos ser tan idiotas de pensar que todos quieren hacer bien.