Seguir adelante, aunque sea con muletas


La frase “me mola”. No es mía. De serlo, no lo diría prudentemente. Es de un alumno de 16 años que me encontré esta mañana subiendo la escalera hacia la clase, y fuimos acompañándonos mutuamente no más de 100 metros. Él se fue a sus historias, y yo me quedé con esa frase en las mías. No tenía ninguna discapacidad física, ni había sufrido ninguna lesión. No hablábamos de alguien que sufriera alguna de estas cosas. El tema de conversación era él mismo, y las muletas apoyaban su metáfora ese andar en la vida.

Podría haber dicho cualquier otra cosa, hacerse el valiente y venderme que él puede con todo, optar por la indiferencia, escoger la mediocridad, o hacerse la víctima, quejarse de todo. Sin embargo, sonrío, me miró, y me hizo ver que no estaba solo en el mundo, que tenía apoyo, que contaba con auxilios, con apoyos. Además, lo dijo enteramente agradecido. Sus ojos no mentían, a través de la pequeña lágrima que lo inundó todo. Dejé de mirarle, por educación y por respeto. Quise animarle en un primer momento, pero antes de poder decir nada soltó que lo que más le dolía no era la “herida que llevaba dentro” sino que otros tuvieran que cargar con él.

Ahora sí que hablé, sin callarme. Otros hubieran acogido respetuosamente. A lo mejor no le consolé demasiado, pero supe decirle que aquellos que le sostenían estarían enormemente felices de poder hacerlo, y de no dejarle solo. Es más, que esa era su felicidad, y que su herida lo había hecho posible, luego aquel dolor escondía algo más de lo que se veía a simple vista, y que está ahora en manos de cuantos le rodean. Le dije que su dolor sería mucho mayor encerrado en sus cosas, que no era verdad que el dolor compartido fuera lo peor del mundo. Une personas, despierta corazones, enseña lo que no está escrito en todos los libros. El sufrimiento es un misterio, que no destruye sino cuando se quiere evitar, esconder y actuar como si no pasara nada.

Al final de nuestro curioso paseo me dio las gracias y se las di yo. Sin saber ni cómo ni por qué, me he convertido en muleta, me he dejado usar, hemos hecho y abierto camino. Ése muchacho, y no me cabe la menor duda, será feliz, en parte, gracias a lo que está viviendo. Si hay o no otros caminos, no lo sé. Pero el suyo es este, y está en él enteramente, a corazón abierto, con inteligencia y sin dejar pasar oportunidades. Ese muchacho, que hoy llora, sabrá consolar a otros, será en su día hombre de piernas robustas para ejercer de lo que hoy está necesitando. Será feliz, si sigue así.

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3 pensamientos en “Seguir adelante, aunque sea con muletas

  1. gracias Padre por compartir este encuentro que tuvo, pues me ha hecho reflexionar… yo me siento asi como ese chico tambien,,, pero sé en mi corazón que luego podré ser apoyo de otras personas.

  2. Padre:Ahora si que dio en el blanco.Despues de un accidente no estoy tan optimista(77años me envian directo a la realidad). Estoy “levemente ” incapacitada,tras largos años de autosuficiencia y de apoyo a otros.Su articulo no solo me mola, repitiendo la imagen es agua fresca en momentos de desamparada sed.Me pregunto que son tiempo y distancia desde mi Mexico.Dios lo bendiga.

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