Un cura normal, y poco más


Hay personas sencillas ante quienes me descubro, y que me hacen enamorarme más de esta vocación tan hermosa que Dios me ha regalado.Hoy por la tarde, un hombre sencillo se ha acercado para charlar. Ha sido él quien se ha acercado, aunque pronto le he reconocido. Con los años se acumulan las ganas de contar la vida, y ha narrado su historia. Al final ha terminado confesándose, pero esto no lo te lo voy a contar. ¡Cuánto he aprendido! Un cura normal, y poco más. Esa ha sido su presentación.

Me ha estado contando que él no ha tenido nunca ningún cargo, ni se lo han ofrecido, más allá de la atención a la gente de la parroquia. Ninguna cosa brillante ni espectacular. Ningún sueño en lanzamiento, nada asombroso que reseñar. No ha hecho el loco en nada, porque “no me veo valiente ni con fuerzas”, decía. Nunca lo fui, y no me engaño. Luego ha sumado que tampoco le han reconocido nada especial en la vida, sólo su estar de aquí para allá, haciendo esto o lo otro entre bambalinas. Nunca deseo otra cosa, y nunca se vio con cualidades para algo diferente. Ése era su lugar. No porque lo hiciera estupendamente, ni aquello fuera el paraíso, ni porque tratase a todo el mundo con excelencia, ni porque tuviera grandes dotes para la oratoria, ni para acompañar, ni para aconsejar… Iba enumerando cada una de las tareas que se suponen esenciales en la vida de un cura, y tan pronto le venían a la cabeza, se decía a sí mismo que en eso nada más que uno normal. “Como hay muchos por ahí“, me decía. Que pasan desapercibidos, y sólo han conseguido ser significativos e importantes para un puñado de amigos. “Eso sí -apostillaba- he visto mucho.” Aunque eso lo dan también los años. Y así, a cada nota interesante que escribía en la conversación, le restaba importancia, para terminar diciendo que él era sólo eso, un cura normal y poco más. Lo que había hecho, todo cuanto ha supuesto su vida, con rectitud o sin ella han sido sumando y sumando normalidades y normalidades. Una detrás de otra. Esto hoy, mañana aquello. Unos por aquí, otros que vienen por allá. Me ha contado que ha visto pasar muchas vidas por la suya propia, para nacer, para crecer, para comprometerse, para dejarnos, en oración, en silencio, en el trabajo, en las alegrías y en las esperanzas. Y volvía a soltar su cantinela, “eso lo dan los años”.

Al final de todo esto me ha dicho una gran verdad, que espero guardar para siempre: “Tú de esto todavía no sabes mucho. Pero sabrás. Si continúas, estés como estés, hagas lo que hagas, digas lo que digas, lo sabrás. Pero sé sincero.”

Lo comparto con todos porque hoy ha sido un gran tesoro, un encuentro simpar y único. La próxima vez le miraré diferente, como se contemplaba antaño a los ancianos hechos con la experiencia más que con los años, con la vida más que con el pasar del tiempo. Este hombre ha vivido. No me habló de aquel recuerdo, sino de toda su vida atrapada entre sus manos. Y le parecía poco aún, y deseaba más con corazón de joven. Se arrepentía de no haber sido mejor, pero lo decía ya reconciliado con la vida, aceptando pequeñez y haciéndose así verdaderamente “anciano”. No puedo contar para mis adentros la de veces que este hombre, que dice que es uno más, habrá celebrado la Eucaristía, habrá rezado, habrá llorado, habrá reído, habrá escuchado, habrá predicado, habrá soñado, se habrá caído y se habrá levantado, y cuántas personas, como él decía, se habrán cruzado de una u otra manera en su camino en momentos tan importantes. Este hombre es un cruce de caminos. Un hombre sabio, un hombre de Dios. Este hombre no estaba de vuelta, sino en camino. Para la humanidad será una joya, pero para la Iglesia es su tesoro.

En agradecimiento a este “cura normal”, y a tantos hermanos escolapios mayores, que nos abren el camino, que entregan y han entregado su vida en el sencillo trabajo que se les ha encomendado, sin hacer demasiado ruido. Infinitas gracias en este tiempo de Adviento.

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10 pensamientos en “Un cura normal, y poco más

  1. Un hombre digno, lleno de Dios. De la sencillez hizo mucho, aunque quizás no lo veía o lo percibía así. Como religioso educador escolapio, siguió y enseñó a Cristo al estilo de San José de Calasanz. Con solo ser otro Cristo y educar se que cambió las vidas de muchos chavales. Bendito sea.

  2. Pingback: Un cura normal, y poco más | Preguntarse y buscar

  3. Le escribo desde Pereira, Colombia, me emociono sobremanera el texto de su escrito y recorde muchos escolapios de mi feliz infancia en el Colegio Calasanz de mi ciudad, quisiera nombrar algunos que se encuentran en la casa del PAdre y otros que no se, pues de esto ya hace varias decadas Fidel Morillo, Eladio Sedano, Florencio Fernandez, Urbano Pesquera, A ellos y a otros muchos mas mi admiracion eterna y mi oracion .para gloria de Dios y utilidad del projimo

  4. Yo me he convertido en una seguidora de sus blogs, pues me tocan demasiado. Soy de Bogotà, Colombia. Tengo la fortuna de vivir al lado de una de las Sedes de Calasanz-Bogotà donde mi hija de 8 años entra a 3o. primaria. Me ha tocado el corazòn una frase: …pero sè sincero….no quiero decir nada màs, sòlo quiero seguirla interiorizando y disfrutando. Mil Bendiciones!

  5. Que decir. Muy poco. Al leer este testimonio me he conmovido, porque hombres como ese anciano cura son los que construyen caminos de eternidad. Así es, gastan sus vida de una manera silenciosa, sin grandes bengalas o aplausos inacabables, sino que con una pertinaz acumulación de tesoros en el cielo. Yerros o aciertos, todo queda acopiado en el corazón del Señor, perdonando los primeros y gozándose con los últimos.
    Este relato me ha cambiado la óptica y algo mi propia vida, sobre lo que un débil y limitado cristiano como yo, llamado por Dios a servir como diácono, puede y debe entregar mientras transito en camino hacía la patria eterna. Cuánto nos queda por aprender de estos añosos hombres que pasan por este mundo haciendo el bien.
    Una vez más, gracias querido Padre.

  6. Hola Josefer! Pues qué entrada más llena de significado, de mensaje, del lugar que debemos buscar todos en la ocupación que tengamos. Sin duda esta persona cumple de maravilla su rol como cura y hasta allí y me quedo con la frase “pero sé sincero”, lo que cuesta tanto en la vida. Saludos!

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