La confesión está de moda


Confesarse no es un fenómeno infantil, adolescente o adulto. Alcanza todas las edades de múltiples formas, porque está escrita en el corazón del hombre la necesidad de salir de sí, de mostrarse por entero y de ser reconocido y amado por el otro. No hay mejor modo de expresar la insuficiencia e inhumanidad de la soledad que darse un paseo por las redes sociales. En ellas, el hombre moderno pugna, más allá de las críticas superficiales y estériles, por darse a conocer en su belleza, en una dignidad que tristemente cuesta alcanzar en la vida corriente y ordinaria, para la cual no hay ropajes ni vestimentas apropiadas, y estar igualmente rodeado de aquellos que pueden aportar algo interesante, si no más grande, a su vida. No soy, ni seré nunca, uno de esos magnates de la industria moderna que tilda de púber lo que en las redes sociales veo; más bien leo, veo y escucho entre sus cybermuros un fenómeno más humano y más complejo. La pregunta que me hago es por qué está tan de moda confesarse de esta manera, públicamente, perdiendo la invisibilidad social que caracteriza a las ciudades modernas, detestando incluso la exclusión que provocan tantas y tantas relaciones “humanas” de las de toda la historia.

La red nos ha llevado a una velocidad increíble a la “personalización”, y ha propiciado encuentros múltiples y diversos. Quienes andan por ahí, entre ellas, con relativa facilidad siempre sentirán que falta algo, al tiempo que reconocen sus muchas e inmensas posibilidades y cualidades. No es tanto saber cómo utilizarlas, porque cada perfil es una persona que debería ser por siempre inmanipulable, sino cómo andar entre ellas, cómo estar, cómo acoger y cómo escuchar. Todo esto, sinceramente, resulta apasionante en la red cuando en ella no se ven limitadas las opiniones y pareceres, los gustos y tendencias a una única dirección, condiciéndonos siempre en la misma línea.

La confesión de la red, para quienes la usen con frecuencia, no es una confesión que desea caer en el vacío, sino una palabra, una imagen, una escena, una cancioncilla que aguarda ser recibida. Todo cuanto se dice y hace espera a aquel que pueda acogerlo, profundizar en ello y permanecer a su lado. Todo esto necesita indiscutiblemente algo más, algo mayor, algo mejor, señalando más allá de sí mismo, apuntando a lo alto, no a lo bajo, aproximándonos, acercándonos.

Lo siento, pero no dejaré de asombrarme. Está de moda el encuentro.

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Un pensamiento en “La confesión está de moda

  1. Cada dìa sin querer me voy sumergiendo màs en las redes sociales….”sin ser fanatica”… me han permitido involucrarme de una manera positiva con personas muy tocadas por Dios, tambièn me han hecho abrir los ojos a este mundo infinito de cada ser humano que quiere compartir algo de su forma de pensar, o de su forma de ser. Y algo de lo que màs rescato es tener en este momento tantos amigos unidos por Calasanz….y claro! el encuentro està de moda.

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