Haz sólo aquello que te apasiona


Pues no, mira tú por dónde, pero por muy bonito que suene, esta vez no te hago caso. No me hagas perder el norte. Paso de frases como éstas, tan engañosas y rabiosas, que parecen enfadadas con la vida normal dispuestas a crear, no un mundo mejor poco a poco, sino un universo paralelo vaya usted a saber dónde y con quién.  Esto de “hacer sólo lo que te apasiona” se parece muy poco a la vida real. Una exageración, como tantas otras de las que hacen daño de verdad en las conciencias.

Más bien al contrario, prefiero fiarme de mis pasiones para buscar al vida, nada más, y una vez reconocidas, escogidas, aceptadas a pesar de lo que exijan, andar por ellas con paso firme y la humildad necesaria para dejarme sorprender por malos y buenos momentos, sin creer que todo lo puedes, sin pensar que será maravilloso. Las pasiones darán fuerzas en aquellos momentos en los que puedan sostenerme, y sin embargo, no estarán en todo momento conmigo. Se necesita algo más consistente para fundar y dar firmeza a la vida de cualquier hombre, por pequeño que se crea.

  1. Hay días en los que mis pasiones no me apasionan, porque las cosas van torcidas o porque voy de lado. Si son frecuentes, plantéate otras cosas; pero sin despreciar la grandeza y la educación posible en los malos momentos. Da igual, pero el valor de la permanencia, de la constancia, de la esperanza y del valor es la mejor manera de decir al mundo que he encontrado un tesoro, que no depende de mí, que es valioso por sí mismo.
  2. Para llegar a algo que apasione, hay que haberse equivocado no pocas veces, algunas de ellas no poco serias ni infantiles. Hablo de riesgos, de sorpresas, de fracasos, de frustraciones, de probar con intensidad el significado de la limitación y de la impotencia.
  3. Porque las realidades “puras” no concursan con la finitud. Cierto es que hay grados, como en todo. Y que no da igual asomarse a un pozo que verse reflejado en aguas límpidas y cristalinas. Cierto es que cuando menos te lo esperas hay destellos de luz que todo lo inundan. Sin embargo, los perfeccionistas no son los que más éxito tienen, y en muchas ocasiones son felices aquellos que, sin más, se han aprovechado de las circunstancias.
  4. En ocasiones, frases como éstas nos hacen olvidar que el hombre debe recuperar su propia humanidad y crecer en dignidad antes de enfrentarse al mundo y estar en él. Como si todo lo pudiera, megalómanamente, o como si la mayor parte del mundo fuera una infeliz panda de inconscientes. Creo que cada hombre que en su vida se esfuerza, no en los pocos que parecen llegar a tener éxito y renombre. Prefiero la conversación y el trato con los hombres de carne y hueso, en su cotidianeidad y pequeñez, que verme encerrado en una jauría de personas que se creen más de lo que son, que aspiran a lo que no pueden alcanzar. Y este ha sido el lema de la humanidad durante toda su vida.
  5. Estimo que esta frase me separará demasiado de aquellos que sufren, llevan lágrimas en los ojos o tristeza en el corazón. El que permanece junto al que sufre, sufre. El que se sitúa junto a los que necesitan esperanza, se ve golpeado también por su desilusión. El que vive para enseñar, se roza habitualmente con la ignorancia. Y el que ama está llamado a poner amor donde no lo hay, o donde no lo habría sin su presencia. Y esto, a mi entender, dista mucho de lo que puede “apasionar” el corazón del hombre, que tiene más que ver con la atracción fantasmagórica de los anuncios y reportajes de televisión.
  6. Un poquito de racionalidad, ¡por favor! No tanto sentimiento, sensiblería… Un poco de razón, de objetividad, de memoria, de visión de conjunto, de aceptar lo que también otros pueden hacer por otros, lo que se puede llevar en algo más que los propios hombros. Un poco de serenidad antes de abandonar, de dejar, de partir. Un poco de prudencia, de cordialidad, de firmeza, de valor a lo que en otros parecía cierto, sin dejarse llevar por las corrientes que corren, por las pasiones del corazón, por las torceduras de la existencia. Un poco, sólo un poco, de solidez, de abrigo para el que atraviesa áridos valles o sube cumbres escarpadas. Un poco de todo esto, mezclado, y termino así, en aquello que verdaderamente nos apasiona.
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