La oportunidad de hacerse el tonto


Tengo un hermano de quien puedo aprender mucho, porque dice que sabe muy poco. Sé que no es cierto, porque le veo, le escucho, le atiendo. Pero le gusta hacerse el ignorante e ir por ahí a la socrática, vestido con inquisitivas preguntas y dudas. Cuando habla, sube el pan. Y suele ser con cierta frecuencia. No ofrece respuestas según el tiempo y la ocasión, y mucho menos las crea sobre la marcha, sino masticadas, hasta el punto de resultar hirientes cuando vuelven de camino a casa. Si le preguntas hoy te responderá dentro de una semana. Su email no funciona bien, según parece. Y su whatsapp se retrasa. Así de sencillo es el amigo.

Me parece genial esto de saber hacerse el ignorante. Todo un aprendizaje, que en ocasiones será el mejor escudo frente a las apariencias, la estrategia más eficaz para sitiar a quien venga altanero atacando. Callar, dejar que hablen, que expresen, que suelten por la boca cuanto llevan. Callar y aguantar, quizá pensando ya la respuesta. Callar, soportando en silencio, y seguir preguntado cuando corresponda para tocar los límites de la razón, desproteger al atacante. Callar como mejor movimiento de ajedrez, como si en el tablero de ajedrez pudiésemos hacer aparecer un comodín en cualquier momento. Callar dejando al otro en la inquietud, ahogándose en su propia agitación, callar hieráticamente incluso, permaneciendo impasibles y comulgando en otros mundos al tiempo que nos mostramos presentes en este. El silencio es una de las grandes oportunidades para hacernos el tonto, que nos da la vida, aunque en ocasiones presiento que volverá loco a quien nos esté mirando sin palabras.

Haciéndonos el tonto las responsabilidades nos rozan menos. Suponen un atenuante para las cargas que llevamos. Siempre podremos decir que no supimos hacerlo mejor, que no disponíamos de más tiempo, que no dábamos de sí para gran cosa. Avisamos de antemano, como hace este amigo, por si acaso al final de la tarea alguien se puede sorprender.

La verdad, no sé si es tan buena idea hacerse el tonto. Ya sé que es peor en ocasiones mostrar para qué valemos, cuáles son las cualidades, o poner sobre la mesa nuestras esperanzas y gustos. Este tipo de “dialécticas” falsamente inocentes hacen mucho daño. En el fondo revelan una sabiduría perversa, poco dialogante, poco acostumbrada al encuentro. Creo que esconden, o proclaman, una lógica del rechazo y de la superioridad terriblemente dañina, que aguanta hasta ver al otro hundido. Una cosa es reconocer lo que somos, incluso nuestras pobrezas e ignorancias, y otra muy distinta esconder lo que hemos recibido regalado, hacer de ello un tesoro inútil, o utilizarlo exclusivamente para nuestro propio beneficio, según el tiempo y momento, según convenga “más o menos”.

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3 pensamientos en “La oportunidad de hacerse el tonto

  1. Gracias por compartir asi tengo un amigo yo…pense que solo yo lo tenia… yo me hago la mas tonta porque insisto… y él persevera a ver quien se rendi. Yo lo quiero mucho si!

  2. No me cuesta mucho”hacer el tonto”.Soy lo mas distraido que haya por ahi.Aveces ha resultado en bien .He saludado con autentica euforia a personas que tenian algun encono con alguno de los mios, al final ha resultado benefico .aunque me queda claro ser y hacer el tonto.Gracias por compartir las reflexiones

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