Nunca te bañarás dos veces en el mismo libro


Cuento la lectura entre mis pasiones preferidas, las que me roban más tiempo y me devuelven más alegrías. Dejar que un libro repose sabiamente durante horas, me acompañe en los viajes, viendo correr sus páginas. Y nunca me baño dos veces en el mismo río. Unos porque permanecerán para siempre en la estantería, otros porque no me canso de leerlos, y una vez tras otra se reconstruyen sus frases, o abren nuevos espacios entre sus letras dejando ver un poco más allá de ellos mismos. Nunca vuelvo a ellos siendo el mismo. El libro no cambiará, sino que acumulará polvo, tendrá más años. En él no existirán ni nuevas anotaciones, ni renovaciones editoriales. Pero quien lee, en este caso yo, no consigo volver al mismo libro de la misma manera, ni con la misma esperanza. Unos, tristemente defraudan, porque no conectan como entonces. Otros, como los buenos amigos, abrazan de nuevo, nos reconocemos a pesar del tiempo que no nos hemos visto, y seguimos charlando poniéndonos al día de conversaciones pendientes. Los libros, sinceramente, no hablan. Si acaso quien lee, si ha aprendido nuevas palabras, o sabe más, o tiene más experiencias. Insisto, los libros no cambian. Están ahí dispuestos, esperando y aguardando. Pero no cambian. Algunos, de hecho, demuestran que su vida era corta y pronto dejarán de estar el vigor y forma. Otros, por el contrario, nos hacen notar que quienes los escribieron más allá de ellos mismos, más allá incluso de lo que les tocó vivir. Algunos libros tienen escritas letras que duran mucho tiempo, que no se las lleva el viento y permanecen de pie, levantadas, enseñando y educando almas a lo largo de los siglos. Y hay un libro especial, insigne y perfecto entre todos ellos ante el que no siento pasar el tiempo. Todas las noches me desvela, me ilumina, me percibe, o me echa en falta. Cada día sabe decir lo que toca, lo que conviene. Hay días en los que no puedo escuchar, porque no tengo oídos, y sólo veo letras que se van juntando en algo mayor que no atisbo. Hay otros días, sensibles o muy sensibles sin yo saber por qué, en los que inunda y limpia. Y me doy cuenta de que me estoy introduciendo en él, sumergiendo en sus palabras, bañando nuevamente aunque yo no sea exactamente el mismo, y que poco a poco va labrando su obra, pacientemente, golpeando los cantos hasta rodarlos. Es un libro que me conduce al mar más grande atravesando colinas y valles, y áridos desiertos y vergeles espléndidos. No es libro exactamente sino torrente, corriente animosa y vivificante, caudal en crecida que no sé bien dónde nace, ni conozco exactamente su destino, y sin embargo, se me hace irresistible entre las manos. Ya no soy yo quien manda, no soy yo quien tiene, no puedo poseer tanta hermosura en tan ingenuas letras, ni acumular la sabiduría que da origen a la vida por donde pasa.  Sus cubiertas permiten que juegen dentro los niños. He descubierto un libro que no es un libro, sino una aventura con voz propia, con palabra ágil, que sabe gritar y susurrar según convenga, que conoce el lenguaje de los signos. Y voy conociendo, en él, a quien en verdad lo ha escrito.

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3 pensamientos en “Nunca te bañarás dos veces en el mismo libro

  1. Hermoso comentario Algunos libros parecen madurar.otros se nos vuelven entrañables.¿Es el interior de los libros o el nuestro?

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