Aunque te lo digan, no lo sabes bien hasta que no estás en el ajo


Ya me dijeron cuando empecé con esto, y con aquello, que llegaría el tiempo de la prueba, el tiempo de aguantar, el tiempo de la resistencia. Me lo vendieron como una ocasión para la purificación, para volver a lo esencial, para despejar lo que se nos pega en el camino, para madurar y darle cosistencia. Los tiempos de crisis, de quebranto, de dificultad, de lucha interna, de ganas de salir corriendo, de oscuridad, son agotadores, desgastan. No digo que no purifiquen, pero hasta que no se “sale” y se “respira” son tremendamente claustrofóbicos y asfixiantes. Ya me lo dijeron, insisto. Me avisaron de que sucedería, que sobrevendrían pruebas, que tendría que cargar con la libertad, que tarde o temprano habría que renovar la opción, con menos vigor que el principiante, con más sabiduría que el joven que da su primer paso. Ya me lo dijeron, e hice caso en su momento. No me lo creía del todo, pero eran demasiados testimonios en la misma dirección como para obviarlo. Me lo dijeron, y escuché. Hoy procuro hacer lo mismo con otros. Con todos aquellos que dan un paso al frente en algo. No te engañes.

Tanto si estás en una situación como en otra, te cuento unas cuantas cosas:

  1. No permitas que el tiempo de la prueba y de la dificultad, el tiempo en el que toca aguantar, se haga firme en ti como si no hubieras vivido nada más, o como si no fueras a superarlo. Es un tiempo que pasa. Otros han vivido lo mismo que tú, con tus mismas luchas. Aprende de ellos, si puedes. O, al menos, tenlo siempre presente. Que conviene por tanto aprovechar, en su fuerza, en su dinamismo, con todo lo que te implica. Ciertamente puede purificar y hacer más auténtico el corazón, puede centrarlo en lo esencial. Esto no son mentiras, ni palabras vacías. Puede suceder esto, o lo contrario, en forma de huidas internas.
  2. Resiste en la baldosa de la vida en que estás colocado. Sin moverte demasiado, sobre todo en lo fundamental. ¡Qué bueno es aprender a sufrir, y afrontar este tiempo con sentido hondo, ofreciéndolo incluso por aquellos que están en otras situaciones peores, o que necesitan! Resistir aquí no es “no hacer nada” sino agarrarse para que los vientos que traen y llevan en tantas ocasiones las decisiones de los hombres no puedan más que la Palabra que un día recibiste.
  3. Vivir con paciencia es una excelente manera de vivir. Ya sé que no está de moda nada de esto. Que lo típico es marcharse, dejarlo todo y salir corriendo, o cambiar creyendo que así estaremos mejor. Hemos perdido de vista que la paciencia constituye también parte de lo excelente de hombre, que la paciencia nos capacita para hacer algo grande, algo que permanezca, algo que perdure. Sin esta virtud, tan admirable, tampoco se cultivaría en nosotros adecuadamente la esperanza. Resistir significa, de corazón lo digo, hacer frente al mal, luchar por lo tanto con las armas del bien. No es cualquier lucha. No hablo de las batallas que se libran un día, y al día siguiente todo pasa. Hablo de descubrir lo que será, en más de una ocasión, una guerra que se librará siempre. Porque nunca estaremos libres de hacer frente en nosotros, o en otros, al mal, al sufrimiento, al dolor, a la tristeza, a la desesperanza, al egoísmo, al odio… Ser pacientes ahora, permaneciendo, conformará un hábito que, de una u otra manera, habrá que vivir siempre.
  4. El tiempo de las pequeñas cosas, el tiempo de los “lemas de vida”. Porque es lo que queda, porque es lo que se abraza con fuerza en este tiempo, porque es lo que se repite de una u otra manera en el corazón para siempre. En este tiempo creo que se clavan en el corazón, con más hondura si cabe, algo que nos dará solidez para los años que queden por vivir. Personas, palabras, lugares, certezas, opciones. ¡Qué vigilantes debemos estar entonces para poner estos cimientos! Déjate sostener en este tiempo.
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3 pensamientos en “Aunque te lo digan, no lo sabes bien hasta que no estás en el ajo

  1. Gracias Padre por estas palabras. Son un alivio para mi, porque en estos momentos yo soy como ese árbol… pero agarrada de la raíz de Dios… cuento con sus oraciones, cuenta con las mias. saludos desde Argentina! Marilyn

  2. Gracias, Padre, por otra maravillosa entrega.Entusiasmo, Dios dentro de nosotros, es lo que Ud.nos da en cada trabajo. Le pedimos al Señor que se lo de.

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