6 frases entresacadas de una conferencia sobre la Vida


Habitualmente voy a las conferencias por los temas. Pero esta vez el título no me daba muchas pistas. Llamó la atención, y con eso fue suficiente. Y además, como iba bien acompañado, y curiosamente no tenía la reunión de todos los martes por la tarde, ¡me lancé! No sé que pesaba más, si las personas o las palabras a la hora de decidir. Lo cual es ridículo, porque siempre son más importantes las personas, aunque quería escucharles y recibir. ¡Cuánto aprendo!

No os quiero decir el tema concreto, para que juzguéis vosotros mismos en qué líos me meto. No es difícil. Sólo os dejo las seis frases, esperando que también vosotros le déis vueltas, con un pequeño comentario como si fuera una nota propia. Las iba copiando en las Notas del iPhone porque sé que tengo mala memoria, y no quería perder aquello que me estaba tocando. Unas son de los ponentes, alguna es de propia cosecha. Además, os aseguro que he tenido la oportunidad de vivirlas justo una hora después de terminar la conferencia. Es decir, que son frases peligrosamente actuales. Yo no sabía, como os digo, el motivo por el que estaba un martes por la noche en una universidad de Madrid en una conferencia. No lo sabía, hasta una hora después.

  1. Inmediatamente descubres que eres un ser frágil. Pues sí, te das cuenta rápido. Cuando se cae todo el espejismo en el que creemos vivir, y se rasgan las apariencias, las seguridades, las casas de naipes en las que vivimos, y surge ante nuestros propios ojos la humanidad, tal cual, con su tremenda pequeñez y hermosura.
  2. No lo voy a entender nunca. Y eso que vivimos en el mundo de la intelectualidad y la razón, que le da tantas y tantas y tantas vueltas a las cosas, y que se esfuerza tanto por adentrarse en “los misterios del mundo.” Sin embargo, el misterio del hombre que soy yo, que eres tú, que es la persona que tengo al lado, queda por desvelar. Cada día, cada hora, cada segundo. Cada sentimiento que le traspasa el corazón, cada idea que se cruza en su cabeza. Y todo esto va más allá de él, como al infinito, como vertido y enfrentado a lo absoluto y a un misterio tremendo, fascinante, sobrecogedor, atractivo. Hasta que no acepte, por mucho análisis, crítica, diálogo que hay cosas que no voy a entender, quedará todavía un paso que dar. Aceptar que no lo entenderé todo nunca, y que lo más importante incluso puede permanecer así para siempre, y al mismo tiempo disfrutarlo y sentirlo, no habré dado el gran paso que puede dar el hombre: confiar, confiarse, abrazar, dejarse abrazar, querer y amar hasta el extremo, dejarse querer y amar hasta el extremo.
  3. Aunque lo tengas claro, no podrás. ¡Claro! Porque luego está este dilema. El de lo “listos” que somos, y de lo perspicaces y agudos que nos mostramos. Cuando veo por ahí que alguien proclama cómo ser feliz a través de un decálogo, me entran -perdón- ganas de reír. Cuando en los muestrarios de librerías de aeropuertos y de estaciones y de calles veo libros que enseñan a lograr tus objetivos, me preocupo por la persona que se siente necesitada de ellos. La cuestión -vuelvo a pedir perdón- es que por mucho saber, conocer y aclararnos, no lograremos aquello que deseamos verdaderamente con pasión infinita. En más de una ocasión, sabiendo perfectamente lo que debo hacer, no lo hago. Y esta contradicción, lo siento mucho, es mía, soy yo. Y la vive todo hombre. No es que yo sea peor que nadie, ni mejor que nadie. Sino que esta es nuestra humanidad, una humanidad herida. ¿Entonces no hay consuelo, ni solución, ni libertad, ni amor verdadero? ¡Sí que los hay! Pero no en el mucho aclararse a uno mismo, y lavarse o dejarse lavar las ideas, sino en aquello que me pone en movimiento, que me hace actuar, que compromte mi vida, que me despierta y desvela, que me hace confiar, que me motiva y da impulso, que me levanta cuantas veces tenga que caerme. Y así, conocer. Aclararse viene después de vivir. Y por tener muy, muy clara la meta, nada garantiza que llegue a ella. Incluso viéndola, debo seguir caminando. Y, perdonad de nuevo, “caminar” no deberíamos conjugarlo sólo en primera persona del singular.
  4. Dios acompaña incluso los errores del hombre. Confieso que no lo han dicho “tal cual”, y espero no llevar la contraria a los ponentes tan estupendos que he escuchado. Pero ha sido un momento de certeza interior. Dios no dejará de acompañar al hombre, aunque el hombre quiera esconderse mucho. Aunque quiera viajar a lo alto de las montañas, a lo profundo del mar, o sumergirse y encerrarse en su propia habitación. Dios no dejará de acompañarle. Aunque logre todo lo que se plantee en la vida, aunque tenga un éxito rotundo, aunque sienta colmada su vida. Dios no dejará de acompañarle. Es más, creo que en los errores se hace especialmente presente, como en su sufrimiento, en su dolor, en su nostalgia. Se hace especialmente presente en su pobreza.
  5. Dios se esconde para que yo me muestre y le muestre mi pesebre. Si Dios juega al escondite o no, no lo tengo claro. Que es difícil encontrarlo en ocasiones, sí. Que cuando quieres ver no puedes, también. Que deseando mucho escuchar, por mucho desear no se escucha, también. Que reina el silencio, en paz o en agitación, también. Y tantas otras cosas. Y esto, lo digo como cristiano, como cura, como persona. Pero lo que tengo claro también es que en la búsqueda de Dios acaba apareciendo “lo que verdaderamente soy”, también. Y que esto es como un peregrinar, que vas dejando cosas por el camino hasta descubrir que la gran riqueza es la propia vida, ¡por supuesto! Y que Dios termina apareciendo en la vida, ¡ni lo dudo! No sé si el secreto está en esperar o en desear, ni tampoco creo que sea cuestión de mucho hacer. Lo que descarto es la pasividad y la indiferencia, la acomodación y la falta de rectitud interior. Y si tuviese que decir cómo ha sido en mi vida, diría de corazón que ha sido preguntado y buscando, moviéndome y dejándome mover.
  6. Quizá tendrás razón, pero como no le busques donde se esconde, no lo encontrarás. Y esta última, con sus claridades, te dejo que la comentes tú. Insisto en que no creo que Dios juegue al escondite con el hombre, y sí pienso que el hombre, en ocasiones, juega con Dios a que Dios le encuentre. Me parece un final perfecto, ponerse en marcha hacia esos lugares en los que, quizá por testimonios de otros, sabemos que Dios está, vive y da vida, escucha y habla, se deja preguntar y pregunta.

Quisiera haber escrito esto mañana, con más calma. Pero, como te digo, he tenido que experimentar estas frases una hora después de la conferencia. Dios conduce, y esta es una prueba más de todo eso, mi vida por lugares que desconozco. Y lo hace de maravilla. No es que me maneje como marioneta, sino que me capacita para la libertad. No sé si lo compartiréis todo, o quizá sólo parte. Yo vivo que es así. Y que no hay mejor compañía. Dios, por otro lado, no trabaja nunca solo. Ahí están otras muchas personas que hacen posible sus maravillas e imposibles. Gracias a todos.

Anuncios

Un pensamiento en “6 frases entresacadas de una conferencia sobre la Vida

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s