4 virtudes para débiles


En más de una ocasión, cuando leo algo sobre “virtudes” lo primero que me pregunto al terminar es quién puede hacer algo así, llevar una vida de tanta radicalidad, entereza, coherencia, firmeza, compromiso, fortaleza, honor y grandeza. Las virtudes para fuertes, lo siento mucho, pero no puedo considerarlas como virtudes. Si ya son simpáticos, agradables, majos, estupendos, y maravillosos, que sigan como están. Las virtudes cardinales están también en otro orden, y si bien son para todos, al menos yo entiendo que necesitamos de ese más de la Vida para hacerlas nuestras. Las verdaderas virtudes, o por lo menos otra colección, deberían ser escritas para los débiles, los frágiles, los heridos, los que andan caídos, los pequeños, los que todavía tienen mucho que caminar, los que empiezan, los que no saben, los que fracasan incluso. Y pensando en esto, me he encontrado tres grandes virtudes para débiles, con un anexo que considero glorioso.

  1. La primera virtud es levantarse, después de caer, o despertarse. La gran lección de quienes no frenan, siguen adelante a pesar incluso de ellos mismos, y del mundo en el que vivimos. La sensibilidad que traduce en obras que no hay camino recto, ni viaje sin obstáculos. Al menos para quienes están vivos, y son pequeños. Los grandes encontrarán otras formas de existir más perfectas, quizá tropiecen menos, quizá no se caigan nunca. Pero los débiles tienen el inmenso privilegio de poder aprender de sus propios errores, conocer sus limitaciones.
  2. La segunda gran virtud, aprender de todos. Los grandes sólo aprenden en sus grupos selectos, muchas veces cerrados, a los que los débiles no pueden acceder o no se atreven siquiera, o son invitados en forma de especímenes raros. Los débiles, entre los fuertes, se encuentran fuera de lugar. Por eso tienen que aprender, si quieren saber algo de la vida y seguir adelante, de todos aquellos con quienes se crucen. Unos les darán la oportunidad de identificarse, y creer que puede llegar lejos, y de otros aprenderán lo que no quieren en la vida. Pero siempre se aprende. Siempre se recibe algo. Los mejores maestros, de todos modos, son los que más les aman, y a ellos siguen con docilidad, y también los que les incitan a soñar, a desear, a aspirar. Los mejores maestros, por esos dos caminos, educan su esperanza, les ofrecen una promesa que se cumplirá.
  3. La tercera, amar la debilidad. Ya que el punto de partida es pequeño, profundicemos entonces en la humildad, en la ignorancia, en lo que aporta de sensibilidad, de ternura, de paciencia y de lentitud, incluso lentitud, en esto que es vivir. No de cualquier manera, sino amando la debilidad. Por eso ciertos caminos son más transitados por los débiles, aquellos en los que se pueden mostrar tal y como son, en los que no están obligados a aparentar lo que no tienen, lo que no pueden, lo que no saben. Amar la debilidad se traduce en autenticidad de vida, en una libertad no encorsetada, en una valentía que no conoce el miedo a error, en una prudencia ágil poco acostumbrada a ciertos cálculos, en la inocencia y desparpajo de quien se va encontrado en el mundo con sentido, con razones, con vocación.
  4. Y la cuarta, en forma de anexo glorioso, la compasión con quienes también se saben débiles, fracasados, pequeños, en camino. Sólo quien sabe lo que es caer y estar herido comprende bien a quien se cae y está herido. Y le sale, naturalmente casi, la virtud de la compasión. O debería ser de este modo, mejor dicho. Que se traducirá en otras tantas grandes virtudes, como la escucha, la acogida, el auxilio, la disponibilidad. Los débiles, que no están pagados de sí mismos, salen con mayor facilidad del egoísmo, de las paredes de su propia realidad.

Comos siempre, se me ha quedado mucha tinta en el tintero mientras escribía. Espero que seas lo suficientemente inteligente como para completar y superar todo esto. ¡Tú vales más de lo que crees! ¡Tú tienes mucho que enseñar al mundo! ¡Tú no puedes quedarte en ti mismo! ¡Sal! ¡Aprende! ¡Vive!

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6 pensamientos en “4 virtudes para débiles

  1. ¡Qué crack, madre!. ¿y crees que de verdad existe gente así?
    Si estas son virtudes para débiles, no quiero ni imaginarme como serán para los fuertes.
    Thanks

  2. Me encantó esta reflexión es mas aterrizada a la realidad de los que somos del montón que luchamos paso a paso pero no dejamos de luchar, levantándonos con muchos trabajos del desánimo y admiramos también la fortaleza y fuerza de voluntad de otros que pareciera que no les cuesta tanto
    . Gracias por tan sabias palabras 🙂

  3. Pingback: 4 virtudes para débiles – A mí me vienen bien | Preguntarse y buscar

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