¿Por qué te gusta ser cura?


Twitter no tiene desperdicio. Y de vez en cuando suceden estas cosas. Justo en el momento en el que estoy preparando un material de formación sobre internet, evangelización y jóvenes (¡vaya mezcla!) me encuentro con esta pregunta en las red de los 140 caracteres. Podría ser otra, pero no, era justo ésta. Esta pregunta y esta red. Responder, con tan poco espacio, en absoluto resulta sencillo. Una cuestión cabe, una respuesta desborda. ¿Por dónde empezar? Pues reconocodiendo que la pregunta que me han hecho es estupenda, maravillosa, genial. No me preguntaban por Dios directamente, sino por el hombre, por el joven, por sus pasiones, por sus gustos, por su corazón. No me preguntaban por el misterio de la Trinidad, sino por el de la vocación y el de la libertad. Y me parece que, para empezar, es mucho mejor que otras muchas que quizá queramos atrapar con presteza y sin dilación. Esta pregunta pone los pies en el suelo, no se adelanta ni corre, no presupone, y atiende a las personas. Invito, ya mismo, a poner esta pregunta enfrente de todos los curas del mundo. Si lees esto, no te cortes. Pregunta, inquieta, y escucha la respuesta.

A mí me gusta ser cura. De verdad lo digo. ¡Qué bien poder decirlo! Cada día a su manera y en su grado. Que ningún día es igual que otros. Y aunque el gusto no sea lo último, ni lo más importante probablemente, ni lo principal y definitivo, me gusta. Y comprendo bien que a otros muchos les guste. Porque es llamativo, porque sabes que aportas algo grande al mundo con grandeza, y sabes qué aportas. Porque es exigente, nunca se termina, y debemos mejorar mucho. Porque me hace encontrarme con la gente, de corazón a corazón, en todo tipo de circunstancias. Tan pronto en casa, como en la iglesia, como en la confesión, con en la calle, como en el hospital, como en el aula, como en los pasillos, como en internet. Me gusta porque me identifica con el Señor, que siempre me desborda. Me gusta porque me hace sentirme parte de la Iglesia, y donde voy esto está claro, a pesar del desprestigio que tiene en la sociedad, y porque me da hermanos en el Espíritu. Me gusta porque la vida está envuelta en un misterio que no se ve con los ojos, y el sacerdocio da muestra de ello, en lo que hace, en lo que celebra, en cómo lo celebra, en cómo acompaña y está en el mundo. Me gusta porque es signo de contradicción, a contracorriente, de búsqueda de la justicia, de la paz, del bien de todos. Me gusta porque somos muchos, muy distintos, nunca iguales, y sin embargo compartimos lo esencial, portamos la misma marca del Señor. Me gusta ser cura por muchas razones, la verdad. Lo mejor es que tengo la oportunidad de vivirlas, dentro de mis posibilidades, con mis limitaciones y con la ayuda de muchos. Me gusta, ciertamente. Y hoy agradezco la oportunidad, a este joven, de responder a esta pregunta. Otros hubieran empezado hablando de vocación, de cómo escuché a Dios, de cómo sentí que me quería, de por qué escolapio y no de otra orden o congregación o parroquia, de cómo vivo, de cómo rezo, de qué ha cambiado, de cuáles son las renuncias. Otros, en nuestra cabeza, hubieran preguntado otras muchas cosas. Pero esta ha sido la pregunta de hoy. ¡Grandísima!