Por mucho que abulte la maleta, y por muy vieja que esté, puede estar vacía y no haber salido nunca de casa


Un título largo, en el que digo prácticamente todo. Una comparación recurrente. Más de uno estará cansado de metáforas, y querrá pasar a llamar las cosas por su nombre. Y le doy la razón, salvo en la imprudencia que eso supondría. Hay que dejar también espacio para que cada uno pueda situarse en la vida. Acelerar el paso no es cambiar el paso, sino dar mayor velocidad. Hacer ver a la gente no significa, de igual modo, enchufar luz en sus ojos. Eso podría dejarles ciegos, en lugar de lograr que disfruten de un bello paisaje, de la maravilla de la creación, o simplemente sean capaces de mirarse a sí mismos con ojos nuevos. El caso es que las maletas, volviendo al origen del post, están para algo. Pero el paso del tiempo y el tamaño no nos dicen nada. Su imagen, tampoco. O abrimos, y vemos. O preguntamos, y escuchamos. O descubrimos verdaderamente su historia, dejándonos de apariencias más o menos simpáticas, o no tendremos nada.

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