Renunciando, que no es poco


https://i0.wp.com/blog.pucp.edu.pe/fernandotuesta/files/u5/Renuncia.jpgYa sé que las renuncias son necesarias en la vida. Lo sé bien, al igual que toda persona que haya tenido que hacer una buena elección en la vida. Son connaturales a cada gesto, paso y palabra, consecuencias del mismo ejercicio de la elección siempre sola y única, y frutos de la asombrosa generosidad de la existencia y de la vida. Tienen poco de contingentes, son necesarias en grado sumo; una mezcla de aquello que llega y pasa, y de lo que siempre quedará ahí para recordarnos lo que, quizá, podría haber sido. La cuestión es, como siempre, quién las hace, quién las permite, cómo llegan y cómo van, cómo se presentan ante nosotros con aire de posibilidades, mendigando ser abrazadas, y cómo nos quedamos al verlas partir, sabiendo que nunca más llegarán a ser lo que un día fueron. Cuando regresen a nosotros, si se diera ese hipotético caso, en un mañana siempre futuro, serán aún más mendicantes de lo que en su día fueron o traerán ínsuflas de sabiduría, porque deberíamos haber escuchado su lamento. Diría que aquellos que no han hecho nunca ninguna renuncia tampoco han tenido la oportunidad de agradecer la sobreabundancia de la vida misma, el don de existir en el mundo al modo como toda persona debiera caminar. Leer la propia historia desde las renuncias es absurdo. Una ruina para el hombre. Las renuncias sólo existen, como fantasmas, para los que han sido libres. Serán espejismos meramente, pero ellos sabrán que son libres, que tuvieron motivos para elegir, que fueron fuertes en su decisión, que avanzaron.

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Un pensamiento en “Renunciando, que no es poco

  1. Totalmente de acuerdo con usted, pero qué difícil es renunciar. Sobretodo cuando no te apoya ni la familia ni los amigos. Aunque si no renunciamos cuando tenemos que hacerlo, es como si ni nosotros mismos nos apoyáramos.
    Me pasó hace cinco meses. Fue duro pero la recompensa no tiene precio. He experimentado la felicidad y la libertad. Es lo más.
    Me ayudó mucho en aquel momento, entre otras cosas, un versículo de la Biblia: Jos 1,9. “¿Acaso no soy yo el que te ordeno que seas fuerte y valiente? No temas ni te acobardes, porque el Señor, tu Dios, estará contigo dondequiera que vayas”.
    Y, en verdad, Él estuvo conmigo en aquellos días y lo sigue estando. Y ahora, también lo están mi familia y mis amigos. Soy muy afortunada…
    Qué gusto como escribe. Felicidades y gracias por compartir sus ideas.

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