Insuficiencias vitales


Acabo de leer un artículo precioso, en un periódico que no frecuento. No me han entrado ganas de volverme asiduo del mismo, aunque sí de conocer más a sus protagonistas. Habla de lo que no basta en la vida, de las insuficiencias y carencias que soportamos con estoicismo, de los límites y fronteras trazados desde antiguo, incluo de los escritos en la propia naturaleza, de los roces que tenemos con el fracaso y la frustración, y de las heridas que dejan a su paso los combates por suspirar algo de lo imposible. Esta mañana hablaba con mis alumnos precisamente de la diferencia entre aquello que es absolutamente imposible, y de lo que es posible, pero no ahora, es decir, imposible hoy y, con esfuerzo y tesón trabajando en una línea, de lo que será posible quizá dentro de un tiempo. No basta reconocer las insuficiencias, hay que dar la cara y enfrentarlas, tomarlas en serio, y superarlas. Ser algo impacientes e intolerantes con ellas, conjugando la protesta y la determinación. Las insuficiencias vitales, las pasividades y pactos con la mediocridad también deberían ser contados entre aquellas causas de desvitalización y de mortalidad más frecuentes. Quizá no se describan como causa directa de ningún tipo de vida anodina, pero están en su raíz y sustentan con alimento diario la maldad y el sufrimiento del mundo.

Considero necesario, a raíz del artículo e inspirado por él, un trabajo en una doble línea. Por una parte, tocar y palpar la realidad, dejándose de tonterías y arriesgando. Quien no conoce su límite, y cree que es posible todo en su vida, que dé por cierto que no está haciendo nada con ella. Si se mueve entre los límites de la comodidad, y ve todo siempre desde el mismo peldaño, ni está creciendo, ni está avanzando, ni está subiendo en nada. Si todo sigue igual dos o tres años después, no hay movimiento. Y sin movimiento, no hay vida. Conclusión… que cada uno la extraiga. Tocar y palpar de primera mano, sin que nadie nos lo cuente. Ir a la realidad, hacer el viaje hacia ella, suspirar por la vida misma, acercarse lo máximo posible al otro. Sólo quien emprenda este viaje se dará cuenta de la distancia infinita que exite entre un hombre y cualquier otro hombre, y de los imposibles que alcanza el amor, la confianza, la amistad, la fe. Por otra parte, como segunda tarea, no desesperar ante los fracasos, no dejarse vencer por las primeras heridas, las barreras, los fracasos, las decepciones. Cierto es que la realidad en la que vivimos es mediocre, limitada. La queja y el lamento siempre serán posible, te fijes en quien te fijes, mires por donde mires. Quien se instala en él, y vive ahí para siempre, sin hacer y sin dejar hacer, sin mover e impidiendo el cambio que otros pueden hacer, ha dado por perdida la batalla. Por eso, creo que la segunda tarea importante es amar la realidad tal y como es, incluso en su misma debilidad. Amar el mundo, amar la vida, amar la limitación, amar la fragilidad, amar la frustración, agradecer el fracaso. No soportar, sino bendecir. No conformarse, sino abrazar. No aprender, y quedarse mirando, sino volver a intentarlo ahora desde un amor más grande por todo aquello que tenemos y llevamos entre manos.

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