Rostros desdibujados


Hay días en los que no sé si soy persona porque miro o porque me miran. Lo digo con sinceridad, abierto a cualquier matiz. No sé si alguien aislado, tapado, oculto y anónimo puede considerarse, sin más y porque sí, una persona. O si esto de ser persona y vivir como tal necesita un rostro concreto. Lo digo porque vagando por las calles de la ciudad encontramos cabezas cabizbajas que esconden historias de lo más grotesco, o el drama de la exclusión trata precisamente de esta misma cuestión, de todos aquellos a quienes se les ha privado de voz porque no tienen rostro.

Cuando algo sucede a nuestro alrededor, y somos capaces de poner cara y mirar a los ojos, la realidad cambia. ¿O no es así? Cuando todo de lo que hablamos, en la maravillosa teoría y en los discursos engrandecidos, versa sobre aquello que no tiene ni rostro de persona, ni ojos humanos, ni palabra que pueda ser escuchada, entonces la palabrería se vuelve fácil. Lo reconozco en aquellos que hablan bien del paro o bien de personas que están en paro, de los desahucios o bien de las familias que se han quedado sin hogar, de los millones que han viviendo por debajo del umbral de la pobreza -aquí, en España mismo- o bien de las personas que no tiene para comer dignamente cada día. Lo digo porque hay quienes queriendo solucionar todo, se olvidan de lo más importante. De aquellos que tienen rostro, y quieren ser mirados. No que se hable de lo que les pasa, sino que se hable de ellos mismos. Lo digo porque hoy, mientras en clase charlábamos sobre algo elevado, un alumno ha preguntado educadamente si eso es lo que le ocurría a tal persona, que estaba además cerca, o estábamos hablando de otra cosa. Y cuando nos hemos dado cuenta de que aquello que nos preocupa tiene rostro, vida, historia, virtudes y defectos, sentimientos de todo tipo, ideas ciertas y equivocadas… pero rostro a quien mirar, la conversación ha cambiado totalmente. Se ha hecho más humana, y más profunda. Se ha vuelto increíblemente prudente, con aquella finura que la ciencia proclama, sin querer dar ningún paso en falso. Y la búsqueda de la verdad, ¡qué maravilla!, se ha hecho escucha atenta, diálogo intenso, experiencia que a todos nos estaba tocando por dentro.

Estas son las cosas que ocurren cuando los rostros ya no son rostros desdibujados, cuando los hombres de carne y hueso y las mujeres de la historia tienen nombres que reconocemos, y por los cuales podemos llamarlos y responder. El rostro debería incluirse entre las categorías básicas de la historia. Y para ser persona y descubrir la verdad, aunque digamos que se es persona en toda circunstancia y que la verdad está ahí, necesitamos tanto mirar bien como ser mirados con bondad y con dulzura.

Los rostros desdibujados, las personas convertidas en número, también están en el origen de la crisis. Fue denunciada su presencia anónima y su injusta exclusión hace ya mucho tiempo. E intuyo que no habrá salida digna de la situación en la que nos encontramos hasta que no miremos a la cara. E intuyo que la verdad seguirá ocultándose para muchos, entre prisas y capuchas, entre altos y bajos, entre los sentados en la acera pidiendo y los que en el metro van metidos en sus cosas. Estarán ahí, tanto la verdad como los rostros que la cuenten, a la espera de ser escuchados.

Anuncios

Un pensamiento en “Rostros desdibujados

  1. Pingback: Rostros desdibujados | Preguntarse y buscar

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s