El bien que hacemos cuando hablamos bien de los demás


No sabemos el bien que hacemos cuando hablamos bien de alguien. No lo sabemos porque no le conocemos, ni si él conocía o no eso de sí mismo. Hablar bien será la manera más perfecta de corrección a otra persona (tú eres más que eso, tú vales más que eso, tú eres mejor que todo lo que haces). Hablar bien será, sin duda, el mejor acompañamiento que podamos hacer a un niño o a un joven, en la familia o en la escuela, y también a su padre, a su madre, a sus hermanos, a su profesor. El mejor tacto posible, el mejor signo de compartir, la mejor relación. Hablar bien alcanza lugares inhóspitos, incluso deshabitados o cerrados por el miedo. Hablar bien implica recibir una palabra, y dejar que siga su curso volviendo a lugar del que regresó. No sé bien cómo explicarlo. Hablar bien, sin lugar a dudas, no sabemos dónde nos llevará. Creo que el amor empieza cuando hablamos bien de alguien, no cuando miramos. Porque la mirada no se comparte, pero las palabras son capaces de abarcar una vida y lanzar hacia adelante. Las palabras atrapan muchos, sintetizan y relacionan, construyen conexiones en un mundo entrelazado de unos con otros, en el que las personas siguen siendo lo central y lo más importante. Hablar bien de alguien le puede llevar en sus días malos a estar bien, y en sus días buenos a ser mejor. Nunca deja indiferente, cuando hablar bien sea hablar en verdad. Porque no creo que haya un “hablar bien” que mienta, que engañe, que adule. El hablar bien, entendido no como halago sino como ben-dición, no se equivoca nunca, frente a su contrario que se engríe y juzga en demasiadas ocasiones. Hablar bien crea realidad, rinde y vence corazones, ansía la verdad más alta del hombre y del mundo, incluso de Dios. Hablar bien se puede hacer de muchos modos, incluso enfadado con la vida misma. Hablar bien rezuma humanidad, y algo más que humanidad, rezuma personalidad en los tiempos de los mensajes breves y de las noticias pasajeras. Hablar bien liga, no en los bares precisamente, sino en los parques, en las calles, en los encuentros reales y tangibles, en los concretos y contingentes de la historia. Hablar bien es una necesidad para el hombre y el niño, para la mujer y la anciana similar a un abrazo, parecido a la lluvia que empapa la tierra. No sabemos a dónde nos llevará hablar bien de alguien. Mejor aún, no sabemos a dónde llevará a la otra persona hablar en verdad y bien de ella misma. Sobre todo de los más pequeños, de quienes tienen dignidad robada o rota, de quienes andan desamparados y desauciados, de quienes se indignan con facilidad ante su propia impotencia, de quienes se ven rendidos ante la vida poderosa que les aprieta, aprisiona, exige. No sabemos, y lo sé, qué realidad ni qué futuro creará. Aunque estoy convencido de que hablar bien regenera, realza, reconcilia y reconstruye el pasado que muchos han dejado perdido y en el olvido.

Este jueves, como cada jueves, si tienes Twitter, te invito a compartir a través de un hashtag raro con una palabra extraña para nuestro mundo. Conoce su contraria negativa y su ausencia, pero no está acostumbrada a la fuerza de su presencia @benedicencia Si no tienes Twitter, ni Facebook no hace falta que te crees nuevo perfil. Prefieble a la palabra oculta en la red, es la palabra dicha cara a cara. Apuesta por bendecir. Y a ver qué pasa. El jueves, como cada día, nos encontramos en el mundo dispuestos a trasformarlo. ¡Tú mismo! ¡Tú eliges!

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6 pensamientos en “El bien que hacemos cuando hablamos bien de los demás

  1. Estoy absolutamente de acuerdo…y considero además, que hablar bien de los demás, es hablar bien de nosotros mismos.
    Nada más enriquecedor para nuestra ALMA, que el poder de las palabras dichas con bondad, honestidad y amor puro.
    Gracias por compartir su #benedicencia con nos…y gracias a mi querida Sole, por hacerme partícipe de su bondad y dulce sabiduría
    Honrado y agradecido.
    Feliz noche

  2. Pingback: El bien que hacemos cuando hablamos bien de alguien | Preguntarse y buscar

  3. estoy de acuerdo contigo y pienso igual que tu y que carlos vazquez casi siempre he hecho lo mismo que mi madre pero he fallado mucho mas que ella era una persona la bondad personificada no recuerdo nunca hablar mal de nadie al contrario nos educo enseñandonos a alabar a los demás porque todas las personas tienen muchas mas cosas de si mismas que son buenas y ahi es donde debemos quedarnos y si lo hacemos engrandecemos a esa persona le ayudamos a marse mas a que la autoestima este alta y yo cuando tuve a mis 2 hijos y de maestra y catequista no se como lo habre hecho tuve muchos fallos pero si aprendi de mi madre a hacer esto con los niños y me siento feliz por haber educado de esta manera mis hijos en este aspecto yo creo que son felices porque no me dormia ningun dia sin aplaudirles o decirles todas las cosas buenas que tienen e igual con todas las personas que me encuentro las alabo todo lo que puedo y les hago ver lo mucho que valen porque esto es importante ,quizas me ayudó mucho la educacion que recibi desde pequeña de padres profesores monjas y lo pienso seguir haciendo . me ha gustado mucho jose fernando que escribas sobre esto tan importante muchas gracias.

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