Aprendamos de los políticos


Seguro que has comentado más de una vez cómo después de unas elecciones todos los candidatos salen a la palestra y hablan en público de lo bien que les ha ido todo, en tono positivo, sonrientes. Incluso cuando reconocen su derrota, felicitando a los vencedores y nuevos gobernantes. Como poco sienten la responsabilidad, o así lo muestran, de sus votantes, que les incitan según ellos a hacer una oposición crítica y constructiva por bien de todos. Aprendamos de ellos, a quienes todo les parece ir bien. Estoy seguro que esta noche, en los equipos de trabajo de cada uno de los partidos, el candidato ha entrado pidiendo a sus consejeros: “Dadme buenas noticias. Algo que decir a los votantes. Cómo neutralizar esto, cómo hacer valer esto otro. Quiero frases, slongas fáciles de recordar, que lleguen a todos. Con fuerza, sin presión. Con cercanía, que el pueblo sea capaz de entender.”

Si me lees, sabrás que el párrafo anterior nada tiene que ver conmigo. ¡Cómo aprender de quienes no aceptan la verdad en su vida! ¡Cómo van a ser modelos sociales aquellos a quienes, vengan los vientos de donde vengan, sólo les interesa sacar partido propio, provecho personal! ¡Ni de lejos! Importa mucho saber quién ha ganado para entender y acoger la voluntad de la mayoría, pero sobre todo para que se pongan las pilas los representantes del pueblo. No sin el pueblo, la verdad. Sino con él y para él. Esto es democracia. Un pueblo que participa. Perdón, un pueblo que se compromete con su democracia, más que participar en una votación, y se forma, y conoce, y propone, y refuerza las instituciones con su colaboración y con su servicio.

Algo se alza en nuestra propia conciencia, exigiendo un poco de sinceridad en todo esto. A los políticos siempre se les tendría que exigir dos cosas, como mínimo: la primera, honestidad, en relación a la verdad de la situación y a la verdad de sus propias posibilidades, en relación a las promesas que hacen y a las dificultades que experimentan para lograr sus objetivos razonables; la segunda, que debería ser primera, trabajo esforzado y sin desfallecer, por el bien común, que es algo muy diferente a “gobernar”, “ocupar un escaño”, “hacer oposición crítica o constructiva”; un bien común que no se refiere al bien de su clase o especie (cómo me chirría esto de hablar de su clase social, porque no termino de creérmelo), sino del bien precisamente de todos, que afecta a todos, que provoca a todos, que todos buscan; un bien verdaderamente humano, acorde a las personas, y no pendiente de las cosas.

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Un pensamiento en “Aprendamos de los políticos

  1. Uppsss ;-)) por un momento pensé que este titular iba en serío y ya estaba dispuesta a enarbolar la cruzada del contraproselitismo xD… Al Pater se le ha ido la pinza? pues no!! ni por un momento… Gracias Jose Fer

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