Ya tengo nuevo libro, ahora sólo me hace falta tiempo


Mis amigos, que saben que leo, saben también qué leo. Y me han regalado un nuevo libro, de portada roja, sobre la vida de un hombre, un rebelde en un contexto hostil, un intelectual en medio de un mundo acostumbrado a hablar de la razón sin demasiadas razones para ello, un sabio del siglo XIX. Ahora sólo me hace falta tiempo para leerlo. Aunque no dispongo de mucho habitualmente. Como dice otra amiga, soy de los que leen las cincuenta primeras páginas del tirón, y luego mantienen su presencia distante a no ser que me haya gustado mucho. Espero encontrarme muchos libros así en esta vida. Regalados o no, que siempre den de sí.

La cuestión es que me apetece pensar algo sobre esto de los regalos. Teniendo claro que los importantes no tienen nada que ver con los encerrables.

  1. Cada regalo exige tiempo. Si todo fuera acogerlo, nos iría genial. Pero no. Incluso una pequeña figura, o recuerdo, te pide que dediques tiempo a pensar dónde colocarla y cómo colocarla. Estos regalos, que son cosas a fin y al cabo, no piden tanto como los grandes dones de la vida, que siempre vienen encarnados en su propia libertad, con su personalidad, con su historia. Son las personas los grandes regalos que recibimos los hombres despiertos. No vale ni un ápice el libro en comparación del amigo que me lo regaló. Él es lo verdaderamente importante. Y los amigos necesitan su tiempo. A más amigos, menos tiempo para uno. Más vida compartida.
  2. Cada regalo es por algo, o lo será. Confío plenamente en esto. Incluso cuando parecen no acertar en nada al principio, después llegará el tiempo en el que probablemente se descubra su importancia. A lo mejor me paso, a lo mejor no. En cualquier caso, en este libro creo que sí se cumple. Son ya dos o tres signos en la misma dirección, que caminan juntos y se van uniendo sin saberlo quienes han dado origen a cada uno de ellos. Me resulta sorprendente comprobar estas coincidencias, y por eso digo que tiene un sentido.
  3. Cada regalo se multiplicará. No soy de los que creen que los regalos pueden ser devueltos, es decir, que hay que corresponder siempre de la misma manera. Será porque no puedo. Si es un regalo, como tal hay que recibirlo, en gratuidad, con generosidad. Algo que cuesta. Porque lo normal viene a ser dar algo a cambio. Pero soy, insisto, de los que creen que esto no es posible, o se convierte el don en comercio. Lo cual no significa que no se multiplique. Las páginas de hoy me construirán y harán pensar, y esto llegará a otros. Estoy deseando leerlo y poder hablar de él con quien me lo dio, que es un sabio. Y esto no es devolver, sino multiplicar, añadir la tercera dimensión a las letras planas de los libros. Y quizá llegue el día de regalar este mismo libro, u otro idéntico, a alguien en búsqueda, con preguntas, o a quien simplemente le llame la atención.
  4. Cada regalo debe ser abierto. Y no ahogarlo por tanto en el mero momento, ni encerrarlo en su papel decorado y bonito, o en la estética del encuentro. Un regalo de verdad se debe utilizar, usar, manejar, colocar en el lugar en el que debe estar y le corresponde. Ha venido por algo, y por algo será. Sería de estúpidos, perdón, dejar que caducara su valor aguardando un momento que nunca sabemos si será o no el correcto. Siendo ahora, ahora debe abrirse. Su fruto podrá esperar, como su sentdio, pero le corresponde al regalo el tiempo del ahora.
  5. Cada regalo tiene su sitio, entre otros muchos. Así le pasará a este humilde libro de pasta roja. Lo pondré junto a otros muchos en la estantería, aunque de momento permanecerá en el escritorio. Y no se perderá por ello en la masa. Será único, como el resto. Será especial, porque está firmado. Tendrá su espacio porque tiene su sitio. Y este ejercicio y reconocimiento no será para hoy, sino de aquí en adelante. Me dice con lugar que sabe a quién pertenece y a quién perteneció. Es vínculo de relación. Algo me lleva a alguien, y ese alguien tiene su lugar en mi historia, en mi vida. Ya ha aportado mucho, y esto sólo es signo de todo aquello a lo que el mismo libro me referirá, aunque dentro no esté escrita ni una sola palabra de lo vivido juntos.
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