Dios desea que seas infeliz


Puede sonar muy fuerte, pero es muy cierto. El hombre sólo podrá ser feliz en compañía de Dios, respondiendo a su llamada y cumpliendo su vocación. El resto será mentira. O se es feliz con Dios, o no se es feliz. Aunque en ocasiones su compañía sea de un trato y cercanía modesta, o ni siquiera se entere de ello. Sin la infelicidad y la distancia, ninguna persona buscaría ser feliz, porque nadie busca lo que ya tiene. Ése es el principio.

Por eso me deja tan tranquilo descubrir un mundo en el que hay tanta felicidad como el nuestro, porque me doy cuenta de lo cerca que está Dios de la gente -y viceversa-, y de lo que son capaces los hombres acogiendo a Dios sin saber que es Dios. Nuestro mundo ha encontrado a Dios, y permite encontrarse con Él. Por eso es tan importante, me parece, preguntar a la gente dónde es feliz, porque allí encontraremos a Dios. A mí me interesa mucho, aunque no pueda vivir toda la felicidad de este mundo. No por nada, sino porque nadie puede con todo, ni puede hacerlo todo, ni puede disfrutar de todo. Yo ya sé que soy pequeño, y que tengo que elegir. Pero interesa preguntar, y dejarse sorprender por las respuestas. No conozco a nadie entonces que me haya dicho que la felicidad se encuentra en las drogas, ni en la violencia de la guerra, ni en robar a los demás hasta dejarlos en la calle o en la miseria, ni en la separación de sus propios padres, ni en el maltrato doméstico, ni en trabajar por trabajar nada más, ni en lograr sus planes pisando a otros, ni en sentirse solo y desesperando en medio del mundo. Porque en todo esto, y tengo que decirlo bien alto, ¡no está Dios! Por algo será, sin embargo, eso de que los curas difrutan de la profesión considerada como más feliz por la revista Forbes. Lástima que esta gente no sepa que lo nuestro no es un trabajo, sino mucho más.

Lo dicho, que si preguntamos a la gente dónde es feliz entonces podremos encontrar a Dios. Y los resultados que encontramos son de lo más impactantes. Algunos dirán que en la fiesta, el sexo, la diversión, la alegría, la amistad, el placer, en la familia. Luego en todo esto está Dios llamando al hombre a una felicidad plena. Otros dirán, más esforzados ellos, que encuentran la felicidad en hacer bien las cosas, en conseguir sus metas, en lograr sus objetivos, en ayudar a otros, en el optimismo, en saber que alguien les espera. Y aquí tampoco hay dudas. Si he dicho que está Dios en la fiesta y en el sexo, decir que encontramos a Dios en la esperanza no tiene ningún misterio. También en todo esto, segundo, Dios se encuentra llamando al hombre a una vida feliz. Y Dios nos creó infelices para que hagamos camino hacia la felicidad, para que la busquemos con pasión, con entrega, y sin desfallecer. Si fuésemos felices de partida, nada de esto tendría sentido, y sin embargo, cuando el hombre reconoce su infelicidad y que algo le falta, busca y sabe buscar bien, al menos en ocasiones. En cualquier caso, se entrega a aquello que pretende recibir. Dios nos creó infelices, en camino hacia la felicidad, porque sabe que en el mundo podemos encontrar mucha alegría, mucho gozo, mucho disfrute, mucho amor. No hay nada como amar para encontrar la felicidad. Una fiesta en la que no hay amor, en la que estás solo y sin nadie, no será capaz de hacerte feliz porque allí no encontrarás a Dios. El sexo en el que no hay amor, podrá ser placentero pero no es tan humano como para saciar la sed del corazón, porque sin amor no encontrará a Dios. Alcanzar las propias metas, cuando éstas están desprovistas de amor y no sirven al amor y a algo más, tampoco serán capaces de contener a Dios, y no será feliz el hombre en ellas. Y así sucesivamente. Tanto amor, tanta felicidad, y por lo tanto, tanto encuentro con Dios. Y sólo Dios hará feliz al hombre verdaderamente.

Cuando alguien me dice que es feliz, me alegro. Si es feliz, ha encontrado a Dios, y ha acogido a Dios, aunque Él en ocasiones no quiera ni siquiera reconocerlo. Si es feliz no vive ni usando cosas sin más, ni dejándose usar por ellas, y mucho menos manipulando a las personas para lograr lo que no tiene y lo que le falta. Si es feliz todo tendrá un trasfondo, tendrá una dirección, comportará una esperanza. Luego ha encontrado a Dios. Y si alguien que cree y tiene fe y dice que conoce a Dios y vive con Él no es feliz, le diré abiertamente que lo que lleva entre manos es tan pequeño que no es Dios. Porque a Dios nadie lo puede tener ni usar para su propia felicidad. Dios hace feliz, y sólo Él tiene la fuerza para transformar el corazón del hombre hasta el punto de que éste se preocupe más por la felicidad de otros que por la propia suya. En ese caso, cuando dejamos de lado nuestra propia felicidad y placer y éxito encontraremos sentido a todo, y seremos felices incluso sin darnos cuenta de ello. Porque si algo define a Dios es el misterio, y esto de la felicidad verdadera nunca dejará de serlo.

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2 pensamientos en “Dios desea que seas infeliz

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