3 formas de potenciar la satisfacción


Muchos han escrito sobre la insatisfacción que provoca un cierto estilo de sociedad, de trabajo, de relaciones, de diversión incluso. Mucho se ha dicho, aunque pienso que su intención era recuperar la necesidad de estar satisfechos, es decir, de vivir, trabajar, relacionarse y estar en el mundo con alegría, entusiasmo, sintiéndose bien. La repetición de la insatisfacción permanente provoca algo más que falta de entusiasmo; diría que provoca desgana, desidia e indiferencia por ahogamiento en la realidad.  En ocasiones yo mismo he hablado de esto. Pero hoy deseo ardientemente contradecirme a mí mismo si en alguna ocasión no vine a parar justo en lo contrario, en esa impresiosa inquietud humana, tan humana, de generar satisfacción.

Para empezar, la palabra resulta maravillosa de por sí. Satisfacción proviene del latín, e indica el cierre de una acción, bien un pago o bien el cumplimiento de un deseo o bien el necesario sosiego de las pasiones. Satisfacción tiene algo de perfecto, en la propia palabra, que resulta muy atractivo. Casi diría que es placentero tener palabras tan bellas en nuestros diccionarios. Aunque por otro lado, considero que está un tanto mercantilizada y ha sido no poco degradada en relación a la calidad de los trabajos. Satisfacción no es sólo llegar a unos objetivos, sino dar respuesta a nuestros deseos y necesidades. Algunas de ellas ciertamente más fáciles de saciar y colmar que otras, que siempre permanecen, por debajo de las circunstancias, arraigadas en lo más humano del corazón.

Me he parado a pensar un poco, y propongo, de entre las muchas posibilidades que hay, tres caminos que considero necesarios para la satisfacción de la propia vida, para este estar entusiasmado en el mundo:

  1. Partir del reconocimiento sincero, auténtico. Por ejemplo, en ocasiones se habla mucho de hacer las cosas bien sin prestarle suficiente atención a los medios de los que disponemos y de las circunstancias en las que nos hayamos. en absoluto podemos considerar que todo es igual, o que lo que hoy nos vale nos servirá siempre, o que a todas las peronas les conviene exactamente lo mismo. Además, en esto de los deseos y de las necesidades hay no pocos engaños que se han tejido socialmente, de modo que se satisface un deseo con realidades que terminan por no satisfacer a nadie, aunque pocos se atreban a decirlo. De ahí la necesidad primera de reconocer, que ya es un primer punto de satisfacción y de liberación auténtica, cuáles son nuestras “peticiones” en estos momentos, qué andamos buscando y qué desearíamos encontrar. Doy por supuesto aquí que el deseo no tiene una dimensión nada superficial ni vaga, ni busca una respuesta en el mismo momento en que se reconoce.
  2. La satisfacción por hacer y por vivir. La raíz de toda ulterior satisfacción está aquí, y en este punto de partida se encuentra todo lo que nutre la existencia. Estar vivo no es cualquier cosa. Estar satisfecho con vivir, tampoco. Y no deberíamos darlo por supuesto con tanta facilidad. No porque se desee la muerte, o se tenga tendencias destructivas, sino porque al ser la raíz está oculta, e intuyo que en ocasiones no nos paramos con detenimiento a percibir que estamos vivos, sin más, frenando sin más el cómo vivimos. De aquí saco dos conclusiones: toda persona aspira a descubrir para qué está vivo, y a agradecer este don recibido. Estar vivo, como intuición directa y primera, es asombrosa. Más quizá que su opuesta, aunque se revelan mutuamente. Estar vivo supone algo apasionante de por sí, e implica la posibilidad de pensar, de sentir, de buscar, de amar, de sufrir, de gozar, de reír, de cantar, de saludar, de cambiar el mundo. Estar vivo, disponer de tiempo y encontrarse en un espacio determinado, abre multitud de posibilidades. Deberíamos cultivar, intuyo esta forma de satisfacción personal con mayor frecuencia. Vivir, dando respuesta a esta vida, se convierte entonces en responsabilidad.
  3. Provocar satisfacción en el entorno, sembrar por doquier esta relación. Parto de aquello de que “quien quiere guardar, termina perdiendo”, y que quien busca en exceso para sí, no encuentra nada digno propiamente. Al contrario, quienes viven para otros, no sé bien cuál es el motivo y dan respuesta a algo más que a sí mismos, están de otra manera en el mundo. No perdidos, como pueda parecer, sino al contrario, más centrados, más ellos. Provoca satisfacción en otros significa entonces responder a lo que otros buscan, más que a lo que cada uno siente como necesidad, al tiempo que valorar positivamente lo hecho por los demás, lejos de dar la puntilla y matiz que según parece más de uno confunde con la sabiduría. Cuando encontramos buen ambiente, facilitamos más todo, damos más de lo esperado, nos hacemos y vivimos en mayor plenitud, a pesar de los sufrimientos o malestares que puedan existir. Yo diría que todo se renueva de este modo. La satisfacción personal se revela entonces conectada con la de los demás, unida indiscutiblemente a la de los otros, vinculada y contagiada. En la multiplicación que provoca el encuentro con los demás, más que suma, sí puede hallar el hombre aquello que es medida de su corazón, medida de su necesidad, medida de su deseo más hondo. Antes, me parece que no.
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