No hay nada mejor que la culpabilidad para cambiar de actitud


Nuestro mundo está enfermo, como decía Mafalda. Y una de sus enfermedades, que se propaga como epidemia entre los que se van incorporando a su ritmo es que nadie pueda sentirse culpable, porque hay que protegerse a toda costa de esos sentimientos, porque no es justo que nos veamos así, porque siempre puede haber resquicio para escurrir el bulto y poder justificarnos. Por favor, ¡que nadie se sienta mal! Lo más importante de todo es estar agusto y cómodo contigo mismo. Al que dijo esto, habría que darle un capón de los grandes. ¡Vaya desastre que va a montar!

Pero me parece que esto no lleva a ningún sitio. Una cosa es sentirse culpable por todo, y hacer propias las cosas de otros, lo cual es engañarse, y una muy diferente es vivir con naturalidad y con sencillez incluso la propia responsabilidad y el propio malestar cuando fallamos, cuando hacemos algo mal, cuando nos equivocamos, cuando podríamos hacerlo diferente, cuando podríamos ser mejores, cuando nos damos cuenta de que no exigimos lo extraordinario sino lo normal. La culpabilidad viene incorporada en el ser humano. Y me dan ganas de gritar: “¡Por algo será!”

Creo que nos apasamos la vida angustiados por no angustiarnos, y defendiéndonos de las angustias de los que viven angustiados por no angustiarse, en lugar de vivir de vez en cuando una sana culpa y tirar hacia adelante con lo que llevamos puesto.

  1. Educarse en la culpabilidad es como educarse en la verdad de uno mismo, y en lo que la verdad de uno mismo provoca dentro de mí. No hay chantaje emocional, sólo un indicador que debo atender. Esta verdad es importante, porque nos demostrará que la mayor parte del tiempo, de la vida, no cae de este lado.
  2. Con lo nuestro, tenemos suficiente, ¿para qué cargar con lo de otros? Me parece que una buena educación en la culpa evita transferencias de esas que manipulan y dominan. No necesito las cosas de otros para saber cómo ando, cuando tengo buena conciencia de mí mismo. Sus palabras pueden ayudar, cuando vienen desde la verdad y son dichas adecuadamente. Pero lejos de esto, ser uno mismo tiene la suficiente carga y peso como para no andar pensando en otras historias. Vivir la culpa, y dejarse culpabilizar por otros es muy diferente.
  3. La culpa tiene algo de positivo, cuando se afronta. Cambia de actitud la persona, internamente. No hablo aquí de someterse, ni de caer en un círculo vicioso. Sino de responder, de reaccionar, de despertar. De modo que la culpa, a mayor sensibilidad, menor impacto tendrá. Si sólo nos podemos sentir mal ante desastres, es porque antes no hemos prestado suficiente atención a las pistas que nos daba la vida.
  4. No dejarse instalar en ella. La mejor respuesta de la persona no puede nacer de la culpa, sino de su propia bondad. Esto es un apartado al margen de lo anterior. O se ha descubierto, o no. Lo cual es otra cuestión. Pero si el dinamismo de la culpa puede iluminar la vida, no es ni de lejos la luz más potente de la que disponemos. Si acaso, compararía ambas con un foto y una luz de emergencia parpadeante. No hay color entre ellas, pero se demandan una a la otra, y cada uno ocupa su lugar. Las dos son imprescindibles.
  5. Puede ser germen de renovación interior. La culpa puede llevar a las preguntas, y las preguntas a las respuestas, y éstas, con voluntad y apoyos, a las decisiones. Y todo empezó muy bien no sabemos por qué, pero no queríamos quedarnos como estábamos. Hay que hacer algo, y ojalá se haga. Y quien no tenga nada en lo que crecer, que… ¡No hay nadie así, y punto! La ventaja de la culpa es que me llevará desde dentro, hacia afuera.

Son todo reflexiones, al hilo de algo que pasó esta mañana. Y que dentro de su insignificancia, tampoco quiero dejar pasar. De todo se puede aprender, y el peor error es aquel que no enseña nada. Agradezco, de antemano, a todos los que saben acompañar a otros en su culpa, porque enseñan mucho cuando acompañan.

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4 pensamientos en “No hay nada mejor que la culpabilidad para cambiar de actitud

  1. ¡¡OHHHHH, MARAVILLOSA REFLEXIÓN!!
    Trabajando con los niños siempre me admira, y me da envidia, su gran capacidad para “saberse” culpables. Sin máscaras, sin oscuridades, sin escurrir el bulto… Ellos son capaces de admitir sus errores, y lo mejor de todo: enfrentarlos.
    Cuando nos hacemos mayores vamos poco a poco haciéndonos más oscuros, menos transparentes y más cobardes, yo por lo menos así me siento miles de veces al día. Y suceden dos opciones: O tiras balones fuera y ves la paja en el ojo ajeno y no la viga en el propio, o siempre estás lamentándote de lo insignificante y terrible que eres, sintiéndote culpable por todo y viendo toda la porquería en tu propia vida… Y ni uno, ni lo otro es sano.
    ¿Cómo se aprende a cambiar de actitud y encontrar el punto medio?

  2. “No hay nada mejor que la culpabilidad para cambiar de actitud”. Le confieso que la frase que ha usado como título no me ha dejado indiferente. Estoy en total desacuerdo. En mi opinión, no hay nada mejor que el amor para cambiar de actitud.
    El sentimiento de culpabilidad puede ser peligroso si no se conoce el perdón, la misericordia,… Ahí tenemos a los apóstoles Judas y Pedro y la forma tan diferente de enfrentarse a su culpa.
    Por lo demás, me resulta muy interesante su reflexión. Me quedo con la idea de “no dejarse instalar en la culpa”. Me sirve para superar ese rumbo que tiene mi vida por no haberme formado más cuando tuve todas las oportunidades. Me ayuda también lo de no dejarme culpabilizar por otros. Hoy se despierta en mí, una necesidad de mejorar mi curriculum.
    Gracias por sus palabras inspiradas. Y, gracias por el título, porque de haberle puesto otro probablemente no lo habría leído.

  3. Pingback: La culpabilidad ayuda a cambiar | Preguntarse y buscar

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