Ten cuidado con las ofertas y rebajas


Creo que algunas veces en las noticias de la televisión dicen más verdades de las que ellos creen. Estas cosas no se escuchaban en los tiempos en los que no se tenía tan presente la crisis social (no aceptes reducciones en esto).

Hoy, hablando del consumo, nos previenen sobre las ofertas y las rebajas. No dicen: “¡No compréis!” Sino: “¡Comprad con cuidado!” Y es que nuestro mundo, que se confunde no pocas veces con el mercado y tiene por lógica el consumo, sigue vendiendo aunque haya menos compradores habituales, menos dinero, menos capacidad adquisitiva…

Las ganas, según parece, no disminuyen; incluso diría que las ganas, como tal, aumentan cuando no se pueden solventar de otro modo. Lo que ha sido recortada es la capacidad para dar rienda suelta a su satisfacción. El deseo de más en el hombre es irrecortable, e irreductible. Y, sin embargo, podemos hacer que caiga en la acomodación a lo barato de mala calidad, y en lo que está puesto de oferta porque ya no es lo que era. Podemos confundir, igualmente, su objeto y su dirección; porque el más nunca será saciado a través de las cosas, sino de la verdadera riqueza. Y creo que en esto tengo las cosas claras, y muchos hombres prudentes y sabios coindicen en ello: yo sigo apostando por la mayor riqueza de todas las posibles, que son las personas y no las cosas, y mucho menos el dinero. Si la riqueza la viésemos en la gente, nuestra mirada no aceptaría devaluaciones, ni devoluciones. El problema viene cuando las personas no son capaces, ni siquiera de ver su propia riqueza, belleza, bondad, nobleza y origen. Entonces muchas cosas se presentarán como valiosas.

Pese a todo lo que podamos decir, la lógica de esta noticia tiene mucho sentido. Detrás de esta maravillosa advertencia leemos aquello de “nadie regala nada.” Y peor aún, se asienta en un principio básico: “Si te lo rebajan, o no es lo mismo y te están engañando, o no valía lo que pagabas y te estaban engañando antes.” O, lo último de todo y lo peor de todo: “Te darán gato por liebre. Tú querrás comprar tu felicidad y a cambio te darán una cosa más entre otras, que dentro de poco, o no mucho, olvidarás.”

  1. Cuiado con quienes rebajan la vida, y su valor. Porque la vida ni tiene precio, jamás, ni nadie la podrá comprar, jamás. Cuidado con quienes quieren manipular lo inmanipulable. Quienes la venden, claramente. Y quienes se venden a través de ella. Me pregunto si no estará detrás de esto también uno de los grandes males laborales de nuestro mundo, y una de las enormes crisis que vivimos. Cuando veo a gente que trabaja vendiéndose, aceptando cualquier cosa que ve y que pasa, que no es exigente con su preparación ni en su jornada, que carece de ilusión por lo que hace y no aporta. Pero sobre todo, cuidado con las rebajas en la vida, y quienes venden que vivir es cómodo, sencillo, fácil, y se puede ir pagando a cómodos plazos. Hoy vivo un poco, mañana otro poco, a la espera de un fin de semana donde sentirme vivo. ¡Cuidado! ¡Cuidado con quienes no impulsan la pasión por vivir desde que comienza el día!
  2. Cuidado con quienes rebajan sus relaciones, y se venden en ellas, o compran cualquier paliativo para su tristeza, para su soledad, para su necesidad, o limpian su imagen a través de tantas máscaras. Cuidado con quienes hoy dicen una cosa, mañana otra, y no son fieles ni a los pequeños detalles, ni saben estar en los momentos importantes. Cuiado con quienes hacen de la amistad el espacio para sentirse poderosos, liderar a otros, o mendigar aprecioso. Cuiado con las relaciones devaluadas, fácilmente asequibles, que pronto se etiquetan sin haber vivido lo suficiente, o que no saben entregar ni darse sin medida.
  3. Cuidado con quienes rebajan el Evangelio, o la Iglesia. El Evangelio no es sólo un libro, y la Iglesia no es sólo una institución. O te lo llevas todo, o no te lleves nada. ¡Te defraudará! Y no se dan cuenta del valor que tienen, que es Dios mismo, y lo convierten aparentemente en una buena noticia que dice lo que quieres escuchar, o que no pide nada, o que se trata sólo de esperanzas humanas proyectadas. Cuiado de quienes dan un Evangelio sin Dios, sin Jesucristo, sin Cruz, sin Resurrección. Y una Iglesia rebajada, por partes, donde son hermanos unos pocos, y los otros no lo son, o en la que no todos pueden participar por qué sé yo qué motivos ajenos al Evangelio mismo. Cuiado con quienes hacen ofertas religiosas a cambio de valores altos, como la libertad, la igualdad, la solidaridad, y omiten, o ponen en letras pequeñas, lo que nos pide el propio bautimo, de muerte a un hombre viejo para nacer al hombre nuevo, imagen de Jesucristo. Cuiado de quienes hacen del Espíritu, y sus mociones y movimientos, algo fácilmente comprensible, sin más, y que siempre habla de lo que otros deben hacer, sin poner en marcha sus propias vidas. Cuidado de quienes tienen ojos para ver los defectos de los demás, en lugar de pedir ellos perdón y saberse perdonados y acogidos incondicionalmente por el Padre.
  4. Cuidado con quienes no llaman a las cosas por su nombre, y juegan a cambiar palabras sinónimas según ellos. Y no hablan de vocación, porque prefieren hablar de trabajo, de dones, de tantas otras cosas sin implicar una respuesta en ello a Dios mismo. Y no hablan de comunidad, porque prefieren hablar de otra manera de aquellos que son reunidos por el Señor. Y no quieren ni siquiera nombrar palabras que reclaman un sentido y una respuesta de toda la persona. Y ponen paños calientes ante las grandes preguntas y anhelos del hombre, todavía moderno, pero al hombre de siempre, al de carne y hueso. Cuidado con quienes al saber le llaman ciencia y sólo ciencia, o prescinden de su inteligencia conformándose con la de los demás porque “un estudio ha demostrado que cuando se comienza una frase con “un estudio ha demostrado” la gente deja de pensar y se lo cree todo.” Cuidado con quienes hacen de la verdad motivo de consenso, y dudan de lo bueno, aunque busquen en sus vidas sin condiciones la verdad y el bien, para ellos y para cuantos quieren.

Y de paso, ¿por qué no aprender también a tener un poco de cuidado con nosotros mismos? ¿por qué no buscar de corazón y con entrega la dignidad en nuestra propia vida, y en la de otros, y dejar de hablar de felicidad sólo en primera persona del singular? ¿Por qué no tomarnos en serio que somos personas, y acoger con paz sus interrogantes y sus luces, y reconocer abiertamente que somos mucho más de lo que en tantas ocasiones nos venden?

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Un pensamiento en “Ten cuidado con las ofertas y rebajas

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