Post escrito en 10 minutos


No sé bien cómo expresar, en tan poco tiempo, lo mucho que quiero escribir. Comenzaría hablando de los pequeños gestos de la vida, y del tiempo, con sus posibilidades. Haría un elenco de todo aquello que entregamos a los demás, en forma de simples detalles, como son las miradas, como son las preguntas, como son los diálogos, como son la preocupación de los unos por los otros. Seguiría exponiendo cómo en ocasiones respondemos con una generosidad sin límites, poniendo a disposición de otros no sólo cuanto tenemos y poseemos, sino además lo que somos. Y cómo esto es un signo de desposesión y de sacrifición en la sociedad del arrogante consumismo y del maldito acaparar. Para terminar, os contaría una pequeña experiencia de alguien que ha puesto todo lo que es sobre la mesa, y que vive así cada día. Dando y devolviendo aquello que ha recibido y no necesita para vivir. Ha descubierto un tesoro. Ha encontrado la felicidad. Coge, recibe, y devuelve engrandecido como ofrenda de la tarde. Sabe de dónde viene todo, y sabe a dónde debe volver. Y que otra forma de vida, más pudiente en apariencia, está vacía de sentido y todavía en búsqueda. Esta persona, a quien tengo el gusto de conocer personalmente, da por terminado su día y se va a descansar con una sonrisa. Ha hecho todo lo que podía hacer, y ya volverá mañana a intentar vivir igual.

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