Neceisto ir a pasármelo bien para que salga bien, no a la inversa


Ya voy teniendo una cierta experiencia en distintos campos. Y en todos observo esta constante: si entro a pasármelo bien, sale bien; si estoy preocupado porque salga todo bien, ni disfruto ni hago disfrutar, y termino siendo por serio e intenso, aburrido y tedioso. Estoy contento porque lo he aprendido, aunque algo casi insconsciente me lo hacái saber muchas veces. Sin embargo, una conversación ayer noche confirmó mi intuición: ¡No me pasa sólo a mí! Es el mal de los perfeccionistas, de los que se preocupan antes de tiempo por lo que no saben si va a llegar, y de los que quieren que salga todo “como Dios manda”, del principio al final. Hay grados dentro del “cuadriculamiento” de algunas personas, porque si bien unos no toleran imprevistos, y otros se han hecho diversos planes según vaya saliendo todo, otros perfeccionistas son capaces de aceptar interrumpciones en lo que tenían pensado y seguir adelante con gran elegancia, como haciendo notar que si todo sale bien entraba en sus cálculos y si no, ya tiene excusa para lavarse las manos. Los perfeccionistas son así. Todo lo tienen pensado, sobre todo un plan, el principal, el nuclear, el esencial para que todo salga según lo que han diseñado.

Tener las cosas claras, para mí, es fundamental. Así que voy a comenzar por esta claridad: Necesito pasármelo bien, dentro de mis posibilidades, para que salga bien. Lo contrario es empezar por el final, no poner los medios necesarios y adecuados, querer correr en la vida.

Lo remarco porque lo considero un criterio muy importante de discernimiento personal y de toma de decisiones. Algunas veces aceptamos aquello que sabemos que nos va a procurar un malestar tal que no conducirá a nada. Puede que salga bien, y aplaudamos, y que haya momentos en los que confiar y fiarse sea lo fundamental. Pero no siempre. Somos inteligentes, y nuestra ligenteligencia está hecha para este tipo de cosas. No sólo para la ciencia, sino para iluminar qué nos hace disfrutar en la vida y pasárnoslo bien.

Si no se puede, no se puede. Tampoco hay que pasarse. Algunas veces toca “asumir”, y punto. Lo pasas mal, haces lo que puedes, y el mundo sigue adelante. Pero si hay opción no entiendo por qué no aferrarse a pasárselo bien. Y me parece que la inteligencia está para esto: para pensar nuevas posibilidades y saber divertirse en lo que no parece que sea propicio en ese sentido. Me parece importante aplicar este principio, el de la divresión, y no sólo que sirva para quitarse marrones de encima. Ser capaces de divertirse, o pensar en lo cotidiano para poder vivir con esta alegría.

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