Todos somos un poco filósofos, porque la otra opción sería quedarnos mudos


Si mis profesores de filosofía me leyesen, que no lo harán por este canal, me darían una colleja. Me dirían que la filosofía es algo serio, que no puede caer en manos de cualquiera. Y yo les diría que efectivamente tienen razón, y que toda persona busca esa seriedad y sostén en su propia vida. Me dirían entonces algo así como que se necesitan palabras adecuadas, conceptos e ideas, dialogar con la historia de la filosofía en todas sus navegaciones e intentos. Y yo les diría, ahora sí, que cada uno hace lo que puede, tiene las palabras que tiene para andar su camino, y no siempre se está en disposición de dedicarle horas a una buena conversación. Y añadiría que, pese a las limitaciones que puede marcar la existencia particular de cada uno, lo sorprendente es que esta tendencia a la filosofía no sea acallada ni apagada en los hombres, sino que permanezca viva y cobre mayor fuerza y realce a medida que pasan los años. Porque constanto que, si bien en la adolescencia y juventud estos temas importan, y mucho, a los adultos se les va la cabeza rápido a la filosofía en cuanto dejan a un lado los periódicos, apagan la radio o cierran sus novelas. Las conversaciones que se escuchan en la calle son verdaderamente filosóficas. Diría que incluso metafísicas, en ocasiones. La alternativa a conformarse con lo que se conoce por medio de la ciencia, de la propia experiencia, o de lo que se ha aprendido en las clases o en la universidad, sería el silencio. Y todo lo que va más allá de eso, pienso, cae del lado de la filosofía. Cierto que mis profesores se darían cuenta de que la filosofía, como tal palabra en su cabeza, señala una disciplina de carácter riguroso y con pretensión de totalidad y universalidad, y que no significa lo mismo que yo estoy diciendo. Pero me tendrían que dar la razón en la exposición que he hecho. La alternativa a no filosofar en la vida cotidiana sería el silencio. Y veo a poca gente dispuesta a renunciar a aquello que tiene que decir, o que ya ha creído, más o menos, que es cierto. Su misma expresión, lejos de considerarla imprudente la mayor parte de las veces, aunque en ocasiones sea poco racional o reflexiva, forma parte de esa intención primera de la filosofía que es alcanzar la verdad sobre cuestiones de máxima trascendencia, en las que todo hombre, por el hecho de vivir y de ser hombre precisamente, se ha visto involucrado sin concurso de su libertad ni su consentimiento. Nos falta sistematicidad y seriedad, verdaderamente. Pero la materia prima ya está puesta. Quizá nos aburra en ocasiones, y nos llegue a incomodar, la incapacidad para frenar nuestro pensamiento y reconocer que lo que hacemos, lo hacemos movidos por creencias e ideas que, muy bien y a ciencia cierta, no sabemos exactamente de dónde ni cómo surgieron en nosotros, pero que ahí están, orientando búsquedas y presentado batalla a la mediocridad.

La intención de este post, como de tantos otros, era hacer reflexionar sobre lo obvio. Si lo he conseguido, me alegro. Si no, al menos he pasado un rato preparando la clase de mañana sobre la racionalidad y las posibilidades del conocimiento.

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2 pensamientos en “Todos somos un poco filósofos, porque la otra opción sería quedarnos mudos

  1. Buena idea… a filosofar sea dicho… y a entre todos buscar la verdad, teniendo presente la indicación, de la gran doctora de la Iglesia Edith Stein, de no aceptar ninguna verdad que no sea dicha con amor ni un amor que no sea verdadero.

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