Si internet no te aburre, todavía no eres 2.0


El fin de semana alguien me preguntó, en los pasillos del Congreso si internet no me aburría de vez en cuando. Y le dije que sí. Es más, que me alegraba profundamente de encontrar a otra persona que pudiera compartir conmigo ese sentimiento de precariedad, dado el tiempo que le dedico a las redes sociales y a los blogs. Por supuesto que internet aburre. Es más, lo considero como criterio esencial para haber llegado a ser un verdadero hombre del mundo moderno, un hombre 2.0. Si todavía no se han experimentado las limitaciones de internet, es porque hay quienes todavía no se han dado a ellas con suficiente pasión y entrega. Y si en el mundo de las relaciones 2.0 no se ha sentido la necesidad de avanzar más allá de los contactos en 140 caracteres, dentro de los cuales de vez en cuando te pierdes y en los que no son infrecuentes los malentendidos y malinterpretaciones, entonces es que todavía queda recorrido por hacer. Pero quienes han llegado al aburrimiento, con dedicación y suficiente pasión, ya pueden gloriarse de ser 2.0.

Internet, como tantas otras cosas, resultan aburridas cuando pretenden hacerse constituirse el centro y el todo de la vida de las personas. Incluso el descanso es aburrido, y ver películas llega a serlo. Si no está ordenado y en su sitio, si se descoloca y pasa de rosca, ocupa lo que no le corresponde e intenta satisfacer lo que no puede colmar. El límite de la red lo fija, entre otras cosas, la pantalla. Y me resulta clarividente considerar qué puede y qué no puede darse a través de una pantalla para fijar límites y considerar otro tipo de dimensiones de la vida personal y social. Lo contrario, además de ingenuo y conformista, lo valoro como un grito más de desesperación moderna por autoengañarse.

Si viendo tanta gente, y hablando con tantos, no te dan ganas de compartir con ellos algo más que letras y palabras, o sentarse en la misma mesa a generar un proyecto común, todavía no eres 2.0. Si con tanta foto e imagen, con tanto video estupendo de lugares paradisiacos, no te dan ganas de viajar, no te provocan deseos de más, todavía no eres 2.0. Si con toda la información que hay en la red, con tanta lectura y con tanta expresión no te pica la curiosidad de si serías o no capaz de escribir tu propio libro, al menos una biografía de tu vida que resultara atractiva y atrayente, una vida no inventada sino verdaderamente vivida, no eres 2.0. Si con tanta herramienta no puedes crear algo nuevo, si no sientes la pasión por la vida y por la potencia creativa del hombre, entonces es que todavía estás en los márgenes del 2.0. Es más, si no te interroga la existencia, tan diversa y curiosa como se refleja en la web, cada uno con su historia, con su vida corriente, con su cultura, con su lugar, con sus preocupaciones e intereses, todavía no eres 2.0. Si tu red se reduce a ti mismo y a tus expectativas, y no ha abierto un nuevo mundo, todavía no eres 2.0.

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