Pasó de moda lo de querer ser feliz


El día que esa frase tenga sentido, estaremos perdidos. No seremos capaces ni de disfrutar de lo que tenemos ni de lo que queda por venir, como tampoco estaremos dispuestos a corregir nuestro rumbo cuando éste esté equivocado. Mucho menos, por tanto, a pedir perdón, buscar justicia, apostar por la amistad en los malos momentos. Y aquellos que defienden la indiferencia absoluta habrán conseguido su objetivo. El peor y el más trágico de todos ellos, el más destructivo y desalentador.

Ese momento, en el que se haya colado semejante indefensión ante la nada y el todo vale, expresión de algo más exagerado que el relativismo, creo que nunca llegará.

Podremos proponer una felicidad falsa, y confundir a muchos. Se dará, si no se ha dado ya, el caso en el que la sociedad maree la perdiz para no afrontar con decisión la felicidad en sentido pleno, conformándose con felicidades fragmentadas y mediocres, hechas de cosas de cada día que sustentan vidas para ir tirando, a la espera de un día que no puede demorarse demasiado en el que hacer y vivir algo diferente, rompiendo con la rutina. Se dará, si no se ha dado ya, que la mayoría apueste por unas formas y modos, por la satisfacción de sus carencias al estilo de los parches que quitan el mono de algo más. O incluso se dará la situación, paradójica, en el que unos y otros, divididos como en sectores imaginarios de la sociedad aspiren cada uno por separado a una felicidad concreta, cada uno según su clase, según su especie, según su condición de partida, sin preguntarse más allá de las fronteras que impiden que lo de uno cuestione a lo de los otros, poniéndose de acuerdo en quién es verdaderamente feliz.

Podrá darse todo esto, y mucho más. Y, sin embargo, auguro y profetizo que nunca el hombre podrá renunciar a su sed de felicidad honda y definitiva, de vida bien vivida, de intensidad adecuadamente entendida. Y que, pase lo que pase, seguirá soñando, bien despierto o bien en vigilia, y existirán resquicios en los que el corazón reclame aquello que la razón se niegue a querer escuchar o comprender abiertamente. Esta batalla, la que pretenda negar u ocultar esta pregunta radical formulada universalmente y a cada uno en particular, nunca podrá ser extirpada de la vida de las personas. Haga lo que haga, permanecerá. Viva lo que viva, será elemento evaluador, que discierna la existencia, que la abra de par en par, que la descomponga sinceramente hasta encontrar algo que merezca la pena ser vivido hasta el punto de dar la vida por ello.

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