Internet tiene algo maravilloso: “Tarde o temprano, apagas el ordenador, y conoces gente.”


En lugar de escribir, quiero comenzar riéndome a carcajada limpia. Me parece que es una verdad irrefutable, simple, al modo cartesiano, de las claras y distintas que puede entender todo el mundo (a diferencia de las verdades de Descartes, también lo digo de paso). Encuentro maravilloso que el ordenador se pueda apagar, al igual que el móvil. O te puedas olvidar de ellos porque tienes a las personas mismas delante. Curiosamente, aunque hayamos compartido mucho por internet, en Twitter o Facebook, en la vida real los intercambios superan ampliamente los 140 caracteres o las poses para las fotos de Facebook. Una sencilla y directa naturalidad invade a los que no se conocían sino por el efecto del teclado. Y la vida se vuelve… ¡nos envuelve! Resulta maravilloso el encuentro de quienes se pensaban más altos o más bajos, más guapos o más feos, con este pelo o con este otro, vestido así o asá… y que sin embargo, con todo lo que resulta aparente, saben que se conocen mucho y que han hablado mucho. Resulta maravilloso, como un segundo descubrimiento, un segundo “salir del anonimato”.

Estos días en Valencia se sucedían los mensajes en esta línea. Quedemos, quedemos. Vamos a vernos. Te espero aquí, o estoy en tal lugar. Tenemos que saludarnos. Y al vernos todo empezaba automáticamente. Aunque, por costumbre, venía en nuestro auxilio lo típico de “soy X”, “soy Y”. Nos encantábamos de conocernos, a pesar de todo lo que sabíamos. Y confirmo, de este modo, que internet no es sin más una herramienta, sino un lugar, nuevo continente, donde quienes viven bien son auténticos, donde pueden existir apariencias y falsos perfiles, pero muchos dan la cara, con corazón y con los pies en el suelo. Confirmo, porque lo he visto también en otro, que las diferencias no son tantas, las palabras van en sintonía, que las preocupaciones y dificultades provienen, de nuevo, de aquello que es vivir, no de lo que es la red, y que las tensiones surgen por querer vivir mejor, con más libertad, con más autenticidad, con más pasión…

Hay un modo, por tanto, de estar en la red que es olvidarse precisamente de que se está en internet y pasar al encuentro con las personas. Es posible.

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Un pensamiento en “Internet tiene algo maravilloso: “Tarde o temprano, apagas el ordenador, y conoces gente.”

  1. Es posible. Lo es. Como en las películas, la realidad supera con creces. Es abolsutamente maravilloso, increible, hasta escandaloso diría yo. Es una absoluta y rotunda BENDICIÓN.

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