¿Dejarías a Dios entrar en tu vida? – Miniidea


A Dios, no a una idea, ni a la idea de otros, ni a una palabra, o hipótesis, o razonamiento, o argumentación, o sentimiento, o qué se yo por cuántas cosas podemos sustituir a Dios o detrás de cuántas cosas podemos ocultarlo, sino a Dios mismo. Pregunto si le dejarías entrar en tu vida, si te haría ilusión saber que, si existe, además está interesado en hablar y dialogar contigo. Pregunto si le dejarías, porque mi experiencia hasta ahora es que, pese a su grandeza, no fuerza a nadie, ni hiere a nadie, ni suplanta la libertad de nadie.

Creo que merecería la pena, sin duda alguna, abrazarle llegado el momento. Y que, además, lloraríamos de alegría, sentiríamos por dentro algo más que mariposas. No sé cómo decirlo, pero dejar entrar en la propia vida a Dios… A cualquiera se le ponen los pelos de punta…

Creo que este camino dejaría más tranquilo a muchos. Sigue siendo una propuesta, un anuncio, una palabra dada. En un mundo en el que se desconfía del compañero o de la misma familia porque “impone” sus leyes, y en el que se sospecha de las intenciones de todo y de todos, la Iglesia debería tener muy fácil el anuncio de Dios, porque no se anuncia a sí misma, sino que quiere invitar a los demás al encuentro con Cristo.

Me pregunto si la gente de hoy encuentra:

  1. Una iglesia abierta, a la que poder entrar y en la que poder sentarse sin que nadie le diga nada. Bueno, quizá sorprenda más a los que no entran que a los que están fuera. Puede que las presiones sean de los que los ven entrar y salir. Pero es un ejercicio de libertad. En mi ciudad hay varios lugares así de disponibles.
  2. Una persona con quien hablar o llorar, a quien preguntar desde el desinterés, con quien hablar por hablar nada más. Me pregunto si alguien se sentaría a hablar con otros sobre Dios, sobre el mundo, sobre el sentido de la vida con entereza. Y si encontraría verdadera acogida en otra persona, igualmente débil y limitada, igualmente grande y maravillosa.
  3. Un lugar donde amar, y servir. Porque las calles ya no parecen refugios seguros para el amor, pero la gente necesita amar y sentirse útil, ser práctica, aportar lo mejor de sí misma. Y me pregunto si damos facilidades en esta dirección, porque no hay nada mejor para descubrir que un buen gerundio: amando.
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