Acepto lo que dices, y cómo lo dices, pero no el fundamento


Mis alumnos son maravillosos. (Esto lo digo así, en grande y utilizando el universal, para motivarme. Porque no son todos, la verdad, pero sí muchos. Sí la mayoría. Y vuelvo a creer en la democracia, en el sentido común. Los que son de otro modo, también tienen razones para ello, y hay que escucharles con paciencia y tiempo. En ese diálogo suelen sorprender. Lo cual me hace creer no en la mayoría, sino en todos. Y así paso a confiar en la humanidad. En la humanidad que late en cada uno, en la humanidad que hay en cada persona.)

Hoy, en una de las clases, una alumna brillante se ha descolgado con esta fantástica expresión: “Acepto lo que dices, y cómo lo dices, me resultan interesantes las ideas. Pero no estoy de acuerdo con el fundamento.” Lo cual significa mucho, mucho más de lo que se ve a simple vista. Porque alguien se ha dado cuenta de que existe un fundamento desde el que se dicen las cosas, desde el que se habla. Un punto de partida que sostiene todo el entramado, que también sale a la luz y se muestra de vez en cuando. Esta brillante alumna lo llamó literalmente “fundamento”, y bien sabe Dios que no soy yo quien va a cambiarlo. Es más, estoy decididamente de acuerdo, desde hace mucho tiempo, en llamarlo precisamente así. Aún más, no sólo yo, sino que la misma Iglesia, en el dogma y en la espiritualidad, lo ha expresado de ese modo. Y entonces en mí se enciende una bombilla enormemente poderosa y luminosa que se pregunta: “¿Quién le habrá susurrado esta palabra a esta alumna en este momento? ¿Será que ha llegado a ella por casualidad? ¿Será que la Iglesia también buscó en su momento, como ella ahora a sus pocos años, una palabra y fue la que encontró?” Y, simplemente me quedo admirando la pregunta, sin saber si algún día tendré respuesta. Ella tampoco ha sabido decirme el motivo por el que la ha empleado.

Cambiamos de tercio. Nos preguntamos por el fundamento entonces, por la raíz. Y debemos profundizar. Algo que, sintiéndolo mucho, es tarea paciencia y laboriosa, trabajosa y esforzada. Porque llegar ahí, a esas cotas y misterios, no se puede hacer en dos pinceladas, ni en tres, ni son suficientes las palabras en ocasiones. Porque el fundamento para el cristiano es siempre más, siempre mayor, siempre enorme, que se siente encerrado en determinadas palabras que creemos que entendemos pero no entedemos, en paradojas que no se resuelven a la primera de cambio, o que no se resuelven sin más, sino que circulan en planos más o menos superiores.

Sea como fuere,

  1. … me quito el sombrero ante aquellos que son capaces de ponerse de acuerdo y reconocerse en los puntos, de encontrarse más allá de sí mismos, y de sus cosas, de estar incluso en desacuerdo en más de una ocasión…
  2. … me quito el sombrero ante quienes son capaces de decirlo en público, con miedo a perder otro tipo de oportunidades, porque significa dejar a un lado -atiende bien a lo que digo- las ideas y pasar a las realidades…
  3. … y me parece sublime que alguien inicie el diálogo en otro orden de la realidad, en los fundamentos, en la vida misma, allí donde sí podemos encontrar sinceramente el Absoluto, a Dios, al Misterio que es capaz de contarse a sí mismo…

Aquí lo dejo, esperando que algún día podamos hablar con paciencia precisamente de esto. Sin excesivos prejuicios, sin demasiadas prisas, sin los incovenientes propios del ambiente que nos domina, al que nos vemos en ocasiones tan, tan sometidos.

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3 pensamientos en “Acepto lo que dices, y cómo lo dices, pero no el fundamento

  1. Hola Padre. Gracias por compartir esta reflexion. Me siento identificada, pues yo tambien tengo alumnos y siempre me sorprendo con sus respuestas. Yo creo que están inspirados por Dios en ese momento, hasta a veces me dicen cosas que nada tienen que ver con lo que estamos haciendo, pero eran justo las palabras que necesitaba escuchar en ese momento: palabras de animo, y confianza, que hacen sentir mejor. Alabo a Dios porque podemos servirle ayudando a alumnos (que a veces, con lo que dicen y hacen, los maestros son ellos, jeje). Saludos desde Argentina! Marilyn

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