He quedado con unos jóvenes y nos hemos puesto a charlar sobre cómo ven ellos a la Iglesia


Los jóvenes no entienden, ni quieren ni están receptivos, a lo que la Iglesia quiere decir. Los curas les pillan muy, muy lejos. Algunos no han hablado nunca con ninguno con sinceridad, ni con un religioso o religiosa. Lo más cercano que pueden tener es la presencia de algún familiar que va a misa, algún amigo que puede que también vaya, o que se diga cristiano pero no practicante. La mayor parte de las veces, sin embargo, estos posibles testigos e interlocutores permanecen mudos, o no saben qué decir. Lenguaje pasado de moda, anticuado, lejano, superficial, incluso falso. Lo de Dios les suena raro, aunque lo llevan dentro y pueden, de vez en cuando, muy de vez en cuando en ocasiones, recurrir a Él. Pero lo cierto es que su vida se mueve entre otros parámetros, que nada tiene que ver ni con la Iglesia, ni con el Evangelio, ni con Dios. Sinceramente, aquí hay algo a lo que no se puede ni obligar, ni forzar. Y que les llega muy poco.

Dicho con otras palabras:

  1. Creen, según dicen, si les hace bien o les ayuda. O no creen, porque esto también les ayuda a ser más libres, más auténticos, menos hipócritas. Pero nada de ajustarse a las normas de otros. En muchos casos Dios se reduce a una palabra, hipótesis, idea, código ético. Por lo que reflejan, nada de vida ni de encuentro, y alguno ha dicho que preguntó a Dios y Dios no respondió. Creen, por así decir, en su forma de ver a Dios, en lo suyo, en sus cosas. Con eso les parece que hay suficiente para seguir tirando, para encajar ciertas preguntas y sentidos.
  2. La iglesia les parece intolerante. La que ven, y según casos incluso con experiencias concretas en las que se muestran dañados y heridos. Es más, de la Iglesia dicen que anuncia aquello que no hace, es incoherente, los curas son abstractos, normativos, dogmáticos, inflexibles, duros. En algún momento estuvieron más o menos cerca, aunque ahora se ven lejos de la institución, de una iglesia sin sinceridad y sin transparencia. Buscaron, ¡qué bien dicho!, a Dios en las personas y no encontraron nada más que a otros como ellos.
  3. Determinados puntos, muy en concreto y muy universalizados según ellos, que además no tienen nada que ver con la fe ni con Jesús y su mensaje, les provocan escándalo. En materia de moral sexual, en lo que cada uno debe o no, puede o no hacer con su cuerpo. En bioética, en la ética de la vida. Y todo esto se contradice con su forma de hablar de la justicia, que se vuelve falsa. Para nada se corresponde con otras palabras de acogida, de comprensión, de unidad con todos, de respesto a los diferentes, de diálogo. ¿Qué decir de su discurso sobre la libertad y sobre la igualdad? Todo lo que piden es obediencia, sumisión. Y en temas de igualdad los pasos son superficiales. Crean más diferencias que nada.
  4. Quieren ser felices. Rozan la felicidad en ocasiones. Sobre todo cuando se salen de la situación en la que se encuentran y hacen algo diferente, que no es su rutina de cada día. La iglesia tiene un mensaje interesante sobre la paz, el amor y otras cosas. Que no es tan fácil de entender. Necesitaría adaptación. La felicidad que ellos buscan no trata de valores ni de compromiso, sino de diversión, ocio, sensaciones, libertad. Ir de aquí para allá, salirse de los márgenes acostumbrados. Y eso, en la iglesia, no se encuentra. Poca alegría perciben.
  5. Un poco más allá, también se dan cuenta de que hay algo en el sistema, en la sociedad y en cómo se ven los jóvenes a sí mismos, que les ayuda y facilita más bien el camino de la crítica a la fe, de la increencia, del desprecio incluso hacia aquellos que se motivan con la fe. No sólo para esto, también en relación al consumo, a los gustos, a los valores que deben asumir o que deben abrazar, y a lo que deben responder con intolerancia y esperpentos. Han sido muy sinceros en esto, y me alegra mucho. Porque no se ven libres totalmente, ni se sienten totalmente identificados con lo que sucede, ni la sociedad tampoco les convence con lo que vive. Algo no cuadra, ¡qué bien dicho!

También admiran algunas cosas, la verdad. En el diálogo me sorprende que se resalte la capacidad autocrítica, la fuerza con la que viven algunos su fe -pocos- y el sentido social y de lucha por la justicia, la experiencia de felicidad y el saber lo que quieren hacer en este mundo. Tiene metas  y horizontes. Son generosos, según dice alguno. Su vida tiene sentido. Todo esto les puede llamar la atención. El testimonio de quienes entregan su vida de forma más llamativa, más radical les cuestiona mucho. Aunque no miran demasiado hacia ellos, es como si estuvieran olvidados o fueran héroes dentro una gran masa anodina. Por ejemplo, citan a los misioneros, principalmente ellos son referencia. Otros testimonios les parecen que podría hacerlo cualquier otra persona, e incluso mejor que ellos. No tanto como para hacerles creer, aunque puede que sí para favorecer el dialogo, la comprensión y la admiración.

En el mismo diálogo, dentro de la conversación surge la pregunta de si han abandonado totalmente la fe. Creen que no. ¡Sorpresa! Se han quedado en vivirla a su manera. Les gustaría incluso creer más. Piensan que podría aportarles mucho. ¿Por dónde empezar si se sienten tan lejos?

Al final de la conversación les doy las gracias. Me ha resultado admirable. Les he dicho que esta conversación ha sido un buen inicio. Seguro que ha reavivado en ellos algunas preguntas. Ojalá encuentren respuestas, o al menos una persona diferente a quien preguntárselo. ¡Ánimo muchachos! ¡Gracias por vuestro tiempo! ¡Qué majos sois!

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2 pensamientos en “He quedado con unos jóvenes y nos hemos puesto a charlar sobre cómo ven ellos a la Iglesia

  1. Creo que tu conversación plasma a la perfección la realidad de una parte (enorme, pero una parte) de la juventud.

    Sinceramente, casi me parece entrever últimamente una cierta obsesión con los “mea culpa” por una parte de la Iglesia. Creo que hemos llegado (un poco entre todos) a “confeccionar” una sociedad descristianizada, laboriosamente descristianizada por otros ámbitos ajenos a los eclesiales. No solamente descristianizada, sino al margen de la transcendencia, se entienda ésta como se entienda. Vivir el momento, vivir el “yo”. En algunos aspectos se ha tratado de sustituir la idea de Dios por un cierto buenismo con substrato materialista.

    El tema que me surge de la lectura de tu post es cómo “variar” esta tendencia, cómo atraer a esos jóvenes a Cristo. Y digo atraerlos a Cristo, con toda la intención, porque me espeluzna la idea que también revolotea intencionadamente por ciertos ámbitos de “adaptar” el Evangelio a aquello que los jóvenes o la sociedad en general desean en todos los aspectos.

    El generalizar situaciones concretas y personales de los jóvenes que hayan podido llegar a herirles, (y no pienso en sacerdotes o religiosos, me incluyo en la Iglesia) puede ser comprensible, pero también es causa de ciertos portotipos formados bajo unos parámetros educativos poco adecuados. Discernir lo particular de lo general, enseñar esa diferencia es también parte de la educación.

    El todo vale, el poque quiero, por que me apetece. La falta de límites suaves desde la infancia, enseñar a pensar libremente.

    Me parece que el problema es mucho más complejo que basarlo en creer o no creer. Conozco jóvenes que han crecido en centros religiosos y casi ni han oido hablar de Jesús, de Dios; donde el simple hecho de rezar podía ser ofensivo para los no creyentes. Ahí sí que debe de entonarse un mea culpa.

    Creo que, en el fondo, una gran parte de los jóvenes está simplemente desorientada.

    Cómo mostrarles el Mensaje; cómo mostrarles el Evangelio; cómo mostrarles a Cristo. Ahí está el quid. Cómo acercar el mensaje que es el de siempre, que es nuevo siempre, con métodos, formas, lenguaje y estilo nuevos.

    El simple hecho de hablar, de poder mantener una conversación tranquilamente, lo veo como un paso que indica que el camino se puede empezar así, y terminar por recorrerlo juntos.

  2. Hola Padre, buen día, que lindo despertarme este dia y leer su articulo. Me interesó ya que soy una joven cristiana que siento que Dios me da la mision de la evangelizacion de otros jovenes, y por eso me es muy útil las conclusiones que Ud. ha sacado luego de la conversacion con ese grupo de jovenes. Gracias por compartirlo. Saludos desde Argentina. Marilyn

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