Una buena conversación es una conversación sostenida en el tiempo


No renuncio por ello, dicho sea antes que nada, al privilegio de los microencuentros, de las microconversaciones, de las palabras dichas en los pasillos, en las aceras, en los trenes. Sin embargo, no las considero a la altura de un diálogo que se mantiene más allá de los segundos y minutos. Nuestra cultura actual, dada a lo efímero y al valor de lo instantáneo, tan reducida en ocasiones a un presente aislado, anhela sin poder alcanzar fácilmente una buena conversación. Creo sinceramente que lo desea, y lo porta en los genes como elemento recesivo que se achica ante otros factores de más vigor constructivo y formalizante.

Una buena conversación debe superar prejuicios y aclarar un lenguaje común. Nada fácil, porque lo fácil es mantener la postura personal intentado persuadir al otro para que se acerque al máximo, sin renunciar a nada de lo frágilmente construido hasta el momento. Sabemos que nuestro pensamiento hoy es pensamiento débil, y eso nos asusta; por lo que se tiende a revestir de durezas, haciendo de las conversaciones enrocamientos. Lo fácil envidentemente es encubrir en palabras, no ya frases magníficas, nuestros propios misterios y nuestra propia vida. Detrás de ellas queremos decir, no pocas veces, lo que sólo nosotros podemos entender. Por eso me parece crucial la importancia del tiempo en la conversación, para no quedarse ahogado en este primer esfuerzo. El esfuerzo de aproximarse, de salir de uno, de encontrarse con el otro en el otro mismo, de respetar toda su vida, también sus palabras. No pocas veces la premura desencadena maltendidos, la urgencia malinterpretaciones, y la falta de paciencia deriva en confusión, mezcla y desencanto. Lo humano siempre es tener paciencia; andar es expresión de lo humano, que no  ha podido construir para todo grandes autovías aéreas por las que circulen aviones que nos traigan y lleven rápidamente de los unos a los otros. Lo humano implica lento acercamiento, respetuoso siempre, prudente siempre, atento siempre.

Una buena conversación no se queda en lo anterior, que ya sería de por sí magnífico. No abandona su objetivo después del increíble trabajo y tarea de limpiar las calles de escombros pasados y de obstáculos para la proximidad. Una buena conversación sigue adelante, y sigue. Tiende al infitino. Una buena conversación no tiene por qué llegar a acuerdos, sino estar al servicio de la comunión de personas. La pena es que algunos no tengan, ni siquiera, la opción de la palabra, la posibilidad de entablar apaciblemente un estado en el que preguntar, una dignidad crítica y cuestionante, una circunstancia vital que propicie la libertad hasta ese punto. Una buena conversación, como digo, puede cambiar su meta y su rumbo a medida que se va sucediendo. No se trata de una reunión de trabajo, sino de la palabra puesta al servicio de la humanidad, de la palabra que expresa pensamiento, y todo pensamiento requiere reflexión, y ésta a su vez silencio, soledad, paciencia. Las ideas, como los sentimientos, no brotan al azar ni porque sí, según el deseo del hombre, según el momento. Quizá las palabras rápidas sean más demagógicas que ninguna de las palabras conocidas anteriormente, y hieran, de verdad que lo hacen, a aquellos que tenemos delante. Con heridas visibles en ocasiones, con heridas invisibles en otras. Una buena conversación resiste el paso del tiempo, también en el recuerdo. Deja poso, alimenta, alienta. Una buena conversación siempre, y esto quizá sea lo más importante del post de hoy, se da entre personas. Y las personas no surgen fácilmente en la sociedad, porque permanecen un tanto agazapadas entre las masas o conservando excesivamente su individualidad e individualismo.

Gracias, porque ayer noche la conversación duró, más allá de todo cálculo previsible, desde las 21 hasta las 2 de la mañana, lo que suponen 5 horas ininterrumpidas de presencia mutua, de acercamiento. Y el reconocimiento final, de que nada tenía por qué haber terminado. Hoy dura la conversación, y mañana espero que también. Hasta la próxima semana, que de nuevo volveremos a encontrarnos, y retomaremos allí donde lo dejamos,

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