Creo que es mejor contemplar a un caballo como un mounstruo que verlo solamente como un sustituto del coche


Dicho de otro modo, dejando el lenguaje maravilloso de Chesterton, y sabiendo que lo empobrezco con una afirmación tan contundente, hemos normalizado y convertido la auténtica mirada de la inteligencia del hombre sobre la realidad, de su capacidad espiritual para el asombro, para la sorpresa, para lo increíble, para lo enmudecedor. Y así nos pasa. Que parece que preferimos saber de qué hablamos al trato primero y directo con una realidad que nos cuestiona. Interpretarmos, sí, y muchas veces lo hacemos al margen de la vida misma, encerrados en otros lugares menos propicios para la reflexión y la existencia, para la pasión y la locura. Prescindimos de la gracia de suspirar, ahogándonos en respiraciones sistemáticas y ordenadas, al ritmo de todos, según el común, el mínimo común múltiplo que nos auna e identifica, sin señalar más allá porque se revelaría demasiado potente descubrir que existe este más allá, mirando al hombre fraccionado y pequeño en lugar de abrazar la humanidad entera. Hoy, después de una clase sobre el existencialismo francés, incluso mis alumnos miraban entristecidos su existencia al comprobar que un simple examen tiene más capacidad para hacerles vivir aparentemente despiertos y sin dormir, que la impactante cifra de 800.000.000 de personas que viven hoy, aquí en nuestro mundo y ahora en nuestro tiempo por debajo del umbral de la pobreza.

Toca, sin duda, renovar la mirada y volver a contemplar caballos como mounstruos que no conocemos, a las personas como una locura regalada semejante a cada uno de nosotros, con capacidad para entregarles la dignidad que hemos descubierto previamente que tenemos y podemos compartir sin luchas, ni conflictos, ni peleas. Toca, y no puede ser de otro modo, desaprender demasiado para recibir por completo la existencia regalada y el mundo regalado que tenemos, para empujar el mundo a su máxima bondad superando la maldad que vemos sólo a través de pantallas y que no nos roza ni escandaliza. Toca, sin duda, volver la mirada y convertirla, dejando de lado las formas de escepticismo que se han maquillado en la indiferencia y entre los sabelotodo de la cultura de lo efímero que llega al mayor número de personas para luego ser olvidado y encerrado en el cajón del olvido, sin mayor recuerdo que haber visto algo, leído algo, escuchado algo desprovisto de interrogantes y de preguntas lo suficientemente fuertes como para conmover el alma y revolver el amor, núcleo de toda persona.

  1. Volver a la ingenuidad, incluso a la inocencia. Volver a las preguntas de siempre, como si no las hubiéramos respondido nunca, y saber si estamos en las mismas, o incluso mejor asentados en ellas después de mover un poco las posaderas en el lugar. Volver a la casa que nos vio nacer, al lugar en el que respiramos por vez primera, en el que descubrimos nuestra vocación, al origen, al inicio de todo. Regresar allí y ver qué quedó de todo aquello, del entusiasmo, y devolverlo a la vida.
  2. Volver la mirada sin prejuicios, conocer al margen de lo conocido, poner entre paréntesis tanta sabiduría y palabras y palabrería que no sabemos bien de dónde viene, ni cómo llegó a nosotros. Preguntarnos decididamente por lo que creemos, y admirar limpiamente la puesta del sol, el abrazo del amigo, la sorpresa del amor. ¿Por qué amamos tanto, por qué deseamos tanto amor, qué habrá detrás de tanta búsqueda, de tanta realidad?
  3. Dejar que todo impacte, porque todo y no parte es para nosotros. Aceptar la persona que viaja, como persona, a nuestro lado impidiendo que sea un objeto más entre otros. Admirarnos por la capacidad de hablar con el desconocido, y de preguntar una vez más qué tal el día al conocido de siempre, al que vive con nosotros, al que trabaja con nosotros, al que estudia y aprende con nosotros, a ese que está sentado como prójimo a una distancia menor en metros que en otro tipo de medidas probablemente más propias de la dignidad del hombre, a ese prójimo infinitamente distante que con la palabra somos capaces de acoger.
  4. Preguntarnos, repetidas veces, por qué hacemos lo que hacemos, y quién decidió semejante camino. Quién, por qué, con qué interés. Fui yo, o fue otro. No hay más salida, porque la nada no decide. Y lo humano, todo, en cualquiera de sus formas, porta intención y recibe intenciones. Respondemos a qué, y de qué modo. Hablamos con quién y de qué modo. ¿No vivimos, continuamente y en tantos momentos, que al corazón le dan vuelvos y quiere sucesivamente despegarse de donde está, caminar con distinta presencia? ¿No nos habremos hecho demasiado a la realidad, como una cárcel encierra a quien desea, ahora sí, ser verdaderamente libre en medio de lo más común y ordinario? ¿No habremos cautivado nuestra mirada, nuestra escucha, nuestra inteligencia?

Lo comparto contigo, aunque sinceramente ésta sea la pregunta del día para mí. No lo digo desde el pesimismo, sino desde el entusiasmo, con sorpresa y de forma inesperada. Quisiera, y es cierto que no puedo si sigo en lo de siempre, volver a ver un caballo como un mounstruo a través de los ojos de un niño, que seguir en la actitud que sustituye semejante portento de la creación con un coche útil y práctico. Quizá, sólo quizá, y sabiendo que es tarea imposible, no pueda hacerlo conmigo sino a través de otros. Y dejar, como hoy me ha pasado, que sea la pregunta de una alumna atenta aquella que me haga comprender todo, y volver a todo, de forma diferente. ¿No estarás exagerando? Creo que no.

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6 pensamientos en “Creo que es mejor contemplar a un caballo como un mounstruo que verlo solamente como un sustituto del coche

  1. Recuperar la capacidad de asombro… al hilo de aquello que dijo Jesús de ser como niños para entrar en su reino…
    Y otra de Chesterton:
    “Hay algo que da esplendor a cuanto existe, y es la ilusión de encontrar algo a la vuelta de la esquina.”

  2. Pingback: He leído un post a mis alumnos « Blog personal de pequeñas cosas

  3. Lo que nos está ocurriendo como sociedad es que nos estamos alejando de las fuentes,de nuestros principios, ya sea por vergüenza a ser distintos, o porque los demás lo hacen y qué…Volvamos a ver las cosas desde la mirada de Dios y todo volverá al orden que nunca debió perder: volveremos a preocuparnos por nuestro prójimo,haremos lo posible y lo imposible por devolverle la dignidad a quienes viven en condiciones infrahumanas por el egoísmo de algunos…o de muchos, en fin, volveremos a vivir como verdaderos hermanos que somos, hijos de un mismo Padre, que nos creó por amor y nos regala constantemente cosas hermosas y dones para que nos ayudemos mutuamente. En mi país está de modo, en especial entre los jóvenes el saludo: ¿qué tal, todo bien no? A mí me suena a: no me importa nada de vos. Cero diálogo. Saludo hipócrita. Me dan ganas de decirles: No preguntes nada, decí un simple Hola y listo porque, por lo que se ve, ni te importa cómo estoy; obviamente nadie va a andar contando sus problemas de salud o de lo que fuera con los demás porque así lo único que va a lograr es espantarlos pero me parece que se está perdiendo el interés por el otro; es como decir: si yo estoy bien, lo demás no me interesa. ¡Cuánto egoísmo! No somos islas, fuimos creados para interrelacionarnos, y lo más importante: no somos máquinas, sino personas pero parece que algunos lo han olvidado. Saludo cordial en el amor de Jesús y María.

  4. Pingback: Creo que es mejor contemplar a un caballo como un mounstruo que verlo solamente como un sustituto del coche | Preguntarse y buscar

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