Resistir ante las imágenes


Un buen ejercicio para la búsqueda de la verdad, en cualquier ámbito de la vida y especialmente en aquellos que son más susceptibles de centrar nuestra existencia, consiste en resistir nuestro propio imaginario sobre la realidad. Es decir, en hacer un pequeño paréntesis y no dejarnos manipular por los propios prejuicios, las opiniones configuradas a la ligera, las cosas que hemos escuchado de otros, o las apariencias. Todo esto forma parte del imaginario, aunque por “imaginario” entendamos algo más complejo todavía, más potente, más holístico, más global. Una parte de “nuestra verdad inamovible” sobre la que no tenemos el control por su embergadura. Parte de ese imaginario se deriva de la cultura, de la sociedad, del entorno y de la propia historia, y también de la religión que hemos heredado. Por ejemplo, la importancia de los sentimientos en la toma de decisiones, la concepción que tenemos de libertad como toma de decisiones e independencia, la relevancia de los amigos en la vida social y el modo como se entiende la familia. Todo eso, que parece conformar un universo de sentido y signifcado, sumamente complejo de abarcar, es aquello que denominamos imaginario.

La pregunta que se me ofrece, cuando alguien se da cuenta de lo que puede suponer este imaginario en la búsqueda de algo sincero y auténtico, me pone en la pista de una nueva pregunta. Como si fuera una cadena. ¿Quién es el hombre para enfrentarse a algo tan grande? ¿Con qué herramientas cuenta? Y mis primeras respuestas, sumamente positivas y dichas con confianza, están en línea de la capacidad racional, de la esencialidad de la trascendencia, y del espíritu de comunión como esenciales al ser humano. Por un lado, la razón despierta, interroga, hipotiza y hace malavares. La razón por sí sola, centrada en un objeto, no llegaría a ningún sitio si una parte constitutiva de la misma no fuera la imaginación y la trascendencia. Y el espíritu, superando las ideas, las opiniones y las certezas, propicia la entrada del mundo afectivo, de las relaciones, del sentimiento y emoción, de los vínculos generosos, solidarios y compasivos. Lo cual muestra, espiritualmente, que el ser humano es incapaz por sí mismo de encerrarse y bloquearse exclusivamente en sus propias cosas. Siempre mantendrá la tensión entre su sí mismo reflexivo y lo que es propio de los otros, cuya mirada es exigente, reclamante y vocacional. Profundamente, no superficialmente dicho.

Dicho lo cual, y afirmadas ciertas capacidades, a las que ningún hombre puede renunciar, sigue estando pendiente cómo poder hacerlo, el modo, el ensayo o el ejercicio concreto. Como todo en la vida, lo esencial tiene que ser capaz de ser encarnado en lo cotidiano para ser real:

  1. Resistir a las imágenes con las grandes palabras. Sin reduccionismos falsos y menguantes, que encierren la inteligencia en dos o tres conceptos, todos ellos verificables, comprobables, contrastados con la vista, el tacto y el gusto. Siempre queda abrirse a algo más. Un “más” cerca del cual se esconde mucha verdad.
  2. Resistir a las imágenes superando continuamente las apariencias. Haciendo, como decía al principio, un paréntesis. Por ejemplo, ninguna persona es su imagen. Por mucho que puedan parecerse o acercarse.
  3. Resistir las imágenes es atender los propios prejuicios. Conocerlos, al menos. Para que cuando estemos en situación de “usarlos”, nos sirvan bien y no nos despisten dando lugar a malinterpretaciones.
  4. Resistir las imágenes por medio de la escritura. Aquello que se escribe, queda fijo. Podemos verlo, está ante nosotros. Es nuestro secreto puesto de manifiesto. De modo que cuando en privado escribimos, hacemos el ejercicio de decir todo cuanto sabemos. Lo cual nos cuenta, a su vez, todo cuanto desconocemos y que pueda ser verdaderamente real.
  5. Resistir las imágenes con la reflexión. Un buen examen de uno mismo aporta un componente de autenticidad a la propia vida. Qué ha pasado, y sobre todo, qué me ha pasado y cómo lo he vivido. A quiénes he mirado, con quiénes he estado y qué ha supuesto para mí.
  6. Resistir las imágenes a través del perdón y de la reconciliación. Claves que nuestro mundo y ritmo, que quiere tener siempre razón y se siente humillado ante el error o el fracaso, no acaba de acoger como fundamentales. Y sin embargo, humanizan y dignifican el propio camino, evitando que se endurezcan posturas y se enroquen inteligencias y corazones. El primer paso viene dado primordialmente por la capacidad de perdón a uno mismo.
  7. Resistir las imágenes confiando en el diálogo. Esto es, la posibilidad de una verdad más allá de nosotros mismos y de nuestras capacidades solitarias para descubrirla. Atender procesos desarrollados por otros. Supervisar con otros el mundo, vivir en relación auténticamente liberadora. El diálogo posee unas capacidades que, aunque entendidas, no siempre resulta fácil llevar a la práctica. Porque unas veces vivimos desde el egoísmo, otras veces no escuchamos con libertad y somos dominados por prejuicios, y muchas otras porque temenos quedar sometidos a las habilidades aduladoras de otros.
  8. Resistir la imaginación, poniendo entre interrogantes muchas afirmaciones que hacemos, muchos juicios que hacemos a la ligera o aceptamos sin más. Cualquier realidad permanece susceptible, sin caer en la eterna sospecha, de buscar resortes más allá de sí mismas. Tanto en las pequeñas cosas, como en las grandes.
  9. Resistir las imágenes dando tregua a nuestros sentidos. Nuestra cultura, especialmente a partir del desarrollo tecnológico que todo lo toca e inunda, se ha llenado de sonidos, visiones, imágenes, ninguna de las cuales esconde neutralidad. Todas, al ser humanas por provenir del hombre, portan una intención y sostienen una visión del mundo concreto. Nos haría mucho bien, para no saturarnos y para no encontrarnos a su merced irreflexivamente, dejar a un lado la música y el “excesivo mirar” curioso, en cualquier ámbito de la vida. Al menos, durante unas horas al día. Sabiendo que los sueños, siguen siendo imágenes.

La décima medida, y muchas otras, las dejo para ti mismo. Seguro que puedes ser creativo. Todo cuanto comentéis, lo introduciré en el blog. Nos será de gran utilidad:

  1. Leyendo, algo más que novelas.
  2. Escuchando a quienes saben algo más, conscientes de la propia ignorancia.
  3. Reconociendo las debilidades y límites personales.
  4. Decidiendo, con la voluntad, llegar al corazón de las cosas.
  5. Contraimaginando. Con la imagen de otras posibilidades.
  6. Descubriendo las novedades de cada día. Aquello que quiebra “lo de siempre”.
  7. Superando las rutinas, los hábitos comunes, lo que todos hacen.
  8. Empatizar, ponerse en el lugar del otro.
  9. Mirarse a uno mismo.
  10. Rezar ante una imagen.
  11. Hacer algo nuevo cada día.
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