Los motivos del silencio


Primero hay que dejar claro que hay silencio de todo tipo, y que probablemente hayamos practicado la mayor parte de ellos. Y que se dan en cualquier ámbito, espacio, lugar y tiempo. No quedan reservados a ninguna edad, y son tan universales que ni las clases sociales se pueden apropiar ninguno de ellos. (Si bien es verdad, y añado, que hay silenciamientos, y se deja sin voz ni palabra a no pocas personas en nuestro mundo. Esta aclaración la sentía como necesaria.)

De entre todos los motivos del silencio, hoy aclaro varios:

  1. De los que aguardan el momento oportuno. Quizá ahora no tenga nada que decir porque simplemente estoy escuchando, disfrutando incluso de lo que recibo, o pensando en lo que diré. No hay que hablar por hablar, y este silencio además de sabio es prudente y no suele ser dañino. Aunque incomode a quienes esperan implicar a otros en la conversación o tienen mejor pensadas las cosas. Este silencio es sabio porque no se complica, es decir, reconoce que las palabras atan a las personas. Y es prudente porque espera; de algún modo anuncia que la palabra nace encarnada.
  2. De los que rabian y protestan. De estas veces que el silencio es ensordecedor. Lo hemos visto como protesta generalizada, de colectivos y miles de personas juntas. Expresión de quienes han dicho todo lo que tenían que decir y probablemente no se les ha escuchado, o al menos así lo consideran ellos, o sí sin tenerles en cuenta. Un silencio que irrumpe en medio de tantos ruidos, que parece que detienen el tiempo y congela expresiones: manos alzadas, abrazos, miradas… Silencio que da paso a la comunicación escénica, o simplemente genera un acontecimiento. Pueden ser también individuales, esto es, cuando alguien permanece mudo e hiriente en la mesa, en la casa, en el trabajo, rebotando en él todo intento de generar nuevas posibilidades.
  3. De los que adoran y se sorprenden. Tanta palabra, tanta palabra… y de lo más hermoso de la vida se dice muchas veces en el corazón y quedándose boquiabierto y sin pronunciar palabra. Hace poco tuve la oportunidad de vivir un tiempo tan impresionante que todavía se me ponen los pelos de punta al recordarlo. Una multitud callada, algunos sentados, otros de rodillas, otros levantados… y todos bajo el mismo acontecimiento adorador. Es el silencio que deja espacio también interior para un diálogo que supera lo conocido hasta el momento. Es el silencio que se admira por las personas que tenemos alrededor, o surgen en el camino al trabajo en el transporte público cuando comienzo a preguntarme por la vida de los otros. Es el silencio que nos viene a visitar cuando el Señor está presente a nuestro lado.
  4. De los que buscan, y refuerzan. Leía hoy sobre el “silencio necesario”. Ese tiempo diario entregado a la oración, acompañado muchas veces de soledad, dejando a un lado el móvil, la red y los libros. Silencio para encontrarse en la propia historia que se va dibujando no pocas veces sin darse cuenta de todo cuanto sucede, sin poder adelantar todo lo que ocurrirá. Silencio que me sitúa en medio, responsable y sincero. Silencio que me dice, que me cuenta quién soy hasta desnudarme mostrándome las entrañas y el corazón. Silencio que inunda de fortaleza cuando se viven en lo cotidiano y con asiduidad, y de los que se temen cuando se deja pasar demasiado tiempo para ejercer este derecho a estar callado, a ponerme a la escucha, y reparar y adelantar todo lo que llega.
Y algún motivo para el silencio habrá. De estos, espero que hayas disfrutado al menos tres o cuatro. El silencio es una realidad preciosa de nuestro mundo, que teme porque se ve devorada por las actividades, preocupaciones e infinidad de ruidos y miedos interiores. Todo parece estar en contra: música, televisión, redes… y sin embargo es camino, reconocido y practicado, para la verdadera humanidad. Silencio que descubre nuevas palabras, que reflexiona, que profundiza y escava, que permite el encuentro y, en definitiva, hace más feliz que el bullicio y el aturdimiento de la constante exposición a “palabras repetidas y vacías”. Junto al silencio se encuentra también una novedad asombrosa, que nos reclama para sí, y que pugna por salir de su destierro. Recuperemos tiempo de silencio ahora que llegan los proyectos del  nuevo curso.
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