Incapaces de dar respuesta a sus promesas


Me ha resultado muy interesante este párrafo, que he leído hace unos minutos:

Todo lo que hemos señalado ha hecho que gran parte de los fieles no estuviese preparada para afrontar una cultura que, como nuestro Santo Padre ha subrayado en sus visitas por todo el mundo, se caracteriza por el secularismo, el materialismo y el individualismo. Pero no todas las circunstancias de nuestro tiempo son negativas. Así como es posible reconocer las causas o, por lo menos, las ocasiones para la situación negativa actual, también es posible identificar una respuesta que vemos cada vez más positiva. Muchas personas, sobre todo los jóvenes, que se han alejado de la Iglesia, están descubriendo que el mundo laico no les ofrece respuestas adecuadas a las perennes y profundas necesidades del corazón humano. (Cfr. Instrumentum Laboris nºs 63-64, nºs 70-71).

Forma parte de la intervención del Cardenal Donald William Wuerl en el Sínodo para la Nueva Evangelización. Lo que señala, sin decirlo, es una sociedad en crisis. Una cultura que se construyó sobre unas bases diferentes a los frutos que ha dado, está girando hacia sí misma para descubrirse y renovarse. Una cultura que se reconoce cansada, solicita una visión nueva del mundo, de las relaciones, de las personas, de sus aspiraciones y deseos. Una cultura que se asentó sobre la idea de progreso, creyendo en el mejor bien posible para el hombre, y que ahora se ve agotada y encorsetada entre las cosas y la técnica aspirando a ser lo más humana posible.

Me parece muy interesante por el giro que hace, por la búsqueda de esos signos que permiten el alumbramiento de una nueva cultura, identificando en la realidad actual un renacer y rebrotar de la experiencia de fe, de la necesidad de comunidad, de la búsqueda de la salvación. En concreto, la fórmula “están descubriendo que el mundo laico no les ofrece respuetas adecuadas a las perennes y profundas necesidades del corazón humano” me resulta muy iluminadora, porque entiendo que así es, pero hace falta mostrarlo con claridad al mundo. Lo que me preocupa es que también hay signos del desvanecimiento de las preguntas y del cansancio de respuestas banales. Jóvenes que han dejado de preguntarse, que caen en el pensamiento débil con facilidad, en la masa de los interrogantes. Jóvenes que se abandonan, sin criterio ni revisión alguna, a vivir caminos trazados con promesas de inmediatez cada vez más claras, cada vez menos deseoas de perennidad, menos definitivas. Jóvenes que han aparcado sus problemas y dificultades, sus preguntas y cuestionamientos por sacar adelante aquellas partes menos tocadas de sus propias vidas, menospreciando las heridas de su historia y las causadas por el ambiente en el que viven, incluso en sus propias familias.

Esta nueva realidad creo que pasa, abiertamente, por tratar los tres asuntos señalados (el secularismo, el materialismo, el individualismo) con nueva luz y profundidad, más allá de la condena, porque intuyo que son tres claves fundamentales para salir precisamente de la crisis humana y religiosa en la que nos hemos visto envueltos, y en la que estamos claramente sumidos. Hace falta, a mi entender, que se tome en serio y se revise nuestro proceder en estos ámbitos:

  1. La secularización ha mostrado que se puede vivir sin Dios, se puede estar en el mundo sin referencia a un Dios personal, que dialoga, ama y perdona. Por lo tanto, la relación con Dios no proviene del impulso natural del corazón humano, ni el encuentro se da de cualquier manera en la historia del hombre y de la humanidad.  Quizá sí su búsqueda y unas primeras palabras, que nada tienen que ver con un diálogo personal. El encuentro, más allá de las preguntas por lo trascendente y lo absoluto, es un verdadero milagro, que se produce porque Dios ha querido mostrarse al hombre que le busca, que se interroga, que desea ese encuentro. La fe, por lo tanto, es signo de este milagro en el hombre, fruto de esta relación que se cultiva en la relación misma. ¡Mostremos entonces la bondad de Dios de este modo! ¡Semejante gratuidad!
  2. El materialismo, y las cosas y la reducción de todo a pura materia, si alguien se lo creyó en algún momento de su vida intensamente vivida, ya no tiene carta de legitimidad en la sociedad actual. Incluso en un mundo en crisis, la materia y las cosas han sido redimensionadas. No se buscan las cosas por sí mismas, sino por su trasfondo, por su sentido. Se establece en la riqueza y la pobreza una cuestión de justicia social, o universal. Las cosas vacían al hombre, lo empequeñecen, lo empobrecen. A más, sin necesidad, menos humanidad. Tarde o temprano esto será una verdad palpable en sus vidas. Las cosas por las cosas mismas están fuera de la cultura que busca lo mínimo, lo slow, el descanso rural, la tranquilidad de la naturaleza, la vuelta a lo sencillo. El fantasma de la ciudades, con su strés y con su notable decrecimiento en la calidad de vida, en favor de la cantidad de medios, ha asustado. Debemos reconocer el camino que el hombre ha emprendido, más allá de las cosas, hacia el sentido de las mismas, hacia la belleza y la búsqueda de bondad en ellas, hacia la verdad de su propia realidad y del universo. Cada vez son más los científicos que abandonan su mirada técnica para responder preguntas de mayor calado apoyados en las intuiciones que ha validado la historia de la humanidad, y las preguntas de cada hombre.
  3. El individualismo. No cualquier individualismo, porque pueden existir de muchos modos. El fruto doliente de la modernidad ha sido un individualismo roto, que ha quebrado la cohesión y la unidad, que rechaza la participación y la dependencia de otros, que rompe relaciones y se engríe a sí mismo. Invidualismo pagado de sí mismo, lleno del orgullo de ser alguien, de dominar, de sentirse poderoso. No una torre de Babel, sino muchas que intentan escalar el cielo y tocar lo que de por sí no está a su alcance. Pero en el mismo individualismo, dentro de las mismas personas, se esconden otras posibilidades. Individualismo sólido y sano, personas robustas, dotadas de criterio, conocedoras de sí mismas. Comienza a existir multitud de literatura que abre ahí una brecha distinta, sin la condena habitual. Que comprende que la sociedad se construye a partir de cada uno, que cada persona es única, que puede ser fuerte y débil, sostener al débil y cuestionar a los fuertes. Que en el cuidado esmerado por el crecimiento integral y el desarrollo equilibrado surge una nueva manera de comprender lo que está pasando. Un sujeto diferente pugna por liberarse de las masas en la sociedad del autoproclamado individualismo rancion. Una autonomía que no sea solitaria ni dependiente del rechazo de otros. Una libertad que no condene como límite e infierno la libertad de los otros. Una persona enteramente centrada y descentrada de sí misma, porque ese milagro es posible en el desbordamiento generoso de lo que es y significa ser persona.

Sigue la conferencia, y para mi sorpresa, da un salto vertigionoso en un momento. Y me alegro profundamente de que nos alejemos de una vez de respuestas que no provienen de nuestra identidad, y miremos con seriedad lo que llevamos entre manos. La teología no es asunto reservado a unos pocos, se trata de una cuestión de vida, de fuerza, de recreación fuerte. Me parece clave que la respuesta al secularismo, al materialismo, al individualismo nos devuelvan la mirada a la profundidad de las palabras que ya hemos acogido como respuesta: conceptos como la encarnación, la resurrección, la redención, el sacramento y la gracia -temas centrales de la teología usados para explicar nuestra fe en Jesucristo. Conceptos que no se quedan en el terreno de lo intelectual, del debate conceptual, que son capaces de abrazar y dar respuesta al hombre de hoy.

La tentación para el evangelizador, y tal vez también para los pastores, es la de no confrontarse con estos obstáculos conceptuales y poner su atención y sus energías en unas prioridades más sociológicas, o en iniciativas pastorales e, incluso, desarrollando un vocabulario distinto de nuestra teología.

Si es importante que la Nueva Evangelización tenga en cuenta a los signos del tiempo y hable con una voz que alcance a la gente de hoy, debe entonces hacerlo sin desprenderse de la raíz de la vivísima tradición de fe de la Iglesia ya expresada en los conceptos teológicos.

Dicho de otro modo, mostrar la alegría en el testimonio de la propia vida de todo lo recibido. Que no es poco, ni superficial. Encontrar respuesta y alternativa para la secularización que encierra al hombre en un mundo incapaz de satisfacerle, para el individualismo aislacionista y separatista en una antropología y eclesiología de comunión y misterio, y para el materialismo en la doctrina de la generosa creación. Respuestas, todas ellas, vigentes que quizá muchos desconozcan todavía incluso dentro de la comunidad cristiana.

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