Puntos débiles y grietas – Miniideas


Quiero pensar hoy que nada de lo que se rompe amanece roto porque sí, al despertarse por la mañana o al irse a dormir, como si nada hubiera pasado, como si fuera perfecto hasta ese momento. Ni con los jarrones típicos de los ejemplos, ni con el trabajo, ni con la vocación, ni con las relaciones. Quiero pensar, además, que somos lo suficientemente inteligentes como para darnos cuenta de qué está pasando y de cómo estamos. Es decir, que si aparecen grietas las vemos, y si hay puntos débiles lo intuimos. Venimos al mundo sin mapa de instrucciones, pero dotados de capacidad suficiente como para atender y cuidar de nosotros mismos y de los que tenemos alrededor.

Algo se rompe, por lo tanto, después de mucho tiempo entreabierto, por su fragilidad mal cuidada, o por ponerlo en el lugar que no le corresponde. Algo se rompe cuando nos hemos descuidado, cuando hemos pensado que vale cualquier cosa, cuando no hemos medido las consecuencias, cuando hemos pasado por ahí como si tal cosa. Algo se rompe, finalmente, ante nuestros ojos y quizá con estupor y con sorpresa, después de un tiempo avisando. ¡Claro que las cosas no hablan! Pero se dejan ver. ¡Claro que las relaciones no tienen palabra propia! Pero se dejan sentir. ¡Claro que la propia vida no nos da un susto a la ligera un día cualquiera! Pero se intuye por dónde y cómo avanza.

Pienso en el juego, sencillo, de piedra-papel-tijera. Y en los papeles, como metáfora. Y me aporta muchas imágenes que espero que ayuden a comprender mejor todo esto.

  1. Cuando la realidad está compacta, no es tan fácil romperla. Al igual que si coges un folio y quieres tirar por los lados para romperlo. No resulta nada fácil ni a tirones fuertes, ni muy fuertes. Cuando no hay fractura, cualquier cosa no termina con la unidad. Me parece muy importante considerar entonces la unidad fuerte como el mejor de los bienes posibles, como el mejor modo de cuidar la realidad. Sin abandonar nada, sin tener “apartados”, sin guardar “ocultas habitaciones interiores”, sin mostrar con claridad lo que hay, sin sinceridad. La unidad de todo se parece mucho a una casa limpia y ordenada.
  2. Elementos que parecen fuertes, como la roca, pierden poder y capacidad para dividir. Es más, algunas de estas realidades fuertes y poderosas terminan perdiendo la partida contra la unidad, son asumidas y sumidas dentro, son cubiertas y tapadas. No pueden dañar tanto como se piensa la gente. Creo firmemente que nuestro mundo confunde las cosas buenas y las cosas malas, y las simplifica en exceso. En relación a esto me he llevado sorpresas enormes al ver cómo aquello que el mundo estigmatiza tantas veces se convierte en algo pequeño que no puede doblar la unidad. Quizá se arrugue un poco en su contacto, quizá deba plegarse y cambiar la forma básica que le mueve, pero termina con ella y vence finalmente sin quebrarse. Esto es posible su la unidad y la vida las hemos cultivado con maleabilidad y con flexibilidad. Cualidades ambas, que adaptan lo fundamental e incluso lo mejoran. Quien no sabe adaptarse tiene la batalla perdida en todos los sentidos.
  3. Otros, sin embargo, de por sí sabemos que rompen la unidad y quiebran. En esto hay que ser profundamente inteligentes, la verdad. Quien se expone ignorantemente ante cualquier cosa, o juega a lo que pueda salir, tarde o temprano tiene que asumir un riesgo cuya consecuencia no le va a agradar en absoluto. Una tijera siempre será una tijera, y siempre podrá hacer añicos el papel. Como tantas cosas sabemos que, de por sí y sin necesidad de más, lo único que sembrarán será el mal y el dolor, la ruptura y la división.
  4. Por último, las grietas en el papel y en la realidad hacen de ésta algo fácilmente quebrable y destruible. Una vez empezado a rasgar no hay límite, seguirá descomponiéndose sucesivamente, perdiendo parte de lo que es, jugando en terrenos que no podrá atender al mismo tiempo, debilitando sus fuerzas. Tendrá que asumir entonces la pérdida de lo suyo, hacer elección por algo de lo que le quede, y empezar a cuidarlo con mayor esmero. Lo que quede difícilmente crecerá entonces. Como el papel, que no se multiplica. Se escribirá menos, se reducirán las posibilidades. Lo dividido resulta terriblemente escaso para la vida del hombre, hecha para ser un folio completo, y no medio, ni tres cuartos. Por eso, cada vez que se divide y fractura algo, se rompe profundamente el mundo en el que el hombre debe vivir finalmente. Y todo empezó en muchas ocasiones, por esas grietas de la existencia que no recibieron suficiente atención y cuidado, que no se protegieron por encima del resto como puntos débiles con capacidad para transformarlo todo. Puntos débiles y grietas que surgieron sin saber bien por qué.
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