Con tu voz, suena mucho mejor


Toda la palabra rescata y libera. Ojalá supiésemos que esto es verdad.

Porque hasta el momento muchas cosas se podían confundir con la imaginación, y no saber si han existido realmente, si habían sido cábalas y cálculos de papel frágil. Voces bien sabemos que hay muchas, algunas que nos atrapan en las sombras de Platón o en lo accidental de Aristóteles, o enlas dudas y engaños de sueños y de ilusiones creadas por el miedo a soportar dudas con ritmo y sistematicidad. Hay muchas voces, bien lo sabemos. Y no todas son iguales.

Hay voces que rescatan y liberan, porque dejan de ser simplmente voces y se transforman en palabras, porque lo que se ha publicado en el teclado o con tinta o con lápiz de color, cuando se lee tiene un lector, y este ejercicio le da una nueva dimensión, una entonación nueva, un impulso variado, un acento propio. Porque ha rescatado de entre todo lo dicho  la esencia y sustancia, y entonces se hace luz en lo fundamental, en lo que es comprensible, en lo que es pensable, en lo que es sentido y consentido, sentimiento común que une, y pensamiento que unifica y dirige. Porque ciertas voces y palabras tiene la fabulosa cualidad de describir el alma y casi tocarla, haciendo un dibujo de sus límites y describiendo sus colores, sus pasiones, sus entusiasmos. Ciertas, y no todas, fueron escritas e introducidas en botellas que navegaron grandes mares pidiendo auxilio, y otras susurradas al oído con su presencia. Detrás de cada voz, hay una persona, solo una, y no dos. Aunque esa palabra los une, al primero por autor y responsable, al segundo por destinatario y receptor. Hay voces que son capaces, insisto, de palpar el alma y obrar como el espíritu hasta el punto de confundirse con ellas. Palabras que son alma, voces que son espíritu. Una frontera difícil de trazar, hermosamente difícil de ver. Dónde poner el límite si se parecen tanto entre sí.

Porque tu voz refleja y hace pensar, porque despierta al mundo común, porque aporta lo que no se ha visto ni se ha vivido, porque suele ser una palabra que nace de la experiencia concreta, de la vida vivida o deseada. No pienso en palabras que fueron guardadas en magnetofones, ni en palabras que fueron secuestradas en cintas, ni en palabras grabadas en músicas adolescentes. Pienso en las palabras serias, en las voces únicas, en las voces del momento. En el top ten de la existencia, en aquellos que están a tu lado, no en otro. Muy cerca, y no muy lejos. En voces, y palabras que puedes oír, sin descodificar, sin mandar callar la realidad, sin necesidad de ser gritado. Voces que se escuchan precisamente por no estar solo. Y voces, dirigidas hacia ti, que provocan diálogo. Otras voces, que no son para ti, no son ni siquiera palabras sino ruidos, cotilleos escuchados, ingerencias e intromisiones. La voz que es para ti, la voz a ti debida, ésa es la importante. Porque la realidad, creo, no se puede contar en soledad. Son muchos los fantasmas que aprecen en la soledad del hombre que permanece solitario y quiere hacerlo todo por sí mismo. Porque, en el fondo, sabemos bien que no es bueno que el hombre esté solo. Y esto, cuando es Dios quien lo dice, suena mucho mejor.

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