Luces, cámara, ¡acción!


Y la vida se vuelve artificial, en una secuencia que todo lo transforma. Se proyectará entonces una forma de ser y estar en nada acorde con lo que realmente somos y nuestra realidad. Se tergiversarán los acontecimientos, buscando las imágenes más llamativas, los contrastes más abruptos, lo más mediático y lo más provocador. Las personas pasarán a ser personajes, y la vida un espectáculo. El mundo se contagia de actores en escenarios, que bailan al son de un guión preestablecido. En ese guión unos y otros cierran fila en torno a sus roles. Aunque algunos destellos y detalles hacen ver que son personas lo que existe debajo de las máscaras y que son máscaras lo que tapa a las personas; que lo artificial recubre una vida que pugna, naturalmente porque no puede ser de otro modo, por ser vivida, y lo aparente en ocasiones sirve de demanda de lo real.

Me gusta ver cómo en la vida, en las calles y en las aulas, en los trabajos y en las casas ocurren estos despropósitos que nos desnudan y nos muestran tal y como somos. Lugares, encuentros, espacios propicios para la intimidad, o gritos públicos por un mundo, el de todos, más humano, más compartido, verdaderamente común, en el que las personas sean personas humanas y no personas mercancías, en el que las que la pobreza no sea un número sino que los pobres sean la solución, en el que los alumnos aprendan con sus fallos de profesores con sus errores, en el que la perfección de los papeles no de al traste ni haga quebrar una frágil realidad hermosa en su debilidad, encantadora en su pequeñez y en sus detalles. Me gusta ver este mundo, el real, paseándose entre bambalinas, en las inquietudes de los preparativos y en la decoración de sus escenarios. Me gustaría pensar que tanto esfuerzo nos llevaría lejos, muy lejos, para hacernos mejores, mucho mejores. Pero no es así. Cuando me doy cuenta del teatro, cuando percibo semejante hipocresía, cuando vislumbro entristecido que pocas son las que parecen, me dan ganas de detener tanto prepativo, quedarme sólo con la ilusión del momento, disfrutar del deseo que lleva al hombre a ser más sabiéndose alegre y sinceramente menos.

Hay días en los que desaría que la inteligencia dejase de ser artificial, las ropas no impidiesen el tacto, las actividades no provocasen actores, y todos se descubrieran personas. Sólo eso, personas. Seres en camino, en compañía con otros. Seres necesitados y con fuerza, seres plagados de deseos, de aspiraciones, de reclamos, de entusiasmo. Seres únicos en un conjunto único, dentro de una historia, en un punto concreto del espacio y del tiempo. Seres en movimiento, que se trasladan y enriquecen en su hacer, en su vivir, en su obrar, en su pensar. Seres que, siendo grandes o pequeños, se pueden mirar a los ojos, atravesando decoraciones inútiles y alcanzar la verdad del otro. Seres que son siendo, en gerundio. Seres que no se enrollan en divisiones, que se unan progresivamente a otros. Seres dependientes unos de otros, seres conscientes, que piensen, a quienes sentir no les provoque pánico y pensar dolor de cabeza. Seres que abandonan gustosamente las costumbres, las rutinas, los hábitos aprendidos, y se reflejan en el misterio. Seres para quienes lo artificial no fuera estrictamente necesario, ni se dejasen atrapar tan fácilmente por lo que no alimenta, ni sacia, ni colma, ni plenifica, ni alegra, ni hace feliz verdaderamente. Seres preocupados por el bien, la verdad, la belleza que tienen ante ellos en innumerables ocasiones. Seres que no se dejasen dirigir como marionetas al son de voces que llegan de otros seres pequeños, como ellos, con ansia de poder, y que pudiesen a su vez levantar su propia voz, reclamar el turno de palabra y confesar, abiertamente y con fuerza, que creen, que sueñan, que ven lo invisible, que escuchan lo inalcanzable, que tienden a lo infinito, a lo inmortal y eterno, al bien máximo que es el amor. Y sólo con eso, sólo con amor, tejer su vestido más auténtico y poder compartirlo.

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Un pensamiento en “Luces, cámara, ¡acción!

  1. Hoy hay tantas voces contrarias a la interiorización, a la meditación, a la reflexión…es necesario volver la mirada a quien nos ve y nos ama al desnudo, tal y como somos y nos muestra el camino de libertad…”Yo soy el Camino, la Verdad y la Vida” hoy, creo, se hace más necesaria la relaicón personal de tú a tú con el Señor para que tantos mensajes supérfluos no emboten nuestro corazón…Creo que cada día, los cristianos necesitamos más de una auténtica contemplación que nos ayude a comprender el querer de Dios en nosotros y a acoger la fuerza para llevarlo a cabo cada día.

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