El minuto antes de empezar a estudiar o trabajar


De cómo empiece algo, podemos esperar sus frutos. Si algo empieza estupedamente, las fuerzas parecerá que crecen durante la tarea en lugar de mermar. Se ampliará la esperanza y el tiempo pasará más despacio. Si por el contrario, todo se inicia bajo el signo del pesar, de la resignación, de lo que se soporta sin saber bien el motivo, podemos pensar que nos desgastamos, que podríamos estar haciendo algo maravilloso pero vivimos en un mundo que nos esclaviza. Si empieza mal, para que termine bien tendremos que corregir. Lo cual supone un esfuerzo añadido, que he puesto “yo” con mi actitud desde el inicio. ¡Estúpido pero cierto! Quien se sienta cabreado a estudiar delante de un libro que ni le dice nada ni le habla de lo que quiere y busca en la vida, o quien se pone a trabajar bajo el impulso del bramido, concluirán la tarea como soportando lo que en verdad es una gran oportunidad.

Te propongo que, antes de empezar cualquier tarea, dediques medio minuto o un minuto a alguno de los siguientes puntos:

  1. Pensar en quien no puede hacer lo que tú, y que le encantaría que alguien le diese la oportunidad que tú estás disfrutando. Sea el estudio, sea el trabajo. De modo que, vivir bien esta tarea es una responsabilidad también para con ellos.
  2. Ofrecer el trabajo, el estudio y su sacrificio por alguien. Darle sentido en lo profundo, para que no se cierre sobre sí misma, y se abra a otra realidad más grande. Hazlo por tus padres, por tus hermanos, por tus hijos, por tus relaciones, por tus amigos, por quienes sufren, por Dios. Si no tienes fuerzas para hacerlo por ti mismo, hazlo por otros. Que esperan que lo hagas bien.
  3. Entrar con paz y calmado, sabiendo el tiempo que vas a dedicar. Algo así como adentrarse en la tarea sin permitir que la inercia y los prejuicios pesen en ti tanto que te condicionen y te desconcentren desde el inicio. Entrar centrado, abrir la puerta sabiendo lo que quieres conseguir y lo que puede ocurrir.
  4. Eliminar las distracciones y ordenar el lugar. Una buena forma de disponerse físicamente, encarnadamente, supone distribur los recursos que están a tu alrededor como aliados y no como enemigos.
  5. Renovar motivaciones, criterios y opciones. Además, te aconsejo que esto no lo dejes para los momentos en los que estés bajo de ánimo, cuando tengas que rascar y escabar para encontrar algo convincente, sino que lo tengas presente precisamente cuando todo va bien, cuando todo marcha, y cuando te encuentras libre y con fuerzas.
  6. Ajustar espectativas. Que el tiempo y las fuerzas son limitadas, y eso las hace reales y manejables. Este “autoajuste” es un arte que se desarrolla con la edad y la experiencia, sobre todo con la autoevaluación y reflexión personal, que no nace espontáneamente.
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