En resumen, formación


Aunque prefiero las sillas en las que escuchar, ayer me tocó pasar a la palestra para dar una formación sobre la importancia de la formación en los tiempos que corren. Fue en Valencia, con un simpático y educado auditorio compuesto por los acompañantes de grupos Hinnení. Junto a una imagen de Calasanz, con el ordenador siempre a cuestas, y una hermosa pizarra de las de toda la vida a la espalda. Desde ya les agradezco su buena disposición e inteligente recepción de lo expuesto. Estuvieron sentados durante toda la mañana ejercitando la virtud de la paciencia, y escuchando de forma ordenada lo que ya todos sabemos. ¡Qué importante es la buena formación en los tiempos que corren! ¡Qué necesario es el ejercicio del diálogo, no vacío y demagógico, sino competente y bien argumentado, buscando razones y, sobre todo, la verdad! ¡Qué difícil es hablar de algo tan sencillo como esto, y además hacerlo bien!

Insisto en que fueron muy educados al escuchar durante dos horas lo que probablemente se puede resumir en diez minutos. Fue una reflexión personal y abierta, sobre el contexto en el que vivimos, de una persona que confía enteramente en la razón y en las personas.

Os paso un pequeño resumen en 10 puntos, con ánimo provocador:

  1. Partí del Evangelio que ese mismo día tocaba en la lectura continua de la Iglesia. Un hermoso texto en el que Jesús le dice a los suyos: “Vosotros meteos en los oídos estas palabras, porque…” (Lc 9,44) De hecho, es el título del largo escrito de 24 hojas preparado al efecto. En esta expresión descubro la intimidad de la formación y la obediencia a la Palabra que se deriva, para toda la vida, de recibir algo grande y majestuoso -el kerigma- capaz de dar razón y sentido a toda la vida. Después de las palabras de Jesús, su grupo ni entendió ni se atrevió a preguntar. Pero escuchó y guardó. Sabían que era el Maestro el que hablaba, y lo hacía con autoridad.
  2. La iglesia necesita personas competentes para anunciar el Evangelio y transmitir la fe a los pueblos. No laicos, no sacerdotes, no familias… Debajo de los números, muy al fondo de los mismos, hay un problema mayor que es el de la calidad de los agentes y de los acompañantes. Que si no reciben y no se nutren en las fuentes de la Iglesia y de la fe al final terminarán comunicándose a sí mismos, sus ideas, sus sentimientos y sus experiencias. Esta competencia no se deriva, sin más de cualidades personales y humanas, sino de la conformación de las mismas con Jesucristo, con la fe de la Iglesia, con la revelación. En este punto también insistí en que no puede evangelizar un sujeto individual, sino que el verdadero sujeto es la comunidad cristiana, aunque la tarea quizá recaiga especialmente sobre algunas personas concretas.
  3. Necesidad de nuevas formas y nuevos caminos. Y aquí mantengo una lucha personal contra la renovación lingüística. Creo que muchas veces evitamos llamar a las cosas por su nombre, con palabras cargadas de sentido a lo largo de la historia, para inventar nuestras palabras y símbolos vacíos que nos costará la vida darles sentido y luego hacer el “empalme” con la tradición. En lugar de eso, propongo el respeto a un lenguaje que es propio, a unas formas que son propias, y la llamada a descubrir su profundidad y hondura, su calado y significatividad. Aquí sí que tiene sentido la palabra “actualización”, que no implica ni ruptura ni destrucción. Esa actitud ya fue conocida en la historia bajo el signo de la iconoclastia, que no terminó con las imágenes, sino que fue más allá. Lo que sí necesitamos son métodos y formas nuevas, casi por entero. Seguir con lo de siempre, nos dará los resultados de siempre.
  4. Comprender el sistema global, una formación integral. Las palabras empleadas nos descubren sentidos y relaciones que a nosotros quizá se nos escapan. Quien no tiene formación suficiente sólo ve las cosas en particular, en concreto. Y ahí se hacen muchos excesos al no acoger todo en su conjunto. Una buena formación, por tanto, requiere esa primera visión e introducción general. Lo saben en todas las facultades y de todas las maneras, en cualquier lugar que ofrezca una verdadera formación. De ahí que la especialización sea algo no deseable en ciertos temas, o para ciertas personas.
  5. Nuestro mundo, y sociedad, desprecia las ideas para manipular mejor a las personas. Las consecuencias de la modernidad y la devaluación de las mismas, sólo han convertido a los sujetos en más volubles y en más dóciles a consignas generales. Cuando no hay pensamiento particular y personal, se produce un fenómeno fácil de enteder: masa, pensamiento único, borreguismo. Nadie puede dejar de pensar. Es connatural al hombre el diálogo consigo mismo, especialmente en determinados momentos. Sin embargo, nuestro contexto está sembrado por el relativismo (del que sólo se puede salir acogiendo lo Absoluto e interrogándose por él), un increíble cientificismo (absurdo al no reconocer sus límites ni sus extrapolaciones, utilizando una autoridad que no le es propia), el nihilismo (como destrucción de valores, sin mayor propuesta que la destrucción de los mismos)… Y más indicadores. Hoy, formarse y ser crítico, pensar y reflexionar, dedicar tiempo a conocerse y conocer la realidad, es antisocial, una apuesta por la diferencia, un camino contracorriente. Quizá hoy y siempre ha sido así. Tampoco nos vamos a poner medallas.
  6. La formación no sólo es sobre los temas actuales y de urgencia. Nadie en su sano juicio ofrece formación para los jóvenes pensando en que son sólo jóvenes, como si fueran a seguir siéndolo durante toda su vida. La formación es para la vida. Tiene una dimensión de preparación para lo que no vivimos ya, aquí y ahora, que mira al horizonte y ortoga esperanza a los pueblos. Puede que ahora no se entienda todo, ni se pueda vivir todo. Y tampoco importa en exceso que sea así. Que ahora quizá dé refugio, fortaleza y defensa, pero mañana sea indispensable para mantenerse firme. Es la parábola de aquellos que asentaron casa sobre arena o sobre roca, y recuerdo que en la parábola se hablaba de la Palabra. El que vive de la urgencia y la necesidad ni es libre ni alcanza libertad. Es un esclavo más, que provoca esclavitud. Al final, esa semilla no fructifica por los agobios.
  7. Hoy no hay excusas para la formación. Sí que hay problemas con la información excesiva, la necesidad denodada de filtros y caminos que nos conduzcan por ella, la visión global y sistemática de la realidad. En la era de internet, con la cantidad de blogs que hay y de las redes sociales con los contactos que propician, no hay excusas. Tampoco debemos abandonar ni desechar el acceso increíble que tenemos a bibliotecas excelentes, a las páginas ya escritas y editadas, al cuño de las editoriales y a sus indicaciones en autores, temas y referencias. El mundo tan grande que tenemos a nuestra disposición sí provoca parálisis, un cierto desbordamiento . ¿Necesitamos y hacemos apuestas por conducir y filtrar en este mundo, por el diálogo posterior a la propia reflexión y lectura? Puede que no tanto. Por otro lado, no debemos olvidar que las ideas que mueven el mundo son las que generan transformación en él.
  8. Las ideas y la razón, y su trascedencia. Ya he hablado sobre mi defensa de las ideas y de la razón. Pero la trascedencia de la razón también se refiere a la capacidad para ir más allá de las cosas, preguntarse continuamente, descubrir y acoger lo absoluto sin dejarse llevar por el mundo cambiante.
  9. Al final, todos terminamos confiando, de una u otra manera, en algo más que certezas y verdades. Porque formación no significa encontrar la seguridad absoluta y los raíles en los que dejar de pensar. Muchas veces al contrario. La formación sirve para interrogar nuestra ignorancia, desvelar nuestras impurezas y purificarlas a fuego. Nos deja más desprovistos, nos conecta más con la vida, nos ilumina una senda que puede que nunca hayamos pasado y nos reclama coherencia e integridad. Piensan mal quienes piensan que la formación es algo de razón y lo que importa es la vida. Piensan mal porque siguen anclados en la fragmentación del individuo. Una verdadera formación no sé si es aplicable o no, si es útil o no, pero configura personas y eso se nota en su existencia. La pregunta que siempre nos hace la formación, finalmente, se parece mucho a la pregunta del amor: “¿Me crees? ¿Me quieres? ¿Confías en mí?” Y cuando la formación cristiana pone en contacto con Dios, más allá del ponente o del libro, estamos ante Dios mismo amándonos, antes Dios mismo interesado en nosotros y en el mundo.

El último punto lo perdono. Ayer la conferencia fue excesiva. Hablo muy rápido.

Agradecido por la oportunidad. Y esperando ser formado la próxima vez. Ojalá algún día devuelva con educación y con paciencia una conferencia de quienes ayer me escucharon a mí. Sería un verdadero placer, y se hará justicia. Espero que ellos sean mejores que yo en esto, y en otras muchas cosas.

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2 pensamientos en “En resumen, formación

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