Elogio de las distracciones


Creo que las excentricidades y el ser humano se llevan bastante mal. Creo que a las personas les gusta, y se complacen, en andar centrados por el mundo en un par de cosas esenciales. Sin obsesiones, pero centrados. Muy centrados en ellas, como recibiendo lo que les falta para completar su vida. Es hermoso comprobar, de esta manera, cuáles son los nudos gordianos que, si los desatas, hacen de cada uno un ser vulnerable y frágil, dejan reconocer la debilidad connatural que nos asusta ver y les abre al maravilloso y misterioso mundo en el que cada uno se desenvuelve.

Centrarse y atender, cómo puedes ver, no significan lo mismo. A pesar de estar constitutivamente diseñados para esta entrega absoluta de nuestra persona a una realidad capaz de contenernos, esto no significa que lo podamos hacer sin esfuerzo cuando queremos y como queremos. Encontramos resistencias en nuestro camino, incluso cuando nos topamos con aquello que nos ha prometido la felicidad total y más alta que podamos alcanzar en la faz de la tierra. No se trata de una tragedia, sino del fruto de nuestra división y de los apegos de nuestra historia. Para abrazar algo, previamente nos hemos debido soltar convenientemente de lo que nos atrapa. Tarea que todo educador, acompañante y persona que se conozca bien a sí misma, reconocerá que resulta tremendamente arriesgado y exigente. ¡Cosas de la vida! La atención pone como condición la libertad y la voluntad de las personas, las cuales a su vez son frágiles sobremanera. Digamos lo que digamos.

Por otro lado, nuestra capacidad de centramiento puede resultar y devenir obsesión y ser muy poco deseable para la persona. Son esos momentos en los que nos encontramos “enganchados” a lo que no queremos y como no queremos. La vida nos atrapa sin preguntarnos ni cómo ni por qué, y nos vemos sumidos en la falta de alternativas reales para salir de nosotros mismos, escapar de la realidad que nos ha cautivado contra nuestra propia voluntad. De ahí el título del post, y la necesidad de atender, cuidar y ensayar multiplicándolas al máximo, las grietas de las paredes que tienden a encerrarnos en sí mismas condenando nuestra libertad. El gran deseo del hombre es abrazarse a una o dos cosas sabiendo, al mismo tiempo, que podría estar en cualquier otra parte del mundo. Si no puede, está ahí su condena. Si se ve limitado ajeno a sí mismo, también encuentra desasosiego, desesperanza y desesperanza. Pierde el amor, al tiempo que pierde su movilidad y apertura.

Las distracciones juzgo que en ocasiones se convierten en enemigas. Sobre esto hay mucha literatura. Pero en otras, mostrando que son relativas y necesitan orden, pueden ser utilizadas para el mayor de los bienes y deseos del ser humano, que es conducirse a sí mismo y seguir gobernando la nave de su vida. No cualquier distracción la considero adecuada.

  1. Como medio, personalmente creo que debemos ser muy inteligentes en su selección y que no debemos tomarlo ni de cualquier modo ni desprovistos de ética.
  2. Una buena distracción debe devolverte a la realidad mejor de como fuiste a ella. Siempre sabiendo, por otro lado, que en las distracciones se puede encontrar igualmente lo fundamental de la existencia. Sin hacer de ellas, un juego de niños, una tarea de huida de la propia humanidad, ni la excusa para alejarse de lo que verdaderamente somos.
  3. Una buena distracción buena debería igualmente abrir la libertad y desconectarme de lo común y cotidiano, sin que por ello lo tomemos como algo excéntrico, en el peor sentido de la palabra. Quienes caminan así por el mundo no se recrean en las escapadas de la vida, sino que la quiebran, tensan y descomponen.
  4. En las distracciones encontraremos sentimientos, ideas y creencias, realidades también profundas de la existencia, que debemos tener en cuenta que no pueden suponer un combate contra la opción fundamental que hayamos tomado.
  5. Una buena distracción ofrece descanso, reposo y soseigo. En ocasiones, para verse mejor, despejarse y nutrirse. Son excelentes estas distracciones. Y no otras. Aquellas que nos componen de nuevo y renuevan nuestras fuerzas.

Pero esto son nada más que opiniones. Lo mejor es que las estoy viviendo. Y soy agradecido con las personas que las hacen posible. No lo entiendo como un hobby aislado, sino como algo connatural y propio de mi existencia. Y ojalá todos pudieran disfrutar de ellas.

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