Más allá de las clases


Existe ese más allá, porque las clases terminan. Hoy he tenido seis horas, seguidas una detrás de otra. Un día de esos en los que alumnos y profesores deberían hacer una fiesta ante su final. Porque existe vida más allá. Sin embargo, he tenido una sorpresa agradable que me ha hecho pensar; de eso que los profesores entendemos que ocurre de vez en cuando, pocas veces, no muchas. Un grupo de alumnos se ha quedado para seguir hablando del tema que nos ocupaba. Es entonces cuando yo he pensado que en verdad existe algo más que las clases.

  1. Momentos en los que los profesores no dejan de ser profesores, y los alumnos no dejan de ser alumnos, y se tratan como personas, dialogan como tales, hablan como tales, se esfuerza en entender la vida como tales. Personas, ambos, que están deseosos de aprender en medio de sus inquietudes y a través de sus interrogantes. Esos momentos existen.
  2. Encuentros donde las materias cobran luz nueva. Porque de verdad que hemos continuado con lo mismo. Más de lo mismo. De hecho, no se han quedado todos. La mayoría se ha ido porque no les interesaba, supongo, o porque tenían otras cosas mejores que hacer, o ya andaban cansados. Pero se ha revelado cómo lo que dentro de las horas lectivas se explica no son sin más apuntes, sino algo a lo que se pueden conectar.
  3. Los ejemplos son los verdaderos conductores, la experiencia de cada uno, las motivaciones que les llevan y las rémoras que les atrapan. Hoy he comprobado cómo los procesos de generalización y particularización, hacia toda la vida y en su propia vida, dejan de ser escritos entre paréntesis para facilitar la comprensión y se proponen como el verdadero problema para hacer una afirmación u otra.
  4. Se escucha diferente cuando no hay presiones, ni las grandes lecciones se enmarcan entre los sonidos de la campana de final. Porque siempre son campanas de final las que suenan en los pasillos, no campanas de inicio. Si fueran campanas de inicio lo viviríamos de otro modo. Pero no, cuando no hay campanas de final el tiempo es diferente.
  5. Educamos, en definitiva, para este más allá. Queremos ver este más allá donde los alumnos viven, no donde hacen las tareas, sino en el que viven lo aprendido y de lo aprendido, donde el conocimiento invita al entusiasmo, canta la libertad, grita la justicia, proclama posibilidades. Los maestros, todos, los buenos e incluso los malos creen que lo suyo no es estar encerrado, y se vuelven débiles cuando eligen esa reducción. La educación en las aulas tiene incidencia real fuera de las mismas. Lo estamos viendo a diario, y hay que volver a pensar en ello. No tratamos de crear ciudadanos buenos, ni trabajadores cualificados. Si la educación fuera esto se negaría a sí misma. Educar es conducir al hombre para algo más que otras aulas.
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