2+2=5


No se puede comulgar con ruedas de molino.

Hoy me he alegrado mucho al ver que un padre ha puesto a prueba a su hijo. Le intentaba convencer a la salida del colegio de esta fórmula matemática. Y el niño no se lo ha tragado, ha dado la cara y ha presentado batalla. Porque si no es así, no es así, y punto. Y el pequeño, aguerrido y armado con tus propias manos, le ha enseñado al padre los cuatro dedos que le daban como resultado final. Las cuentas estaban claras. Allí no salían cinco por ningún lado.

El ejemplo me ha parecido luminoso. El niño defendía lo que sabía. Si no supiera, y estuviera convencido de ello, pisando con pies firmes, su padre le habría engañado. Porque es más fácil confiar en la autoridad y en quien te da de comer, que en otras fuentes de conocimiento. El niño, además, hablaba con criterio, buscaba estrategias para sacar a su padre del error. Se tomaba en serio aquello que él podía hacer por otro. Algo que, dicho sea de paso, ya sabemos que es tremendamente difícil en la vida ordinaria. También es cierto que el niño no dudó ni un solo instante, lo cual me parece sorprendente. Estaba grabado a fuego en él que aquello era así. Y en este momento se me hizo un nudo en el estómago. Porque pienso que otros saberes de la vida no son tan ciertos como las matemáticas, y no pueden, de hecho, ser ni la mitad de contundentes gracias a Dios, porque hay verdades que no se adelantan en los libros, sino que se realizarán o no dependiendo de las personas y su libertad. Y entonces me quedé desconcertado, porque enseñar a un niño a defender lo que piensa no significa que no sea capaz de hablar, de dialogar, de mostrar con más sencillez incluso lo más básico, o de abrirse al diálogo.

Me alegró que aquel niño nunca hubiera existido, porque nunca vi la imagen que he descrito. Me preocupó a su vez que probablemente se repita entre jóvenes y adultos en tantas ocasiones, en las que unos y otros se dicen lo que saben como si fueran verdades incuestionables y mostrándose a sí mismos incapacitados para hablar con un poco más de seriedad de las cosas que verdaderamente importan. Me inquietó que la dinámica en la que entre la sociedad con motivo de la crisis sea la de intentar educar a los otros en lugar de una pregunta mucho más próxima a los hombres, como por ejemplo… y eso, ¿por qué lo dices?

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